“LA MENTIRA DE LA DEMOCRACIA” por Lo Rondinaire


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El origen de la palabra ‘democracia’ se sitúa en la antigua Grecia, y contiene los vocablos ‘demos’, que significa ‘pueblo’, y ‘kratos’, que significa ‘gobierno’; es decir, la democracia sería el ‘gobierno del pueblo’.

Entre las masas occidentales pocas personas se cuestionan realmente la legitimidad o siquiera la funcionalidad de la democracia, sobre todo porque consideran que la única alternativa sería la dictadura. A su vez, los políticos, medios de comunicación e intelectuales nos bombardean constantemente con la dichosa democracia, presentándola como sinónimo de libertad.

Sin embargo, profundizando un poco, veremos que la libertad que nos venden no es tal o no es para todos, veremos cómo tratan de imponernos la ideología dominante y cómo los supuestos defensores de la libertad no son más que unos tiranos que han comprendido que la mejor manera de esclavizar a alguien es hacerle creer que es libre, por lo que utilizan medios mucho más sutiles y mucho más efectivos que un poder que se impone por la fuerza o por la amenaza de ejercerla.

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1 – ¿QUIÉN EJERCE EL PODER REALMENTE?

Los españoles, salvo algún rara avis que viva aislado del mundo, sabemos quién es el presidente del gobierno y quién es el rey, figuras a las que asociamos, de forma lógica, con el poder y la toma de decisiones. Cada equis tiempo, los ciudadanos van a votar y eligen al alcalde, presidente autonómico o del gobierno, y se celebran también elecciones al Parlamento Europeo, que son con toda seguridad las de menor participación; lo son porque la ciudadanía percibe las instituciones de la Unión Europea como algo lejano, y con razón. Difícilmente algún ciudadano será capaz de nombrar a bote pronto a cuatro cinco eurodiputados, y sólo algunos conocerán a los principales líderes europeos. El desconocimiento es tal que, probablemente, no sepa usted que el parlamento europeo es poco más que un decorado, pues las decisiones se toman realmente en la Comisión Europea, cuyos miembros no son electos. La Comisión Europea propone nuevas leyes al Parlamento Europeo y al Consejo Europeo, maneja el dinero, vigila el cumplimiento de las leyes y representa internacionalmente a la Unión Europea.

Ahora viene lo bueno. Todo este aparato burocrático que escapa al conocimiento del europeo medio, y que en teoría debería estar al servicio del ciudadano, está realmente bajo la influencia de los personajes y empresas más poderosos del planeta. ¿Sabía usted que, en Bruselas, capital política de la UE, hay entre 20.000 y 30.000 lobistas que se dedican a reunirse con políticos de alto nivel para favorecer sus intereses? Banca, sector financiero, tecnológico, minero, automovilístico… todas las grandes corporaciones pagan grandes cantidades dinero a lobistas para que defiendan sus intereses, es decir, en la práctica para que la Unión Europea favorezca sus negocios. Lo vamos a decir más claramente: Presionan para que se legisle a su favor. Aunque desde hace un tiempo existe un registro de lobbies de la Unión Europea, en realidad no es obligatorio inscribirse y por tanto no hay manera de saber exactamente el número de ellos, cuando, con quien y, sobre todo, con qué objeto se reúnen.

Lo mismo sucede en las distintas naciones supuestamente democráticas, España incluida, claro. Una de las primeras reuniones que mantuvo el actual presidente español, Pedro Sánchez, fue con el magnate judío George Soros, un capitalista forrado de millones que dedica buena parte de su fortuna a fomentar la inmigración africana hacia Europa mediante ONG’s (Open Society y otras) y difundir todo el ramillete de ideologías que pretenden corroer y disolver la civilización cristiana. El gobierno español no informó sobre esta reunión y ni mucho menos dijo una sola palabra sobre qué trataron este asaltapatrias de Soros y el supuesto socialista Pedro Sánchez, presidente al que, por cierto, nadie ha votado y que se sustenta en el gobierno con el apoyo de todo el espectro parlamentario separatista y de la extrema izquierda. No, no va a convocar elecciones, claro.

