“La Europa islámica”, por Xavier Rius


De e-notícies.

Tengo un grupo de amigos que, en Semana Santa, decidieron pasar unos días en Italia. Pillaron un ferry en Barcelona y desembarcaron en Génova.

Lo primero que les sorprendió es que la mayoría del pasaje ponía los pies encima de la mesa o de la silla. Sin remordimientos de conciencia.

Luego que habían habilitado un bar como mezquita. Y en la televisión daban el telediario de Marruecos.

La piscina estaba cerrada. No sé si para evitar que se lavaran los pies. Y en el bar de cubierta había sólo hombres.

La comida del restaurante era halal. Por la noche hubo espectáculo: música árabe. Hasta en la publicidad, el capitán salía con rasgos árabes.

Algunos pasillos hacían olor a especias y a comida marroquí. Se inquietaron: ¿cocinaban en los camarotes con el riesgo para la seguridad del buque que ello comporta?

El barco hacía la ruta Tánger-Palermo. En fin, hay que ser conscientes de que el primer impacto de la inmigración se produce en la convivencia.

Los europeos no consideramos correcto poner los pies encima de la mesa -salvo que estés en casa- y menos sin calcetines. Visto lo visto, parece que en otros países sí.

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Al llegar tuvieron otra sopresa: estaban a punto de embarcar los nuevos pasajeros. Furgonetas cargadas hasta los topes. Aparentemente con sobrepeso.

En cualquier carretera europea les hubieran puesto una multa o inmovilizados. ¿Cómo habían podido llegar hasta allí? ¿Hicieron la vista gorda los Carabinieri?

Bueno, quizás los Mossos también lo hacen. Debe ser un problema parar a uno de estos vehículos: primero el idioma, luego que tenga todos los papeles en regla, que no haya exceso de ocupantes o de carga.

Y en verano, con el calor, todavía más. A ver quién es el valiente que inmoviliza una de estas furgonetas en plena autopista. Lo medios de comunicación, las ONGs o SOS Racismo se te pueden echar encima.

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En la travesía coincidieron sólo con otro grupo de catalanes. Unas señoras, en apariencia jubiladas, que ponían unos ojos como platos en cuanto se las cruzaban por los pasillos. Como preguntándose: ¿Qué futuro nos espera?

Seguramente tuvieron la sensación de sentirse en minoría. Es una sensación muy peligrosa. La gente suele votar por tres motivos: por miedo, por ilusión o por el bolsillo.

El voto a partidos identitarios, populistas o directamente de extrema derecha en Europa crece a medida que aumenta la inmigración. O la preocupación por la inmigración. Sólo hay que ver las recientes elecciones en Alemania, Italia, Austria o Hungría.

Ya son opciones electorales -o hasta alternativas de gobierno- en democracias consolidadas como Gran Bretaña, Francia, Holanda y Dinamarca. Incluso en países nórdicos como Suecia, Noruega o Finlandia, paradigma antaño de la sociedad del bienestar.

Los medios de comunicación tienden a pensar que todos los que les votan son ultras. Y no es verdad. Generalmente son clases medias o populares que se sienten huérfanas políticamente o amenazadas por los recién llegados. En Francia, quien visitaba las fábricas era Marine Le Pen, no Macron.

Mientras que la clase política, generalmente la más a la izquierda, tiende a recetar cordones sanitarias. Tampoco arreglan nada. Al contrario, los llamados cordones sanitarios tiene el efecto contrario: suelen reforzar al que está dentro. Incluso electoralmente.

Hay que tener en cuenta que la inmigación está cambiando la composición sociológica de muchas ciudades europeas. Mientras nuestros representantes, medios de comunicación, intelectuales y ONGs no sean conscientes del temor que ello produce en amplios segmentos de la población la ultraderecha seguirá subiendo.

Porque es inútil negar que hay una creciente islamización de algunos barrios y localidades. En diciembre del año pasado un informe del prestigioso Pew Research auguraba que la población musulmana podía triplicarse en Europa para el 2050.

