FELICIDADES: ¡Cuatro años del acto prefundacional de SOMATEMPS en Santpedor!


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Santpedor, 16 de noviembre de 2014. Mesa de ponentes

Fue una jornada gloriosa. Han pasado 4 años desde ese 16 de noviembre de 2013. Sesenta y tres catalanes de comarcas varias nos reunimos en la población de Santpedor (Barcelona), patria chica del timbaler del Bruch, uno de nuestros iconos. Durante varios meses con mi amigo José Ramón Bosch establecimos contactos con infinidad de personalidades que primero participarían en el acto pre-fundacional de Somatemps y muchos de ellos, posteriormente, en la fundación de Sociedad Civil Catalana.

Fueron meses de gran ilusión, mucho trabajo y una labor muy seria para poner en marcha una organización que con el tiempo ha dado frutos más que insospechados. Por cuestiones que ahora no vienen al caso, pero que algún día explicaremos para que quede para la historia, lo caminos de Somatemps y una de sus creaciones, SCC, se separaron. Al menos formalmente, aunque se mantuvieron contactos regulares para desarrollar estrategias paralelas.

Durante la jornada prefundacional de Santpedor se desarrollaron tres ponencias: la estratégica, una sobre la identidad de Somatemps y otra doctrinal que fue desarrollada por el que suscribe. Los ponentes de la jornada fueron Jordi Cabanes, Javier Barraycoa y José Ramón Bosch. Este acto planteó una  hoja de ruta que debía llevar, como hizo, al acto fundacional de Somatemps el 26 de abril de 2014, en Poblet. La Jornada acabó con una comida de hermandad y mucha ilusión por un proyecto juntos.

Javier Barraycoa

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Momento de la comida con los primeros promotores de Somatemps

 

Manifiesto de Santpedor

Santpedor (Bages), 16 de noviembre de 2013

manifiesto santpedor 1

“Som a temps Catalans,

som a temps de la feina ,

la de fer una Espanya gran,

sense angoixes ni cadenes”.

Este manifiesto es el punto de arranque de una reivindicación de la catalanidad y del hispanismo. Queremos denunciar la derivación del catalanismo hacia el nacionalismo y el secesionismo que sufrimos de manos de los manipuladores de la historia al servicio de la clase política nacionalista. Queremos revisar nuestro pasado a la vez que deseamos soñar un futuro diferente al que nos anuncian los visionarios separatistas. Queremos reivindicar el sentimiento de pertenencia a Cataluña con lealtad hispánica. Queremos disfrutar del hecho de vivir y ser catalanes sin imposiciones de patrones y estereotipos románticos ilusorios. Queremos defender la pluralidad y riqueza de nuestras lenguas y promocionar nuestra cultura sin sanciones de la corrección política. Queremos dejar en evidencia las mentiras que han construido hasta ahora el pensamiento único en Cataluña, impuesto desde principios del siglo XX y asumidas como dogmas por una parte de los catalanes. Queremos ofrecer lo que han ocultado durante décadas: la existencia de una catalanidad profundamente hispánica. Con otras palabras: queremos ser libres de pensamiento!

1.- Un cambio de paradigma que el nacionalismo no ha asumido

España ya no es ese país retrasado económicamente en que se encontraron los primeros forjadores del catalanismo; ni el país caciquil y militarista, desmoralizado por la derrota en las provincias de Ultramar como denunciaban los regeneracionistas. Tampoco Cataluña es una tierra monolingüe ni socialmente compacta como reprobaron los dirigentes políticos de entonces, pues hay dos lenguas (incluso tres si tenemos en cuenta el aranés) que han a aprendido a convivir pacíficamente y la inmigración -española y extranjera -ha hecho cambiar de forma notable la composición sociodemográfica de la población que vive y trabaja en Cataluña. Empero si casi nada se parecen la Cataluña y la España de principios del siglo XXI a la de finales del XIX, nos hacen creer que políticamente estemos en la misma tesitura de antaño.

El fracaso de la política de la Restauración, la corrupción y el caciquismo, la supeditación a los designios centralistas y sobre todo la crisis de 1898 llevará a muchos catalanistas a olvidarse de España. Surgieron pensadores, historiadores y políticos como Prat de la Riba, Almirall o Rovira i Virgili, que pusieron las bases del odio hacia España, acusando de todos los males en Castilla y vomitando veneno y rencor hacia nuestros hermanos. Seguramente razones no faltaron para sentir el fracaso político en aquellas horas tristes de finales del XIX y principios del XX, pero es cierto que con la génesis de los mitos separatistas y la manipulación histórica culminó una honda regresión de sentimiento hispánico tan arraigado en nuestro pueblo. Hoy nos encontramos ante la posible y última ruptura hispánica. La apuesta independentista llega al final de su comedia y aprovechando la debilidad del Estado y la ceguera de los políticos españoles, la embestida secesionista es más fuerte que nunca. Con profunda tristeza, debemos preguntarnos: la ruptura de España, ya tiene fecha?