¿Ha oído usted hablar del Club Bildelberg? ¿De la Comisión Trilateral, el Council of Foreign Relations? ¿Le suena el Instituto Tavistock? ¿Club de Roma, Skull and Bones? Si no es usted un poco conspiranoico, posiblemente no le suene ninguna de ellas, o tal vez el Club Bildelberg, probablemente la más famosas de estas organizaciones «discretas» donde personas muy poderosas toman decisiones que le afectarán a usted. Estas organizaciones globalistas sí que le sonarán: La ONU, la OTAN, el FMI, el Banco Mundial… ¿Ha elegido usted, trabajador anónimo, a estas personas? No. ¿Ha elegido usted a los dueños de las grandes corporaciones bancarias? No. ¿A los dueños o consejos de administración de las grandes empresas tecnológicas, farmacéuticas, automovilísticas, etc? No. Pues que sepa que una pequeña élite es la que decide las líneas maestras que luego aplicarán los gobiernos. Son los capitostes de lo que se conoce como Nuevo Orden Mundial, y que usted probablemente conozca con el nombre de globalización, el proyecto mundialista que nos lleva hacia un mundo sincrético, esto es: Un estado mundial, una clase mayoritaria trabajadora mansa, , un mercado, una pseudo religión, un hombre standard (sin diferencias sustanciales entre un español y un estadounidense, por ejemplo, sólo diferencias superficiales) y, claro, una élite dirigente que mueve de verdad los hilos.

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2 – EL CONTROL GUBERNAMENTAL

Párese un momento a pensar en una cosa tan simple como sus rutinas diarias y verá cómo, sin darse cuenta, proporciona a gobiernos y compañías privadas información sobre sus hábitos, es decir, sobre usted, de manera constante. Viendo la televisión, usando su ordenador, su teléfono móvil, pagando con su tarjeta… Todo queda registrado, todo. El móvil es literalmente una baliza que permite conocer su ubicación incluso aunque deshabilite el GPS del aparato, pues las compañías siempre tendrán conocimiento potencialmente de donde se encuentra usted. Los medios técnicos actuales permiten, si así lo quiere un gobierno a través de sus servicios de espionaje o de los propios cuerpos policiales, monitorizar un terminal móvil sin que el usuario siquiera se dé cuenta. Lo diremos más claro: si quiere, la policía o un servicio de espionaje puede tener acceso a su registro de llamadas, mensajes, fotos… incluso a la cámara o al micro, posibilidad que permite en la práctica escuchar lo que se diga en un radio limitado alrededor del teléfono o ver lo que esté al alcance de la cámara. Suena a paranoia, es cierto, pero es técnicamente posible y existen aplicaciones que ejercen estas funciones.

Piense ahora en el uso que hace usted de sus redes sociales, cómo expone en ellas su vida privada, cómo define o da a conocer sus gustos y/o opiniones haciendo un “like” en una publicación, y lo peor de todo ¡es que lo hace sin que se lo pidan!

La información que usted proporciona, conscientemente o no, es tratada por compañías que, a su vez, las venden a otras compañías. ¿Por qué cree que Facebook, por ejemplo, es gratis? Porque vende información sobre usted. Por eso usted verá anuncios sobre cosas que inocentemente ha consultado en Google, por eso a usted se le presentarán anuncios o noticias con determinada orientación, porque sus hábitos y opiniones han sido estudiadas. Este estudio y análisis de datos masivos es lo que hoy se conoce con el vocablo inglés de Big Data. Comprenderá usted, lógicamente, que toda esta información puede acabar fácilmente en manos de los gobiernos, por mucho que digan las compañías que defienden la privacidad de los usuarios.