No sólo por la inmigración también por la natalidad. En Martorell -población a unos 30 kilómetros de Barcelona en la que vivo- hay un espectáculo fascinante: casi toda las mujeres magrebíes van con cochecito de bebé. Algunas incluso con cochecito y dos o tres hijos más.

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En los últimos meses he estado, por trabajo, en otros municipios catalanes -e incluso del extranjero- y observé el mismo fenómeno. Desde Mollerussa (Lleida) a Perpiñán. Excepto en los países bálticos. Ahí no había. Pero creo que porque tampoco hay inmigración. O yo no la ví.

Quizá es aquel augurio atribuido a Gadafi en uno de sus últimos viajes oficiales, concretamente a Italia: “Alá garantizará la victoria islámica en Europa sin pistolas ni terroristas ni suicidas. No necesitamos terroristas, ni suicidas. Los más de 50 millones de musulmanes que hay en Europa lo convertirán en un continente musulmán en pocas décadas”.

O aquella frase de Boumedian, entonces presidente de Argelia, durante una asamblea de las Naciones Unidas en los años 70: “Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria”.

En fin, la pregunta es: ¿Se integarán?. Tengo mis dudas: el Islam es algo más que una religión. Los musulmanes tienen una identidad religiosa, cultural y social mucho más fuerte que el resto de europeos que no profesan esta religión. En Francia, por ejemplo, tienen un verdadero problema con las banlieues.

Y, sin generalizar, la mayoría de terroristas gihadistas que han perpetrado atentados en Europa son musulmanes de tercera generación -como el asesino de Toulouse- o perfectamente integrados como los de las Ramblas: nacidos en Ripoll, la cuna de Catalunya.

Además, para integrarse tiene que haber voluntad de integración, que es lo que mayoritariamente pasa en los Estados Unidos. En cambio, yo creo que algunos musulmanes no quieren integrarse. Nos ven como una sociedad pecadora y decadente.

Aquí, fumamos, bebemos e incluso -algunos- fornican fuera del matrimonio. Todo ello está prohibido por el Corán. ¡Hasta nos gusta la música!. No es casualidad el atentado del Bataclán: se daban conciertos.

Sin olvidar lo que decíamos antes: ¿Para qué integrarse si ya hay barrios de mayoría musulmana? En efecto, es inútil negar que se han creado guetos islámicos.

Recuerdo que hace años, en un distrito de Copenhague, vetaron los árboles de navidad. ¡En Copenhague, país de vikingos!.

Desde luego, nadie se atreve a hablar de “invasión” porque es un término muy fuerte, con consonanacias militares, e incluso despectivo.

Bueno, no todos, mi colega de La Vanguardia Eduardo Martín de Pozuelo hablaba el 21 de abril del año pasado de “La invasión silenciosa” en un artículo.

Aunque si hubiera escrito “La invasión musulmana” seguro que habría habido polémica y hasta el Defensor del Lector le habría dado un toque.

Advertía el periodista que “los islamistas están construyendo una ‘sociedad paralela’ en Suecia, además de infiltrar salafistas en organizaciones y partidos políticos ayudados por una cultura del silencio”.

Al mismo tiempo alertaba que la tendencia no era estrictamenta sueca:  en Europa hay barrios “en los que germinan sociedades paralelas impermeables a los valores democráticos, regidas por la charia”, la ley islámica.

Recientemente, el corresponsal en París del mismo diario, Eusebio Val, entrevistaba a un biógrafo de Albert Camus, Virgil Tanase. Y le preguntó si el escritor fancés había anticipado “la actual invasión migratoria”. Hace años que no le veo pero le conozco. Racista no es. El entevistado tampoco negó el fenómeno.

Desde luego no se puede generalizar. En Catalunya tenemos ejemplos de integración como las escritoras Najat el Hachmi o Laila Karrouch. Aunque leyendo la obra de la primera te das cuenta que a veces ha tenido un elevado costo personal. Hasta familiar.

