“Mihajlović” por Javier Barraycoa


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La gente con pretensiones tiende a identificarse con personajes reales o ficticios, creyendo así poder absorber sus extraordinarios y carismáticos poderes. Esto sirve tanto para los que adolescentes que se reflejan en sus héroes Marvel, como en los adoradores de tótems en religiones primitivas, incluso para los que aspiran a hacer carrera política. Esta especie de narcisismo inverso es muy eficaz. Los mediocres políticos se alimentan de la admiración de las masas y las mediocres masas de reflejan en la proyección sublimada que ellas mismas han creado. Vamos que todo es pura vanidad individual y colectiva.

Los que tenemos menos pretensiones, no se sabe por qué misteriosa ley psicológica tendemos a identificarnos y buscar referentes en hombres fracasados. De hecho, el que es católico acaba admirando y amando a uno que acabó en clavado en una Cruz. En el ámbito político, sucede algo parecido. Los que hemos nacido desgraciados y nunca llegaremos a ocupar ningún cargo político, ni falta que nos hace, nos atraen ciertos personajes olvidados por la historia, pero tremendamente fascinantes. Al menos eso me ocurre a mí. Más en concreto, uno de esos protagonistas del que me apetece escribir hoy es Draža Mihajlović. Me separa un mundo de diferencias culturales y religiosas, pero su dramática vida tiene algo que vaticina el destino de los que pretenden ser coherentes con sus principios.

Los mediocres políticos se alimentan de la admiración de las masas y las mediocres masas de reflejan en la proyección sublimada que ellas mismas han creado.

Mihajlović nació en 1893, en el Reino de Serbia (aún no existía la ya extinta Yugoslavia). Eligió como vocación la carrera de militar y demostró su valentía e integridad en la I Guerra Mundial. Nuestro personaje llegó a pertenecer al Estado Mayor del Ejército, pero su integridad -denunciando corruptelas- le grajeó muchos enemigos. Entre ellos el Ministro de Guerra Milan Nedić, quien a la postre, durante la II Guerra Mundial, se pasó a los alemanes y presidió el gobierno colaboracionista serbio. Todo lo contrario que Mihajlović que durante la guerra mantuvo su fidelidad a su Patria y sus creencias.

Ahí empezó su cruz. Fue testigo de la traición de sus jefes SEGUIR LEYENDO …

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