¿Y por que iba un gobierno a querer saber cosas de usted, especialmente cosas en apariencia inofensivas o sin importancia? Porque la información es poder, y los que tienen poder no quieren dejar de tenerlo. Porque no quieren que actúe usted libremente, sino como un borrego que no salga del redil. Porque quieren que compre cosas que no necesita. Quieren que se entretenga con cosas banales (deportes, música…) para que no preste atención a las cosas importantes. Porque no quieren que usted se cuestione nada ni tenga espíritu crítico y, sobre todo, no quieren que cuestione su poder y su estatus. Por motivos como estos los EE.UU., Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda crearon la mayor red de espionaje conocida hasta el día de hoy, la Red Echelon, que permitía (o permite) la interceptación de comunicaciones electrónicas (radio, satélite, teléfono, fax, correo electrónico) a gran escala, análisis de la información recabada y uso político, diplomático, militar, policial o comercial de la misma. No, no es broma. La existencia de la Red Echelon es conocida desde 1976. Imaginen, con lo que han evolucionado los medios técnicos desde entonces, qué no podrán hacer ahora las compañías tecnológicas y los gobiernos, cuando no ambos de la mano.

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3 – NO PIENSE: LO HAREMOS POR USTED

No deja de ser curiosa la paradoja con que nos obsequia el mundo moderno: en la llamada «sociedad de la información», en la era de internet, resulta que es cuando resulta más fácil crear eso que llaman «opinión pública».

Bien, aquí vamos a negar la mayor: La opinión pública no existe, en tanto que el pueblo no es homogéneo, no es uno ni razona como tal. Lo que existe, en todo caso, será una opinión mayoritaria. Y doblamos la apuesta negando otra mayor aún: La opinión mayoritaria tampoco existe, pues el grueso de la gente lo que defiende, en general, es opinión inducida por los medios de masas. Ojo, esto debe puntualizarse: nos referimos a lo que la gente defiende públicamente. El matiz es muy importante, pues cuando no existen cortapisas, en privado mucha gente se expresa sin tanto pudor.

Nos encontramos, aquí, con la dictadura de la corrección política. Existe un miedo generalizado a opinar en contra de lo aceptado socialmente por la mayoría como bueno o deseable, especialmente en temas sensibles como el racismo, la inmigración o la homosexualidad. Luego están, claro, los fieles a la causa globalista/políticamente correcta que, curiosamente, son los que más se llenan la boca de la palabra ‘libertad’ pero no tienen el menor reparo en cercenar la de los demás cuando se les lleva la contraria, y los que creen que son alternativos al Sistema defendiendo, qué cosas, justo las cosas que culturalmente quiere imponer el Sistema (aborto, homosexualismo/ideología de género, multiculturalismo, baja natalidad, laicismo, negación del concepto de familia como base social, consumismo). Están también, y estos son los más abundantes, los que no tienen el menor espíritu crítico y por tanto no se cuestionan nada, aceptando sin más como válidas las premisas que le son inducidas por las lavadoras del Sistema: radio, prensa, televisión, internet, música, “arte”…

No es que haya que ser demasiado observador para darse cuenta de hasta qué punto nos quieren imponer determinadas cosas pero, más que nada para las personas más confiadas o inocentes, vamos a proponer un ejercicio: cuando se acerque el llamado día del orgullo gay, fíjese en el bombardeo al que será sometido: la bandera del arcoíris, símbolo de la homosexualidad o, si lo prefieren, del homosexualismo (como fenómeno ideológico), omnipresente en televisión, redes sociales, transporte público (sí, tal cual, como por ejemplo en el tranvía de Barcelona), ayuntamientos, radio, prensa… La campaña es brutal. Piense, por un momento, el porcentaje de la población que es homosexual y si una campaña puntualmente de tal calado y de menor intensidad, pero constante, es normal y está a su alcance, o simplemente hay un interés por parte de ciertas élites en la promoción de la homosexualidad, presentada a los ojos de la gente de un modo más asumible como es acabar con la discriminación, un fin evidentemente noble. El lobby homosexual es, sin duda, uno de los más poderosos en occidente hoy en día, y ya no le vale con acabar con la discriminación, sino que además deben presentar el hecho de ser homosexual como algo bueno en sí mismo y deseable, mostrando intolerancia e incluso ira contra quien se atreva a discrepar, presentando a los contrarios a esta idea como fascistas retrógrados.

