ENTREVISTA A: Francisco Oya, Presidente de la Asociación de Profesores por el Bilingüismo


ENTREVISTA: Francisco Oya, Presidente de la Asociación de Profesores por el Bilingüismo analiza la imposición del catalán y el adoctrinamiento antiespañol en las aulas

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 Francisco Oya lleva 30 años luchando heroicamente, contra viento y marea, frente a la ideología dominante en Cataluña. Concretamente libra una batalla denodada contra la imposición del catalán en la escuela pública y el adoctrinamiento nacionalista. En esta entrevista nos cuenta al detalle los aspectos esenciales de esta lucha sin cuartel analizando en toda su dimensión el fondo del problema.

 

¿Cómo se gestó la Asociación de Profesores por el Bilingüismo (APB) y cuáles son los fines de esta asociación?

1o.jpgSoy profesor de Historia, en institutos públicos, desde hace 32 años. La Asociación de Profesores por el Bilingüismo (APB) surgió en 1994 con el propósito de agrupar a los docentes que nos oponíamos a la imposición del catalán en la escuela pública, así como al adoctrinamiento nacionalista, cuyos inicios percibíamos con toda claridad ya en los años 80. Desde entonces hemos colaborado con diversas asociaciones catalanas que tenían el mismo diagnóstico que nosotros acerca de lo que estaba sucediendo en nuestra sociedad: un proyecto de ingeniería social, de claras raíces totalitarias, para imponer la cosmovisión del catalanismo político. Un proyecto semejante, aplicado a una sociedad tan plural como la catalana, donde la mayor parte de la población tiene su origen familiar en otros lugares de España, ha supuesto una inmensa humillación para millones de personas, a las que se ha tratado como extranjeros indeseables en su propia tierra a los que hay que reeducar a la fuerza.

Nuestra finalidad es conseguir que las familias tengan plena libertad para elegir la lengua oficial en que desean educar a sus hijos. Y una educación en libertad, sin que la administración imponga una ideología política oficial, respetando la libertad de cátedra de los funcionarios docentes en lugar de intentar convertirlos en un ejército de comisarios políticos, como sucede hoy. Pretendemos que la enseñanza -especialmente la enseñanza de la Historia- promueva la unión y el afecto entre todos los habitantes de España, en lugar del distanciamiento, el odio y el desprecio como sucede en Cataluña. La enseñanza escolar de una Historia tan extensa y fascinante como la de España, llena de páginas espectaculares, debe suscitar la autoestima colectiva, el deseo de emulación y el patriotismo cívico, factores de psicología social fundamentales para conseguir una convivencia armónica entre ciudadanos de un mismo país. Por el contrario, el tipo de educación impuesto en Cataluña sólo puede llevar a desgarros internos.

¿Es un hecho demostrable el adoctrinamiento antiespañol en Cataluña?

Creo que nadie que conozca mínimamente la situación puede negarlo, salvo por cinismo político. Desde los años 80 se inculca la idea en los niños de que ellos son catalanes en un sentido esencialista, miembros de una nación que se presenta habitualmente en los textos como un Estado, al mismo nivel que cualquier otro estado europeo. Cualquiera que no reconozca esta pretendida realidad es un enemigo y un fascista, claro está. En la educación primaria la situación es especialmente grave, pues se inoculan estos contenidos a muy tempranas edades por métodos no conceptuales, a través de juegos, canciones e imágenes preñadas de simbología separatista y los niños las asumen como algo natural. Los alumnos de Primaria -no digamos los de Educación Infantil- no tienen defensa posible ante esta programación mental a la que se les somete. La mayoría de los maestros comparte la ideología separatista y no tienen ningún escrúpulo en aplicar estos mensajes subliminales a las mentes infantiles, al contrario: se sienten los campeones de una gran causa.

¿En qué medida este adoctrinamiento nos ha hecho llegar a la situación actual?

Ha sido un factor absolutamente determinante, no cabe ninguna duda. Por haberlo vivido directamente, he ido viendo sus avances, lentos pero constantes y progresivos a lo largo del tiempo. En Educación Secundaria, al principio (años 80), muchos alumnos protestaban ante el intragable menú ideológico que se les pretendía suministrar. Pero no había ninguna salida. Los profesores estaban muertos de miedo pensando en que alguien pudiera señalarles como elementos desafectos. En 1981, el profesor de Lengua española Federico Jiménez Losantos sufrió un secuestro y un tiro en la pierna a manos del grupo terrorista catalán Terra Lliure por haber firmado el famoso manifiesto de los 2300, en el que se denunciaba la inmersión lingüística. Nadie pronunció una palabra en su favor ni denunció el atentado: ni los partidos políticos, ni los sindicatos de enseñanza, ni la universidad, ni la prensa. Al contrario: se llegó a justificar el atentado. A raíz de ello, más de 14. 000 profesores pidieron traslado fuera de Cataluña, incluyendo los firmantes del manifiesto.

