“Post-Ítaca”, por Javier Barraycoa


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Cuando Lluís Llach era joven, tenía pelo y estaba menos arrugado, nos emocionó con su versión musicada de la poesía Ítaca de Constantino Cavafis. Nosotros, pobres adolescentes, todavía no distinguíamos mucho la compleja realidad. Inocentemente pensábamos que una cosa era la poesía o la música, y otra la política. Aún no habíamos leído a Althusser o Gramsci, entre otros autores que nos ilustrarían sobre lo ilusos que éramos. Era bonito por aquel entonces escuchar las empalagosas canciones de Lluís Llach mientras empezábamos a fumar nuestros primeros “Ducados”, creyendo que tanto esa música como el tabaco no eran insalubres.

Era también una época donde aún creíamos que la realidad era tan evidente que no podía ser negada. Y una canción que habla de un viaje a una lejana isla, simplemente era una canción. No habíamos descubierto los símbolos y significaciones que la progresía quería inculcarnos a través de la estética. Muchos de mi generación creían que Ítaca era el destino de un viaje que fácilmente arribaría. Era la utopía que se hacía realidad, a veces bajo forma de un paraíso comunista, a veces como una Cataluña independiente. Daba igual si fuera una Cataluña proisraelí o propalestina, soviética, liberal o democristiana. Lo importante no era el contenido de Ítaca sino salir de donde uno estaba: la realidad; porque ésta es dura y debemos afrontarla tal y como nos viene y zarandea y en medio de las tormentas de la vida no tenemos derecho a viajes imaginarios. SEGUIR LEYENDO …

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