Bien, pues esto que pasa con la homosexualidad pasa con más cosas:  inmigración, natalidad, consumo, familia, aborto, ecología… El fin último es laminar y acabar con la civilización cristiana.

El Sistema no quiere que usted piense y tenga un criterio basado en información, reflexión y razonamiento. Lo que el Sistema quiere es pensar por usted, y por eso implanta desde la escuela hasta los medios de masas los contenidos adoctrinadores de los que se empapará usted, creyendo, además, que es una persona libre.

4 – EL PAPEL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

En democracia, la división de poderes consta de: poder legislativo, ejecutivo y judicial. A los medios de comunicación se les ha llamado muchas veces ‘el cuarto poder’, dada la influencia que ejercen sobre la vida política, económica y social. La pregunta que debemos hacernos es: ¿Sirven los medios para dar información veraz a las personas para que puedan formarse una opinión o sirven a los intereses de los poderosos? En otras palabras, ¿son los medios independientes? La respuesta a ambas preguntas es no, salvo muy escasas y honrosas excepciones.

Primero, deben ustedes saber que los medios de comunicación son una herramienta de control social pensada para que usted, lector, oidor o espectador, piense y actúe de una determinada manera. Su espíritu crítico o la ausencia de él hará que sea capaz o no de ser un esclavo intelectual del sistema. Otro de los fines de los medios de comunicación es orientar en un determinado sentido eso que llaman opinión pública. Así, el hombre masa votará a un determinado candidato político en función del medio que consuma, por ejemplo, o acabará aceptando una actuación política o militar que, sin el lavado de cerebro mediático previo, nunca hubiera visto con buenos ojos.

Por ejemplo, en el siglo XIX, aunque muchos de ustedes no lo sepan, Estados Unidos declaró la guerra a España. En 1898, un acorazado norteamericano, el Maine, fondeó en la bahía de La Habana. Por aquel entonces Cuba era aún parte de España. Se produjo una explosión en el barco que provocó la muerte de 266 marinos y heridas a 69. Desde el primer día, sin prueba alguna, los medios estadounidenses culparon a España de la explosión y atizaron el odio contra nuestro país. Uno de los principales promotores de esta campaña fue William Randolph Hearst, propietario de numerosos periódicos, en los que se difundía información falsa e incluso se ofrecían recompensas económicas a quien diera información útil para encontrar a los supuestos autores. Finalmente, EEUU, una potencia emergente, y España, una decadente, entraron en guerra. España acabó perdiendo Cuba, Filipinas y Puerto Rico. ¿La verdad? Los propios estadounidenses volaron el Maine para justificar la guerra y adueñarse de Cuba, Filipinas y Puerto Rico, y lo hicieron con la cobertura de los medios de comunicación. Se podrían poner muchos más ejemplos, pero para no extendernos demasiado citaremos un caso paradigmático de cómo emplear la propaganda en el siglo XX, como fue el caso de la Alemania nazi y su ministro de propaganda, Joseph Goebbels, y, por poner un ejemplo actual, el «procés» secesionista en Cataluña, donde la Generalitat ha tejido toda una red de diarios y digitales subvencionados que, por supuesto, no morderán la mano que les da de comer y, aún peor, utiliza los medios públicos de forma descarada para fomentar una determinada opción política ignorando así a los catalanes contrarios a la secesión, a los que se ha identificado en numerosas ocasiones como fascistas, ignorantes o chabacanos en programas, tertulias o series de televisión.