También la diputada de ERC Najat Driouech, la primera con velo en el Parlament; su predecesor Chakir El Homrani o la concejal de la CUP en Badalona Fàtima Taleb, entre otros. Previamente hubo el parlamentario del PSC Mohamed Chaib.

Yo mismo, que vivo en una población con más de 18% de inmigración -juraría que más del 35% en mi barrio-, mantengo excelentes relaciones con mi vecina Himma, compro las frutas y verduras a Brahim -entre otros establecimientos- y he encargado obras a Mustafá.

A todos ellos los necesitamos. Pero hay que ser conscientes de que la inmigración magrebí es muy complicada. Por algunos de los factores que hemos expuesto y por otros que no caben en un artículo.

Y que mientras nuestros políticos miren hacia otro lado o caigan en la corrección política la situación empeorara.

La sensación de estar en minoría y la de que no hacen nada para atajar el problema puede resultar un cóctel letal. No sé si todavía estamos a tiempo de coger el toro por los cuernos.

6 comments

  1. Y luego, los políticos traidores y claudicantes de que disfrutamos dicen que “PELIGRAN LAS PENSIONES”.
    Pensiones de gente que ha cotizado durante 40 años en que se ha levantado el país después de la dictadura.
    Y ahora les dicen que peligran sus pensiones.

    Pero a ningún político se le ha escuchado decir que “PELIGRAN LAS AYUDAS A LOS INMIGRANTES EXTRANJEROS QUE NO HAN COTIZADO NUNCA EN ESPAÑA Y QUE VIVEN DE LAS SUBVENCIONES”.

    Esas subvenciones concedidas “por la cara”, no peligran?

    Estos políticos malnacidos son capaces de quitar y/o reducir las pensiones de los contizantes españoles para seguir dando subvenciones a los que ni han dado ni darán un palo al agua en su vida.

  2. Esta chusma que infesta Europa viven de ayudas públicas, hay cantidad de ellos que no pegan un palo al agua, me lo han dicho ellos mismos. ¿Cómo es posible que un país desindustrializado reciba toda esa cantidad demencial de moros? Viven del dinero público y se conocen el sistema de ayudas a la perfección. No paran de procrear y está completamente repleto de golfos y sinvergüenzas sino mirad los trenes de cercanías la cantidad de chusma de esta que hay. Si alguien se piensa que España los necesita y volverá a ser grande con ellos, y con todas las legiones de negros, chinos, sudamericanos, pakis, hindúes, chusma del este, …. es idiota perdido. La inmensa mayoría son innecesarios y no valen para nada.

  3. Es verdad esto. La antropología no nos informa a través de las instituciones sino que lo informante es el sesgo de la gestión y la intencionalidad políticas, lo cual no es técnica sino propuesta tendenciosa las más de las veces partidaria y falaz. Se diseña una neohistoria de las regionalidades (nazionalismos), se recrea y se adecua una neohistoria de la feminidad y de los porqués de sus roles sociales en el pasado de las familias y las poblaciones. Y todos como masa tragamos con una versión absolutamente falsa y readaptada de lo que es y fue el papel de la mujer, de lo que sentía y deseaba, en el pasado histórico, y con ello el papel del varón. Ahora se habla ni más ni menos que de “empoderamiento”… ¿Dónde se ha visto semejante película? Pero es que también se da una versión de la solidaridad y la compasión entre los pueblos que también, a su vez, se halla al margen de las directrices técnicas y coherentes de los antropólogos, sociólogos o criterios objetivos. Todo lo devora la politización y las rentabilidades de su sectarismo ideológico, que nunca busca la verdad sino el éxito sufragista, el prestigio, el efecto público, la posición, todo lo cual, a su vez, retorna y va detrás nuevamente de la politización, y ésta de aquello otro. La mal llamada democracia se ha convertido en este entimema.