Los que quedaron, se resignaron a la situación y se “normalizaron” sacándose el módulo 2 de conocimiento del catalán. Después pasaron a impartir todas sus clases en catalán, a menudo macarrónico. Luego se catalanizaron el nombre. Seguidamente, se avinieron a utilizar exclusivamente el catalán en todas las actividades del centro: reuniones, evaluaciones, contacto con los padres, conversaciones informales, etc. Finalmente, se dedicaron a exponer opiniones en sintonía con el separatismo catalán, tanto en el aula como fuera de ella, en el convencimiento de que era el camino más seguro para no tener ningún problema profesional y poder acceder a cargos directivos, de inspección o directamente políticos.

Es curioso como un gremio que se había distinguido durante el franquismo por su rebeldía permanente se convirtió en paradigma de cobardía y sumisión a la corrección política separatista, y ello durante un periodo supuestamente democrático y de libertades.

El caso es que muy pocos profesores intentaron hacer algo en favor de los derechos lingüísticos de sus alumnos y contra el adoctrinamiento que se les suministraba en los programas y libros de texto. La protesta de los alumnos se extinguió y los maestros y profesores más jóvenes son también ellos, en el momento presente, un producto acabado del adoctrinamiento separatista, que asumen sin ningún espíritu crítico en un alto porcentaje de casos. Hoy día veo que los alumnos que pasan a la Secundaria, la mayoría de las veces, utilizan un nombre catalán, aunque sus apellidos y orígenes familiares no lo sean. Se dirigen siempre en catalán a los adultos que no conocen, aunque su lengua habitual sea el castellano. Y han asimilado algunos interesados prejuicios separatistas: hablar de Cataluña como algo diferente de España, considerar normal un debate sobre la secesión (independencia, dicen ellos), dejarse manipular para asistir voluntariamente a actos separatistas, etc.

También contribuyó la volatilización de la presencia del Estado en las calles: desaparecieron los símbolos nacionales -singularmente la bandera de España- y las instituciones del Estado sufrieron un proceso de invisibilización o jibarización. Así, se cerró la magnífica librería que tenía el MECD en Barcelona, mientras la Generalitat abría librerías propias hasta en Madrid; la Policía Nacional y la Guardia Civil se replegaron ante el despliegue de la policía regional; la Alta Inspección Educativa del Estado se convirtió en un organismo perfectamente inútil, sin medios para desarrollar una función real de inspección y control del sistema educativo y relegada a insulsas tareas burocráticas; las celebraciones de efemérides nacionales -Fiesta Nacional, día de Santiago, 2 de mayo- dejaron de existir, mientras las conmemoraciones del catalanismo político -singularmente el 11 de septiembre- te las encontrabas hasta en la sopa; los militares se convirtieron en auténticos apestados. El resultado combinado de estos procesos -desistimiento del Estado, sustitución lingüística y adoctrinamiento escolar- es que de las escuelas salen cada vez más votantes potenciales de opciones políticas separatistas. Y eso nos ha llevado directamente a la situación política actual.

El tiempo ha demostrado que fue un gran error y muy dañino la entrega por parte del Estado de la competencia de educación a Cataluña…

En su momento, alguien pudo tener dudas razonables sobre ello. En el momento actual, retrospectivamente, no cabe duda de que fue un error trágico. El nacionalismo catalán ha demostrado una absoluta irresponsabilidad en la gestión de una competencia tan sensible como la educación, utilizándola para moldear las mentes infantiles, imponiendo a los alumnos una lengua regional que no es la suya materna en la mayor parte de los casos y unos contenidos ideológicos que pretenden -falsificando la realidad histórica- fomentar el odio a los conciudadanos y justificar la destrucción del Estado. Una situación demencial, absolutamente inconcebible en cualquier otro país. Es urgente que el Estado recupere las competencias en Educación. De lo contrario, en unos cuantos años no habrá nada que hacer.

 

¿Cómo se manipula la historia de Cataluña contando mentiras (odio a España, Estado invasor, 1714 y otros mitos nacionalistas)? 

3o.jpgPodríamos poner docenas de ejemplos. Desde el principio se habla de la Prehistoria en Cataluña, pero el nombre de España no aparece jamás; como mucho se dirá la Prehistoria en la Península Ibérica. En la Edad Antigua nos seguimos encontrando el nombre de Cataluña: Cataluña en la Antigüedad, la Cataluña romana, etc. En un manual se afirma que los fenicios se establecieron en la isla de Ibiza, desde donde comerciaron con Cataluña. Se llega a hablar incluso de catalano-romanos. Por el contrario, nunca se habla de la España romana, sino de la provincia de Hispania, sugiriendo que este nombre nada tiene que ver con el de España.