2.- Los efectos de la estrategia de manipulación de los sentimientos

La simplificación histórica que han llevado a cabo los separatistas ha sido sagaz. El ejercicio de manipulación y el goteo constante de consignas de odio ha resultado letal para el espíritu del hispanismo, además de un efectivismo destructivo inmenso. El resultado ha sido la división maniquea entre “ellos y nosotros”: ante una Cataluña “rica y próspera”, nos presentan una España que “nos roba y humilla”. Se han inventado el trinomio Madrid- Castilla-España como enemigo de nuestras libertades, sustantivo que se ha convertido letal en el imaginario de las nuevas generaciones de catalanes. Se ha forjado la dicotomía entre los “buenos” catalanes, independentistas claro (Desde Wifredo el Velloso a Companys, pasando por Claris o Casanova y llegando -como no- a Jordi Pujol como síntesis de todos ellos); y los “malos” españoles (como Isabel la Católica, los Trastámara o los Borbones) hasta llegar a los dirigentes de los partidos políticos “traidores” o “botiflers”). Es una burda y patética manipulación de los sentimientos más nobles, transformados con odio y con unos efectos demoledores para nuestra conciencia colectiva.

Toda esta parafernalia del imaginario separatista ha sido aderezada con la ayuda de los medios de comunicación públicos autonómicos y los medios de comunicación subvencionados, la práctica totalidad de la prensa catalana, que hace imposible la respuesta pública a tantas falsedades; todo mezclado con un sentimiento de superioridad y -de momento -sin réplica significativa por parte de los teóricos representantes de la españolidad en Cataluña. Durante 30 años, los catalanes que nos sentimos hispanos, nos hemos encontrado con la ausencia absoluta de una respuesta institucional ante estos hechos. Hemos sido abandonados y escarnecidos. Para colmo, los catalanes hispanos hemos tenido que escuchar de los separatistas: reivindicaciones permanentes, peleas sobre el encaje de Cataluña en España, afrentas lingüísticas, pronunciamientos a favor de la autodeterminación, denuncias de insolidaridad, demandas económicas, reclamaciones de papeles, consultas y antorchas, insultos y menosprecios. En fin, discusiones bizantinas sobre quién o qué es más catalán y quien menos español o viceversa , han sido el agotador día a día que ha agotado nuestras voluntades. Detrás de estas estériles discusiones es evidente la voluntad política de la casta nacionalista de romper con España. Así nos adoctrinan desde hace décadas, debatiendo inútilmente y mirándonos el ombligo, obligándonos a buscar siempre los culpables fuera de Cataluña.

3.- El redescubrimiento de la conciencia hispano-catalana

Basta de odios a los hermanos hispanos, basta de performances independentistas, basta de cadenas mentales que nos auto- esclavizan, basta de separatismos de baja estofa. Lo que queremos es hacer posible la verdadera integración de la nacionalidad cultural catalana, también llamada “regionalismo” a comienzos del siglo XX, dentro de la nación política española. Queremos rescatar Cataluña del ensimismamiento en el que se ve inmersa y en la que muchos están hechizados por la paranoica presencia de la estelada, aberrante degeneración de nuestra querida enseña. Es posible que la conciencia hispánica en Cataluña actualmente sea débil o esté escondida. A pesar de todo, en ningún caso de nuestra historia, la del pueblo catalán, hemos deseado construir nuestra identidad de espalda en España. Al contrario, siempre lo hemos hecho con el deseo de construir la “España Grande” que proclamaban políticos como Cambó .

No ambicionamos en nuestra propuesta hacer proclamas de lealtad monárquica ni de despropósitos republicanos, no somos de izquierdas ni de derechas. No es el momento de proponer una España federal o confederal, autónoma o descentralizada, no nos planteamos en estos momentos dotar a España de una nueva constitución o bien la modificación de algunos de sus capítulos para facilitar el discutido “encaje catalán”. Nosotros sólo pretendemos testimoniar el sentimiento de pertenencia real, afectivo, sincero, histórico y leal que los catalanes siempre hemos tenido hacia Las Españas. Soñamos con que los catalanes volveremos a amar España como siempre lo hicimos. Creemos en una profunda relación de los pueblos hispanos sin imposiciones ni conquistas ni insultos ni prohibiciones ni ataques a nuestra lengua catalana ni en nuestra cultura; pero tampoco sin reivindicaciones catalanistas arcaicas, sin victimismos ni manipulaciones históricas, ni falsos agravios, ni insolidaridades, ni prepotencias interiores y casi racistas. Pues queremos que el resto de españoles entiendan como somos muchos catalanes, es decir los españoles que hablamos y vivimos en catalán.

