“Circo sin payaso” por Javier Barraycoa


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En mi niñez, los pocos payasos que veíamos en la tele triunfaban. Charlie Rivel, Gaby, Fofo, Fofito y el resto de la familia Aragón. Era un misterio que fueran capaces de hacerte reír. Igual porque uno era niño y la tele era en blanco y negro -y la fantasía añadía lo que le faltaba a la realidad-, pero era apoteósico ver a los payasos de la tele. Con el tiempo, reconozco sufrir de coulrofobia o miedo irracional a los payasos. Sí, aunque parezca mentira, este trastorno está tipificado en los manuales de psicología y yo lo sufro. Posiblemente ello se debe a que ya no soy un niño, que la realidad ya no deja espacio para muchas fantasías y que los payasos han abandonado su lugar natural: el circo, para invadir territorios que no les compete.

De hecho, con toda propiedad, podemos decir que el “Ágora” se ha convertido en un “circus”. O con palabras menos cursis, la política es un circo. Cuando eso le ocurrió a la civilización greco-romana ya era demasiado tarde para recular y acabó como acabó. Hoy en día los que nos apasionamos por la política, sufrimos con esta invasión cirquense del “Ágora”. Entre saltimbanquis, magos y payasos, añoramos a los animales políticos que han quedado eliminados de la palestra. Fue asentarse la democracia y retiraron a los animales del circo y a los políticos de raza de los parlamentos. SEGUIR LEYENDO …

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