En segundo lugar, muchos medios de comunicación que, en apariencia, pueden defender opiniones contrapuestas, en realidad pertenecen a los mismos dueños; por ejemplo, Antena 3 y La Sexta, cada una de ellas destinada a un público concreto y diferente pero pertenecientes al mismo grupo, Atresmedia. A nivel internacional esto es una constante, y unas pocas corporaciones son dueñas de una multitud de medios, incluidos los más importantes a nivel mundial: Curiosamente (o no) casi todos los conglomerados mediáticos gigantes del mundo (Disney, Time Warner Inc., 21st Century Fox, Viacom y CBS) pertenecen, directa o indirectamente, a familias de banqueros judíos como los Rothschild o JP Morgan, aunque entre los magnates de la comunicación se encuentra un no judío, Rupert Murdoch. En España, los medios cuentan como accionistas con bancos o con banqueros como miembros de los consejos de administración. Por ejemplo, PRISA, uno de los más importantes, es en parte propiedad de los bancos BNP Paribas, Bank of America o del Deutsche Bank; la familia Lara, del Grupo Planeta o Atresmedia, posee un 12% del Banco Sabadell y, por ejemplo, el conde de Godó (La Vanguardia, entre otros) es miembro del Comité Ejecutivo de CaixaBank y patrono de su fundación.

Esta es la realidad. Los medios de comunicación están controlados, fundamentalmente, por banqueros, que además en algunos casos son judíos. A partir de aquí, juzgue usted mismo. Es más, lea, vea y escuche diferentes medios, compare, y verá que, en muchas cosas, coinciden, difunden las mismas consignas e incluso utilizan las mismas palabras. La última, por poner un ejemplo, ‘migrantes’; es decir, ya no hay emigrantes o inmigrantes, sino que de la noche a la mañana todos los medios utilizan ese otro término. Verá que todos difunden el homosexualismo, eso que ahora llaman LGTBnoséqué, sin apenas voces disidentes. Verá que utilizan las mismas imágenes, que difunden los mismos vídeos absurdos que ahora llaman ‘virales’ y que sí, a veces son utilizados incluso sin saberlo. Si fuera observador incluso llegaría a ver que los medios fabrican noticias. Al respecto, no deje de ver la película ‘La cortina de humo’ (Barry Levinson, 1997), en la que se “fabrica” una guerra falsa precisamente para desviar la atención de la prensa sobre un feo asunto personal que afecta al presidente de EEUU. Véala y asuma que la realidad supera a la ficción.

No, no deje de leer la prensa, digitales, ver las noticias o escuchar la radio, pero hágalo siempre con espíritu crítico. Cuestiónese la veracidad de lo que le dicen, quién se puede beneficiar de esa información, búsquele el sentido y la relevancia a la noticia. Piense, no se trague sin más las consignas y manipulaciones de los medios.

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5 – HISTORIA: IMPOSICIÓN DE UNA VISIÓN IDEOLÓGICA Y PARTIDISTA

El uso de la historia con fines políticos no es nada nuevo, evidentemente. Resulta curioso, eso sí, que en las supuestas democracias que tanto presumen de libertad existan ciertos tabús y se prohíba el debate académico sobre ciertos temas, cuando no directamente se intenta reescribir la historia e imponer una visión ideologizada desde el poder político, en lugar de fomentar el estudio histórico riguroso y veraz y su divulgación entre la ciudadanía.

Nos explicamos. En muchos países occidentales está tipificada penalmente la «negación del holocausto»: Alemania, Francia, Bélgica, República Checa, Holanda… y España, claro.

