Siete mártires colombianos asesinados en la Cataluña de Companys


Ramón Ramírez Zuloaga (hermano Melquíades), de 27 años (había nacido en 1909 en Sonsón, Antioquía, Colombia), era profeso de la orden hospitalaria de los hermanos de San Juan de Dios (hospitalarios) de Ciempozuelos (Madrid) y fue asesinado con otros seis religiosos colombianos en Barcelona el 9 de agosto de 1936. Ese alevoso crimen dio lugar a la primera protesta colectiva del cuerpo diplomático acreditado ante el gobierno republicano, seguida después de la matanza del Tren de la Muerte ya por la comunicación de que las legaciones extranjeras admitirían a españoles como refugiados, que era tanto como certificar la muerte del Estado de derecho en la zona republicana (o al menos en Madrid). Hay biografía de estos religiosos en la web de EWTN.

Luis Arturo Ayala Niño (hermano Arturo), de 27 años y natural de Paipa (Boyacá, Colombia), era profeso de la orden hospitalaria de los hermanos de San Juan de Dios (hospitalarios) en Ciempozuelos (Madrid), fue asesinado en Barcelona el 9 de agosto de 1936 y beatificado en 1992. Desde 1997, tiene dedicada una parroquia en su localidad natal. Como sucede para el caso de Uruguay y Cuba, Ayala y sus seis compañeros mártires son a la vez los primeros beatos de su país. En el artículo del 13 de febrero está la historia resumida y foto de uno de ellos (el hermano Melquiades).

Los hospitalarios colombianos llevaban dos años en España cuando fueron detenidos el 7 de agosto por los revolucionarios en su asilo de Ciempozuelos. El embajador colombiano pidió al gobierno español que dejara salir a sus compatriotas, y les expidió sendos pasaportes y brazaletes tricolores para cada uno. El capellán de las clarisas de Madrid les pagó los billetes de tren para Barcelona, pero los milicianos marcaron los billetes de forma que los capturaran de camino o en la ciudad condal, donde fueron fusilados nada más llegar. Así lo relataría el cónsul colombiano en Barcelona:

“Este horrible suceso es el recuerdo más doloroso de mi vida. Aquellos siete religiosos no se dedicaban sino al servicio de caridad con los más necesitados. El día 7 de agosto me llamó el embajador de Madrid (Dr. Uribe Echeverrry) para comentarme que viajaban con un pasaporte suyo en un tren y para rogarme que fuera a la estación a recibirlos y que los tratara de la mejor manera posible. Yo ya tenía hasta 60 refugiados católicos en mi consulado, pero estaba resuelto a ayudarles todo lo mejor que fuera posible. Fui varias veces a la estación del tren pero nadie me daba razón de su llegada. Al fin un hombre me dijo: ¿Usted es el cónsul de Colombia? Pues en la cárcel hay siete paisanos suyos”.

En la cárcel dijeron al cónsul que “no podía verlos si no llevaba una recomendación de la FAI (Federación Anarquista Ibérica). Me fui a conseguirla, pero luego me dijeron que no los podían soltar porque llevaban pasaportes falsos. Les dije que el embajador colombiano en persona les había dado los pasaportes. Luego añadieron que no podían ponerlos en libertad porque la cédula de alguno de ellos estaba muy borrosa (excusas todas injustas y mentirosas, para poder ejecutar su crimen. La única causa para matarlos era que pertenecían a la religión católica). Cada vez me decían venga mañana. Al fin una mañana me dijeron: Fueron llevados al Hospital Clínico. Comprendí entonces que los habían asesinado. Fue el 9 de agosto de 1936.
Aterrado, lleno de cólera y de dolor exigí entonces que me llevaran a la morgue o depósito de cadáveres, para identificar a mis compatriotas sacrificados. En el sótano encontré más de 120 cadáveres, amontonados uno sobre el otro en el estado más impresionante que se pueda imaginar. Rostros trágicos. Manos crispadas. Vestidos deshechos. Era la macabra cosecha que los comunistas habían recogido ese día.
Me acerqué y con la ayuda de un empleado fui buscando a mis siete paisanos entre aquel montón de cadáveres. Es inimaginable lo horrible que es un oficio así. Pero con paciencia fui buscando papeles y documentos hasta que logré identificar a cada uno de los siete muertos. No puedo decir la impresión de pavor y de indignación que experimenté en presencia de este espectáculo. Los ojos estaban desorbitados. Los rostros sangrantes. Los cuerpos mutilados, desfigurados, impresionantes. Por un rato los contemplé en silencio y me puse a pensar hasta qué horrores de crueldad llega la fiera humana cuando pierde la fe y ataca a sus hermanos por el solo hecho de que aquellos pertenecen a la santa religión.