4.- Ante un nacionalismo erróneo, llamamos a la reflexión.

La renovación de la historiografía en Cataluña empezó a mediados del siglo XIX con el sentimiento neorromántico fruto del positivismo mezclado con el nuevo romanticismo alemán y escocés. Inevitablemente, dos visiones contrapuestas de nuestra historiografía, y por tanto de la visión política de Cataluña, chocaron en pleno siglo XX. Por un lado, el encabezado por un político y aficionado a la historia como Rovira y Virgili, o un Ferran Soldevila, representantes de la escuela historiográfica separatista; Y, por otro, la que defendieron historiadores como Valls y Taberner y, muy especialmente, Vicens Vives que afirmaba: “el sentimiento pleno de los catalanes de estar integrados en la vida nacional española, el sentimiento españolista puede ser hoy desagradable, pero es de categoría histórica indiscutible”. Estos últimos representaron lo que podríamos llamar el “catalanismo hispánico”, es decir, la visión hispánica de nuestros derechos como comunidad cultural, siempre leales con España pero alejados de la cruda manipulación de los hechos históricos al servicio desleal del separatismo. Hoy esta corriente está huérfana y sin escuela que la represente.

Ahora es la hora pues de plantear una “España Grande” desde una “Cataluña viva y fuerte”, sin artificios, sin reivindicaciones insolidarias, remarcando lo que nos une y no lo que nos separa del resto de España, sabiendo que hay muchos vínculos que nos fortalecen junto a las otras comunidades hispánicas; que nuestra historia es parte de la Hispanidad y que queremos ir de la mano de los otros pueblos hispánicos por forjar una nación política en la que poder sentirse plenamente representados y cómodos con nuestra especial particularidad. No queremos caer en los errores del pasado, y que el ilustre Víctor Balaguer, catalanista pero a la vez hispanista, sintetizó con estas palabras: “Muchas de las desgracias políticas de nuestra España contemporánea han venido de no haber sabido comprender el verdadero espíritu nacional, que está en España, y tener muy presente una nacionalidad compuesta de varias nacionalidades”. Reflejando los orígenes del primer catalanismo, el historiador Joan Lluís Marfany lo deja bien claro: “[en aquel tiempo ] Patriotismo catalán y Patriotismo español no se oponen. Este se expresa a través de aquél”. Y nos lo reafirman las palabras de Antoni Bofarull, secretario de los Juegos Florales de 1859, que decía: “recordamos las gestas del pasado antiguo y medieval catalán para avanzar en pro de la honra nacional española y para probar que lejos de ser obstáculo el recuerdo de la nacionalidad vieja y respectiva para esconder la nacionalidad nueva, antes bien es el medio pera conservarla grande y fuerte”.

5.- Un redescubrimiento: ¡la catalanidad es hispanidad!

La historiografía nacionalista catalana ha estado dominada por el sentimiento romántico y melancólico. Nos han “inventado” nuestra historia. Nos han creado nuestros mitos. Nos han ideado nuestras enseñas. Pero ahora ya no se trata de inventar mitos, sino de saber interpretar correctamente nuestro pasado para darle el verdadero sentido que nos permita reencontrar el “seny” (sentido común) catalán que tanto reclamamos. A diferencia de los separatistas que predican que Cataluña es sólo una concreción étnica y lingüística, nosotros creemos que los catalanes por razones históricas y políticas somos hispanos. Pues España es una entidad natural y no un supuesto producto artificial o de una integración prestada. España, como nación política, formada por pueblos y culturas diversas que forman su propia esencia, también es llamada las Españas. Somos hispanistas, pero conscientes de que al igual que se ha de redescubrir el sentido primigenio de la catalanidad, empero no se debe confundir el término la Hispanidad como sinónimo de un vacío españolism . El ideal de Hispanidad no es, ni mucho menos, una uniformización de la cultura castellana sobre los valores hispanos. Hispanidad no tiene nada que ver con la constitución de un estado centralista y homogeneizador de culturas. Llegados a esta situación, los catalanes, que no somos castellanos, nos preguntamos, cuál es el lugar de nuestra cultura?; ¿y el de las lenguas hispanas catalana, euskera o galega? ¿Nos podemos sentir españoles quienes no tenemos el castellano como lengua materna? ¿Nos han dejado los centralistas uniformizadotes ser españoles?