Desde la propia lógica de la democracia, esto es insostenible. Porque, si bien es entendible y está justificado, a nuestro entender, que se persiga la promoción de la aniquilación de un determinado grupo social o étnico, otra cosa es que se prohíba la discusión argumentada sobre unos hechos históricos, cuestión que, en cualquier caso, debería ser objeto de estudio académico y controversia para los historiadores. Es decir, lo que se está haciendo con esto es imponer por ley una versión determinada sobre algo negando la opción de disentir, es decir, cercenar la libertad de expresión que tanto dicen defender las supuestas democracias. Paradójico y cuanto menos curioso resulta también que existan tantos países con una legislación concreta sobre este asunto y no en relación con otras barbaridades cometidas contra otros grupos sociales o étnicos contemporáneos. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

En España, además de esto, tenemos la llamada Ley de Memoria Histórica, que no es más una ley sectaria que pretende reescribir la historia sobre la II República y la Guerra Civil, presentando a los republicanos como unos pobres demócratas inocentes víctimas de la intolerancia fascista. No es el objeto de este artículo entrar en el debate histórico; apuntaremos tan sólo que cualquiera que haya estudiado la cuestión sabrá que esta visión idealizada y simplista no se corresponde con la realidad. Es más, el simple sentido común apunta a que las cosas no son prácticamente nunca tan sencillas. Lo que sí vamos a denunciar aquí es la hipocresía de los supuestos demócratas, empeñados en demostrar con sus actos que uno no puede defender libremente ni ciertas ideas ni ciertas versiones sobre determinados hechos históricos. Con el fin de acomodar los acontecimientos históricos a sus opiniones políticas y, por qué no decirlo, a distraer al personal de cosas que le afectan hoy en día de modo más directo, los gobiernos primero de Zapatero y ahora de Pedro Sánchez, que pretende reformar la ley, se empeñan en imponer en el imaginario colectivo una versión sesgada y simplista de la historia acorde a sus puntos de vista y alejada de la realidad.

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6 – AUTOCENSURA Y COERCIÓN DEL DISIDENTE

Una de las ventajas de nuestro tiempo para cualquier sistema político es que se cuenta con unos medios técnicos que hacen posible lanzar las consignas o ideas se desean difundir de forma masiva. El consumo generalizado de medios y entretenimiento permite, además, hacerlo de una forma sutil (por ejemplo, mediante la música, cine o series de televisión), con lo que el receptor no va a estar normalmente a la defensiva y es mucho más susceptible de ser permeable al mensaje.

Lo que se ha establecido hoy en día es una verdadera dictadura de la corrección política que ha logrado dos cosas:

  • Establecer tabús y dogmas sobre los que no se admite discusión. Cuestionar estos dogmas o tabús lleva al señalamiento (incluso linchamiento, a veces) social y al acoso. Los políticamente correctos señalarán al díscolo de tal manera que le harán sentirse un apestado, intentarán acallarle e incluso que pierda su puesto de trabajo.
  • El miedo a ese rechazo social lleva, en muchísimas ocasiones, a la autocensura. Ya no es necesario que le censure el estado: existe un miedo generalizado a ser tildado de fascista, racista, machista y algunos otros «istas» que lleva a callarse ciertas opiniones que no tienen por qué ser perniciosas en sí mismas, sino simplemente políticamente incorrectas.

Pobre de usted que ose criticar o cuestionar la homosexualidad o el homosexualismo, el islam, la inmigración, a los judíos/estado de Israel, la democracia, el mal llamado «progresismo», el aborto… Pobre de usted que se atreva a defender la tauromaquia, la caza, el cristianismo, la familia, a Franco… Si lo hace, ya se puede preparar para cargar con una pesada losa en forma de señalamiento y rechazo social, como si triturar embriones y utilizarlos para hacer productos cosméticos fuera algo moralmente aceptable. Así son los políticamente correctos, los supuestos defensores de la libertad.

En artículos anteriores hemos puesto numerosos ejemplos de cómo estos teóricamente tolerantes se dedican a laminar el derecho a expresarse libremente de aquellos que piensan diferente (también a veces de otros supuestos demócratas, ¡como ellos!), ya sea presentaciones de libros, actos políticos o conferencias. Los ejemplos son muy numerosos, cada vez, pero como ya hemos puesto muchos en otros artículos y no está en nuestro ánimo ser reiterativos, no los expondremos de nuevo. Quien quiera, puede consultar ejemplos al respecto aquí, aquí y aquí.