Redacté una carta de protesta y al envié a las autoridades civiles. Después el gobierno colombiano protestó también, pero tímidamente, por temor a disgustar aquel gobierno de extrema izquierda”. Entremedias hubo otra protesta, la del cuerpo diplomático acreditado en Madrid, según relataría su decano, el embajador de Chile, Aurelio Núñez Morgado, en su libro Los sucesos de España vistos por un diplomático (Buenos Aires, 1941, páginas 199-200), quien precisa además que el embajador identificó a los religiosos ante los milicianos supuestamente antes de partir el tren: “Después de albergarles en la Legación, el canciller les acompañó a la estación del ferrocarril para dirigirles a Barcelona. En el tren se presentaron algunos milicianos a indagar si había algún viajero para Barcelona procedente de Ciempozuelos, a lo que contestó afirmativamente el canciller, presentándoles a los siete hermanos de San José, que vestían de seglares.” Después de la aparición de los cadáveres, “las autoridades de Barcelona manifestaron al Cónsul General que no podían garantizar su vida y dicho funcionario hubo de salir precipitadamente”. En la primera reunión del cuerpo diplomático posterior a los hechos, el representante argentino propuso “solidarizarse con Colombia”. El Embajador chileno pidió “el acuerdo unánime para declarar la reprobación enérgica que les merece semejante crimen y así expresarlo al Gobierno. Por acuerdo unánime se aprueba la moción del decano en que se solidariza el Cuerpo Diplomático con el representante de Colombia y se envía una nota al Ministerio de Estado en tal sentido”.

Los nombres y edades de estos religiosos colombianos eran: Alfonso Antonio Ramírez Salazar (hermano Eugenio), de 22 años; Luis Modesto Páez Perdomo (hermano Gaspar), de 23; Juan José Velásquez Peláez (Juan Bautista), el hermano Arturo y Ramón Ramírez Zuloaga (Melquíades), de 27; Rubén López Aguilar, de 28; y Gabriel Maya Gutiérrez (hermano Esteban), de 29.

Fuente: La catedral de los mártires.

6 comments

  1. Respecto de Montserrat, tendrían que leer el libro “El 19 de juliol a Montserrat” del P. Narcis Freixa O.S.B. (testigo de los hechos)

  2. Así eran los socialistas y los comunistas asesinos que comenzaron la guerra civil.Pero Zapatero y Pedro Sánchez no creo que sean mejores.Estos días anda diciendo Alfonso Guerra, que siempre lo dice, que el socialismo y el nacionalismo son cosas distintas, él sabrá, pero lo que está diciendo además, es que ejército tiene como primera misión defenfer la Unidad de España y yo digo que el ejército debió de patrullar por Cataluña desde los atentados de Barcelona y Cambrill, elevando la alerta 4 a 5, como tienen en Francia, por esos separatistas del gobierno catalán no hicieron caso de las recomendaciones de los que sabían más que esa escoria de independentistas porque estaban preparando la enorme estructura de su maldita república y por Las Vascongadas cuando asesinaba y así poder el ejército a etarras.Vosotros sabéis lo que el ilustre Quevedo a partir de 1640, yo lo tengo copiado, y esto de los catalanes separatistas no viene del siglo XIX, los sucesivos gobiernos del Estado Español, no han sabido exterminar de esas tierras catalanas a los separatistas.Creo que José Ortega y Gasset se equivocó, al decir que eran indomables los catalanes separatistas, son domables con el ejército, jueces ,magistrados, Guardia Civil y Policía Nacional y con abogados que pongan querellas, igual que se fusiló a Companys se pudo fusilar a más odiadores de lo español.

    1. Que casualidad que lo que usted dice es lo mismo que dijo el monje de Montserrat Hilari Renger,a propósito del asesinato de una veintena de monjes en la guerra civil llevado a cabo por los milicianos de los alderredores.

      1. Sí vais a Montserrat, intentad leer el gran mural situado a la entrada al claustro por la izquierda. ( los muy hipócritas lo han puesto en latín y de color negro para que pase más desapercibida)

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