    ¿Pero acaso sabemos cuál es el papel de lo que se denomina “cultura”? Tal cultura particular, tal proceso civilizador, o bien de la nuestra y lo nuestro. ¿Acaso tenemos la calidad necesaria para comprender el valor de lo nuestro histórico, de lo ajeno, del reducto social particular, peculiar o privativo? ¿Acaso hay un estudio responsable, comprometido y serio de cómo compartir y conjugar el encuentro entre poblaciones?

    La inmigración descontrolada es un delíto de lesa humanidad, quizá tanto como lo es el racismo. Pero, ¿quién explica bien esto? Porque… ¿quién está dispuesto a escucharlo, a conocer y saber la crudeza de los hechos verdaderos de cualquier aspecto relevante del Mundo o más aún, de uno mismo? ¿O de la falacia de la mayor parte de los principios éticos, morales, en los cuales basamos nuestra individuación social así como también de nuestra persona social?

    Por lo general somos copia, máquina conductual replicante, adaptativa, reproducida. Parece escasísimo el ciudadano formado también desde su iniciativa propia y su interioridad para una conjugación empática a la vez que autónoma y consciente de que las partes colectivas entran en un trascendental encuentro.

    Europa no está invadida sino que se ha producido un cambio conceptual, social y antropológico, es decir, el concepto “invasión” ha cambiado. Se debe a lo poco significativo que hoy en día comporta el hecho del desplazamiento, el viaje, la muda, el movimiento. Con ello lo tradicional. Antes, para las poblacones, un millar de kilómetros demarcaba el final de un Mundo. Sin embargo ahora la distancia ha sido sobrepasada por la prontitud, la rapidez, la tecnología y su accesibilidad nos permiten habitar un planeta sumamente próximo, común, accesible, cercano. Por ello actualmente las poblaciones se invaden a sí mismas desde dentro. Por ello el secesionismo no es un golpe de estado simplemente, sino una invasión endógena. El secesionista es el invasor nacido de una extranjería y un afuera interinos, y lo extraño o extranjero suyo nos ha llegado desde dentro, para su ocupación destructiva y usurpadora de lo nuestro. El islamismo no es meramente un hecho de inmigración descontrolada sino una invasión endógena, por ello nos hablan de implantar sus vientres o úteros y extenderse o invadir endógenamente. Y el hembrismo y femichismo no es un empoderamiento (¡menuda comedia de palabra!) sino una invasión de valores usurpadores y demagógicos que no nos son propios, consistentes en que el resentimiento y el odio entre sexos nos invaden, por adentro, desde adentro y contra la más radical interioridad familiar y colectiva.

    ¿Y qué es lo que usurpa la invasión endógena? Pues precisamente la calidad, la corporeidad, la consistencia y la potencia, el poderío formativo y promotor, creativo y proyectivo de la cultura oriunda. Por ejemplo, la invasión nazionalista empobrece y aniquila la cultura zonal convirtiéndola en mero instrumento de ficción y manipulaciones. El Islamismo endógeno invasivo priva de la autenticidad espiritual subyacente y originaria tanto del cristianismo como del Islam mismo, convirtiéndo a este último en un instrumento ideológico de poder racial, no del espíritu. Y el femichismo hembrismo en un obsesivo afán de capturar para sí lo masculino y conseguir la cohibición de la masculinidad, pero con ello aniquila la feminidad. Ante el femichismo-hembrismo la masculinidad no está en juego, sino el cariz encantador y universal, inconmensurable y tan potente y bello de lo femenino.

    La invasión exógena tenía defensa posible, era detectable y abordable mediante recursos públicos, amplios y generales, gobierno, fuerzas de seguridad, sanidad, prevención, investigación… Sin embargo la invasión endógena deberá ser abordada y atajada desde el individuo. Lo de adentro nos captura, no seduce, nos asola, nos puede aniquilar. Requiere una nueva etapa de la calidades subjetivas, de la superación de cada ser en particular, de cada individuo.