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7 – CONCLUSIÓN: UNA FALSA LIBERTAD

Si se hiciera una encuesta, digamos, a 5.000 personas al azar preguntando si son personas libres, la abrumadora mayoría respondería que sí; que efectivamente, hoy, en occidente, disfrutamos de libertad. Alguno que otro le diría que los únicos que tienen libertad son los que tienen dinero, los reyes, los políticos… Pero vamos, en general, la opinión generalizada sería que sí, que vivimos en una sociedad libre.

Y efectivamente, es usted relativamente libre. Por ejemplo, es usted libre de comprar; será constantemente bombardeado con anuncios de cosas inútiles, que no necesita o que no harán su vida ni mejor ni más fácil. Le serán creadas unas necesidades de forma artificial, comprará cacharros que fabrican aposta para que duren menos de lo que podrían, cosas que acabarán en un cajón de forma irremediable y que, incluso, puede que no llegue a utilizar nunca. Un observador avispado le diría que esto está pensado para esclavizarle, pero usted, como no le ponen una pistola en la cabeza para ir al centro comercial, cree que lo hace libremente.

Es usted libre para practicar sexo. Más o menos, vaya, porque a este paso habrá que firmar un contrato para poder tocar una teta. En fin, en este mundo hipócrita de hoy hemos llegado al punto de fomentar una sociedad hiper sexualizada y luego escandalizarnos por un piropo. Hace falta ser corto de miras.

Es usted libre de no tener hijos, ¡esa carga que le impide comprar un buen coche o irse de vacaciones a Tailandia! La plutocracia capitalista anticristiana le bombardea de forma subliminal, y a veces no tanto, con publicidad y mensajes encaminados a que o bien no tenga hijos o bien tenga pocos, mientras luego se dedican a fomentar la inmigración masiva hacia Europa alegando, qué cosas, la baja natalidad occidental. Nadie, nadie puede obligarle a tener hijos, evidentemente. Ahora bien, cualquiera que haya sido padre o madre y no sea un desalmado, sabrá que no hay nada en esta vida como la paternidad o la maternidad. Sin embargo, el falso progresismo ha hecho penetrar la idea de que tener hijos es una carga. Ciertamente, tener hijos le cambia a uno la vida y puede que sí, que quizá deba prescindir de sus lujosas vacaciones que llenaban sus redes sociales de fotos para alimentar su ego, o que quizá se deba conformar con un coche más barato o un móvil con una cámara de más baja resolución, pero quien entienda eso como una carga es que sinceramente no está en sus cabales o es una persona de un egoísmo atroz, incapaz de ver más allá de su ombligo y de hacer otra cosa que satisfacer sus apetitos, e incapaz de apreciar la grandeza que hay en alumbrar una nueva vida y la alegría de ver cómo crece poco a poco o cómo da sus primeros pasos. ¿Qué futuro le espera a un pueblo o a una civilización que prefiere tener una tele de plasma a tener hijos? Pues ninguno, claro está. Y lo peor de todo es que esta política antinatalista se promueve desde las altas instancias de poder. La plutocracia capitalista está fomentando la sustitución étnica en Europa. Lo podemos decir más alto, pero no más claro.

Es usted libre de celebrar Halloween, de exponer su vida en las redes sociales, de ser fiel hasta el final a su equipo de fútbol mientras engaña a su marido o a su mujer, de consumir drogas, de escuchar reggaetón, de ver Gran Hermano… Es usted libre para todo y muchas otras cosas, incluso para pensar que escoge todo esto libremente. No, el Sistema no le induce a hacer las cosas que hace. No, que va. ¿De verdad sigue pensando que es usted libre y que vivimos en una democracia?

Lo Rondinaire

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