Ejemplos de separadores hay muchos: el imaginario lerrouxista, las descalificaciones hacia los catalanes de Unamuno o Giner de los Ríos. Por ejemplo, el mismo ejército publicó esta “joya” antihispánica en el diario Ejército y Armada, en 1906: “Hay que castellanizar a Cataluña … Hay que pensar en español , hablar en español y conducirse como español, y esto de grado o por fuerza”. Esto es una declaración de “españolismo centralista y jacobino”, pero no de hispanismo hermanado. No hace falta extenderse en los ejemplos de la visión uniformista que los separadores han manifestado sobre las culturas hispánicas. Tampoco es nuestra voluntad la de buscar injurias, pues ya han sido publicadas ampliamente por parte de quienes quieren hacernos creer que la gente de Castilla o del resto de España nos odia, cosa incierta. Pero sí queremos dejar claro que la mentalidad que ha imperado en una parte de los corazones de algunos españoles, especialmente los viejos liberales ilustrados decimonónicos, ha estado muchas veces envenenada por una voluntad de imposición cultural en Cataluña contra natura.

6.- En las horas confusas: ni separadores ni separatistas

Los separadores en el resto de España no pueden ser nuestros aliados; separadores que atizan el odio contra el Principado, buscando la destrucción de la lengua catalana y mezclando de forma burda la defensa del castellano con la unidad de España o denunciando la presencia de catalanes detrás de todo tipo de maniobras presuntamente antihispánicas. En el otro lado están los separatistas de Cataluña que amenazan con la ruptura, quebrantamiento que destruiría relaciones ancestrales entre nuestros pueblos, ruina económica y social donde todos nos veremos gravemente afectados. Por lo tanto tenemos dos frentes abiertos ante nosotros: separadores y separatistas. Y nosotros en medio, sin Medios de comunicación ni ningún apoyo económico que nos avalen en esta difícil tarea de regeneración hispánica, con el rencor de unos y la desconfianza de los otros. Pero tenemos la seguridad de que comenzamos la construcción de unas sólidas bases de corrección de los errores en Cataluña y España.

Ferran Valls publicó en 1934 un libro capital, En las horas confusas, para entender este Manifiesto, en el que distingue entre nacionalismo separatista y patriotismo, es decir entre el sentimiento (que para él era el patriotismo identificado como catalanismo) y el nacionalismo separatista (la teoría, la construcción de la doctrina y la invención de un mito) que creía nefasto para nuestro futuro: «no tenemos más remedio que cambiar las premisas –afirmaba-. En vez de empeñarnos en una obsesión, conviene que devolvamos a nuestra política un sano empirismo que nos preserve de la locura y de la pedantería. Hemos de corregir decididamente las desviaciones del sentimiento colectivo y hemos de enderezar el espíritu público a base de extirpar todos los factores psicológicos de disgregación política y social, todos los gérmenes intelectuales de subversión y de desorden, todas las fantasías independentistas y todos los demás artificios mentales perniciosos. Necesitamos, creo yo, tener en cuenta que el catalanismo, como opinión política, como tendencia política, no lo es todo, ni es antes que todo. Es ya el momento, en mi opinión, en que debe ser revisada y rectificada, en lo que sea necesario, la doctrina (…) del catalanismo, si se quiere salvar el sentido vital y la mejor tradición de éste y evitar la ruina del país. Es preciso también salvar dentro Cataluña el sentimiento ancestral del patriotismo español, considerado como ampliación natural y complemento necesario del patriotismo catalán».

Conclusión

Para finalizar este Manifiesto, hacemos nuestras las palabras del Doctor Josep Trueta, exiliado en México durante el franquismo, quien en su libro Espíritu de Cataluña, resume mejor que nadie el alma y el espíritu de los catalanes: “Lo que hace falta, me parece, es despojarnos de resentimientos y de retomar la tarea que tantos antepasados, (…) nunca han abandonado en Cataluña: hacer de la Península un espacio viable donde nuestros hombres y nuestras mujeres puedan vivir en hermandad e igualdad con los demás españoles, entendiendo que los portugueses, según su gran Camoes, también lo son”. Esta es una verdadera declaración programática para nuestros tiempos de un catalán que supo perdonar y rechazar del odio .

Por medio de la palabra oral e impresa y de este Manifiesto, queremos hacer una llamada por la España Grande, porque ahora es la hora de los catalanes de siempre, ¡PORQUE LA CATALANIDAD ES HISPANIDAD !

¡ADELANTE!

¡ESTAMOS A TIEMPO!

SOM-A-TEMPS!

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