¿Quién manda en Lledoners? La “cárcel” de lujo de los golpistas


Las indagaciones del Tribunal Supremo en torno a la salida del preso Josep Rull en la víspera de Reyes han desatado las alarmas en el independentismo, que vislumbra una campaña preparatoria para que los independentistas presos no regresen a cárceles catalanas tras el juicio por el golpe de Estado en Cataluña.

La consigna en la consejería de Justicia, de quien dependen las prisiones en Cataluña, es de máxima discreción. La titular del departamento, Ester Capella (ERC), niega cualquier trato de favor a los golpistas presos al tiempo que apelan a la prudencia de los propios independentistas para no dar más detalles sobre el carrusel de visitas, las agendas “públicas” de los encarcelados, que personalidades reciben el título de “autoridades” para entrar y salir a su antojo del centro penitenciario, el módulo dedicado a las cumbres y los horarios especiales para los políticos presos.

En plena polémica por las extrañas circunstancias de la salida de la cárcel de Rull para estar con uno de sus hijos en el hospital tras un accidente del menor durante una visita en la prisión, el grupo parlamentario de Junts per Catalunya (JxCat) tiene previsto celebrar este lunes una reunión sin precedentes en la propia cárcel.

Convención sin precedentes
La prisión de Lledoners ha sido el escenario de encuentros políticos de alto nivel, como el mantenido por Pablo Iglesias y tres acompañantes de Podemos con Oriol Junqueras, pero no hay constancia de ninguno tan multitudinario como el que se propone JxCat, cuyo grupo está compuesto por 34 diputados. Descontados Puigdemont y Torra, de viaje en los Estados Unidos, el encuentro congregará a más de treinta personas y se incluye en él al exconsejero de Interior, Joaquim Forn, que renunció al acta de diputado pero ahora aspira a la alcaldía de Barcelona, para abordar un posible tándem con Elsa Artadi que provocaría de rebote una remodelación del gobierno regional.

El reglamento penitenciario no prevé la contingencia de una visita de grupo de esas características ni mucho menos que se pueda celebrar una reunión de carácter parlamentario, pero la flexibilidad demostrada hasta el momento por la dirección de la cárcel permite aventurar que no habrá impedimentos. La directora de la prisión, Paula Montero, cumple instrucciones de la consejería y recibe innumerables presiones. Se llegó a calificar de “torturadora” porque durante unos días Jordi Sànchez, el preso que inició la “huelga de hambre” tuvo que personarse en el comedor durante las comidas, tal como prescribe el reglamento.

Por lo demás, Lledoners no es precisamente una cárcel normal. Su programación de actividades culturales y deportivas se ha incrementado con la presencia de tan ilustres presos y visitantes. Actores, cantantes, escritores, periodistas, curas y líderes sociales del proceso separatista realizan continuas peregrinaciones a la cárcel, Junqueras recibe en el área de psiquiatría y los exconsejeros presos, así como los Jordis, también despachan con regularidad con sustitutos y asesores.

El régimen interno de la cárcel está condicionado por las exigencias de los partidos y las organizaciones separatistas, por las necesidades “políticas” de los presos con proyección electoral y por el hecho de que los cargos de confianza de prisiones de la Generalidad son subordinados políticos de los encarcelados. Si el independentismo más hiperventilado clama por aprovechar que las llaves de la cárcel son suyas, los sectores más pragmáticos abogan por no pasarse de frenada dando publicidad a privilegios tales como celebrar convenciones de partido intramuros. Los centros de poder en Cataluña se han desplazado de la plaza San Jaime y el Parlament a Lledoners y Waterloo, donde también este lunes gira visita la cúpula del PDeCAT para recibir instrucciones de Puigdemont.

El “photocall”
La alcaldesa de Barcelona, una de las últimas en pasar por el “photocall” de las puertas de la cárcel ha propuesto celebrar un debate electoral con Forn. Prevé que en mayo ya habrá acabado el juicio y que el exconsejero de Interior habrá sido devuelto a Lledoners, una prisión en la que a las irregularidades internas se suma el festival montado alrededor.

Acampadas de caravanas, conciertos del Orfeón Catalán, actuaciones de grupos de rock, folk y orquestas populares, comidas y cenas de fiambrera, conexiones por teléfono con Puigdemont y Toni Comín, campeonatos de voleibol y mítines copan los fines de semana en la explanada de la cárcel. E programa de actividades se ha intensificado a raíz de la inminencia del traslado a Madrid de los encausados. Los abogados de los golpistas confían en que el regreso a Madrid para el juicio en el Tribunal Supremo acalle las polémicas sobre el trato de favor que reciben sus patrocinados en Lledoners.

Fuente: https://www.libertaddigital.com/

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