“El sueño eterno”, por Javier Barraycoa


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El sueño eterno significó la cima del cine negro. Un magistral Howard Hawks en la dirección y la interpretación de Humphrey Bogart y Lauren Bacall, dieron forma a la novela homónima de Raymond Chandler. Entre las leyendas hollywoodenses cuentan que el guion era tan enrevesado que el director y los guionistas tenían que llamar al autor de la novela para que les indicara que pasos seguir y, en definitiva, dilucidar quién era el malo o quién estaba vivo o muerto. Alguien definió esta obra maestra del cine en blanco y negro como una película con “demasiados personajes y demasiados entre enrevesados diálogos, escenarios y muertos en un mar de escenarios y giros confusos”. Y no sé por qué, esta definición le viene como anillo al dedo al “prucés”.

Si bien la película de Howard Hawks mantiene la tensión en todo momento hasta el minuto final, el “prucés” más que un sueño eterno, se está convirtiendo en un sopor perpetuo. El final se va alargando y estirando como un chicle. Y cuando parece que ya no da más de sí, algún guionista es capaz de darle otro estirón. Y eso es lo que más y menos están intentado los dos partidos separatistas enfrentados: Junts pel Si y ERC. La última boutade colectiva para mantenernos en el espejismo eterno es la aparatosa idea de investir a Puigdemont en Bruselas SEGUIR LEYENDO…

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