    Pero, ¿cómo explicar esto sin que se nos acuse, inanemente, nimiamente, superficialmente, ridículamente, de fanatismo religioso, o de racismo, machismo, y toda esta proterva de simplismos reacionariamente posturales y mecánicos, paquete carencial de tópicos en serie para lo más polítizante y simplista?

    Al menos por ahora no parece posible. O cuando menos no resulta fácil.

  4. Un autor flojo para esta página de Somatemps. No, no los necesitamos y están aquí por motivos ideológicos. El autor no se entera de la mayor, y se le ve la ingenuidad hasta en los detalles.

  5. Hay que decir claramente que hay que parar la invasion islamista y el que tenga miedo a decirlo, está traicionando a los españoles.El atentado de Barcelona y de Cambrils se produjo porque los encargados de evitarlo, no aceptaron las recomendaciones que les hicieron los que sabían más de atentados islamistas ,porque estaban ensimismados en la gran preparación de su maldita republica al estilo dictatorial venezolano de lo que les ayudaba el Líder leninista violento y aborto de Lucifer,Pablenin y macho alfa y dicen que se creen de una raza superior y son bichos inferiores, como la inútil de la Colau, que pagó el abogado que defendía al que mató a un señor que llevaba una bandera española en Zaragoza, porque ocupaba viviendas ajenas, esta delincuente alcaldesa, es igual de delincuente que la otra alcaldesa de Madrid,las dos gracias a los votos del zote de Pedro Sánchez,España está pasando unos gravísimos momentos gracias a Podemos,al psoe de este bobo y los golpistas y a la complicidad de la pandilla del Gobierno del Estado en complicidad con el golpismo y con los etarras y sus beneficiados del PNV, un partido, que da muy mal olor.

  6. Hay algo que siempre se nos olvida:
    con la democracia, RENUNCIAMOS A NUESTROS DERECHOS.
    Sí, sí, RENUNCIAMOS.
    Por esto NO SOMOS FIELES a nuestros valores democráticos, ni cristianos:
    LOS HEMOS TRAICIONADO. Cada uno de nosotros ha traicionado a todos los demás, al negarles estos derechos, al negarles el derecho a mencionarlos, al no hacer caso a quien pide la verdad y la justicia.

    Sobre todo, para los varones. Porque, en teoría, tenemos derecho a la igualdad. Pero aceptamos que se quitara el Servicio Social Femenino y se dejara el Militar “masculino”. Hasta que no aguantó más: 23 años, de 1978 a 2001.
    Tampoco pedimos igualdad en esperanza de vida, ni en tasa de suicidios y asesinatos, 3 veces superiores en los varones.
    Ni pedimos igualdad en siniestralidad laboral, 20 veces superior en los varones.
    Ni en los “sin techo”, 8 veces más numerosos ellos.
    Ante este hipócrita silencio, se ha desarrollado una censura feroz contra el derecho (teórico) a la igualdad de los varones: nada se puede decir, ni tampoco nada se puede decir contra las leyes anti-hombre que se han aprobado.
    Como la inconstitucional Ley Contra la Violencia Contra las Mujeres.
    ¡Hay que acabar con la violencia contra las mujeres!
    ¡Y con los asesinatos de mujeres!
    O sea que “igualdad” es que sólo haya violencia y asesinatos contra los varones.
    ¿Cómo vamos a convencer a otros, que todavía no han caído tan bajo, para que hagan el ridículo como lo hacemos nosotros?
    Hemos creado un desprecio general hacia nuestros derechos, hacia la verdad.
    Y hacia NOSOTROS MISMOS, al negarnos estos derechos.
    Y hemos practicado este desprecio con contumacia durante 40 años: NADA de respetar el derecho a la igualdad de los varones, empezando con los niños de la escuela, mucho más inadaptados que las niñas y con mayor fracaso escolar.
    Hemos hecho OBLIGATORIO el PERJURIO de la Constitución: sólo los perjuros pueden acceder a jurarla, sean o no conscientes de ello.
    Nos hemos ganado el desprecio bien merecido de aquellos que no tienen nuestra venda en los ojos.

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