En definitiva, intentan eludir la enojosa realidad de que el corónimo España existe desde la Antigüedad precristiana mientras el de Cataluña sólo surge en la última fase medieval (siglo XII) para designar un territorio integrado en la Corona de Aragón. Pues jamás hubo un rey de Cataluña ni un reino de Cataluña, aunque los manuales se empeñen en hablar, contra toda evidencia histórica, de monarcas de la Casa Condal de Barcelona -la dignidad real procede del monarca de Aragón, no del conde de Barcelona- o de corona (o confederación) catalano-aragonesa, sugiriendo una primacía de Cataluña y, en última instancia, una anexión de Aragón por la inexistente, en ese momento, Cataluña. En fin, un disparate absoluto.

En muchos manuales aparece un tufillo supremacista extremadamente cargante, por el cual se contrapone una Cataluña rica, civilizada y europea a una España atrasada, bárbara y violenta. Y esta contraposición atraviesa todas las épocas, hasta llegar a su apoteosis en la edad contemporánea. Sin embargo, y de modo inexplicable, esta España atrasada ha impuesto siempre su yugo sobre la avanzada Cataluña. Especialmente durante la Guerra de Sucesión a la Corona de España (1700-1714), presentada en los manuales como una Guerra de Secesión entre Cataluña y España. En este sentido, es inexcusable visitar la exposición del Born o el Museu d’Història de Catalunya -concebidos primordialmente para visitas escolares- para hacerse una idea del grado de desfachatez al que puede llegarse.

Al llegar al siglo XX, los manuales derraman lágrimas de cocodrilo por la Cataluña oprimida en las dictaduras de Primo de Rivera y Franco. Pero no se les ocurre ni por asomo informar que Primo de Rivera fue aupado al poder desde Barcelona por la burguesía catalanista. Y que Franco dispuso de un apoyo absolutamente esencial de la catalanista Lliga y sus prohombres, especialmente por la máxima figura del catalanismo político, Francesc Cambó.

 

Háblenos de TV3, Cataluña Radio y medios afines como instrumentos de propaganda… 

Desde que los separatistas catalanes tomaron el poder en 1980, con el triunfo electoral de Pujol en las elecciones autonómicas, fueron conscientes de que necesitaban un arma de propaganda que pudiera llegar a las personas adultas, que ya no estaban en edad escolar. La prensa escrita no tenía apenas aceptación, pero la tv eran un medio ideal, apto para llegar directamente a las masas populares que no compraban la prensa en catalán. De manera que, sin escatimar medios, montaron la tv3 en poco tiempo. Durante todos estos años, tv3 ha cumplido sobradamente lo que se esperaba de ella, convirtiéndose en un altavoz del nacionalismo, el supremacismo y el secesionismo más desvergonzados, tanto en los programas informativos como en las series de ficción de producción propia y tertulias de actualidad. Es difícil encontrar una emisora de tv pública, salvo en Corea del Norte, con más sumisión al gobierno del que depende. Su influencia es especialmente relevante en las zonas rurales en donde, a menudo, hay familias que no ven otra emisora en casa.

El proyecto fue creciendo con más emisoras de tv y radio, hasta formar un conglomerado formidable (la CCMA Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals) de emisoras de radio y televisión al servicio del proyecto secesionista. La importancia de tener estos medios al servicio del prusés pudo apreciarse en la jornada del referéndum ilegal del 1 de octubre, durante la cual tv3 emitió una maratón propagandística a lo largo de todo el día, con pantalla gigantesca en la Plaza Cataluña incluida.

Quisiera añadir que resulta indignante pero comprensible que la CCMA sea un instrumento al servicio del régimen. Lo que ya resulta un auténtico misterio es que las emisiones en catalán de Radio Nacional de España (tanto las desconexiones de los informativos como Ràdio 4) sigan la misma línea. Alguien debe creer en Madrid que a los catalanes sólo se les debe suministrar productos en catalán (a pesar de que la población hispanohablante es el 60 % del total) ideológicamente sesgados. Creo que alguien debería dar explicaciones sobre esta línea de RNE en Cataluña.

Es un hecho la imposición del catalán como medio de segregación étnica en Cataluña…. 

Fue la línea adoptada desde los inicios de la Transición. Hubiera podido hacerse respetando la lengua materna castellana de la mayoría del alumnado, ofreciendo una enseñanza bilingüe progresiva, con el catalán formando parte de una oferta integradora. Hubiera sido así un proyecto democrático, integrador, digno de ciudadanos en una sociedad abierta.

En lugar de ello se optó por imponer el catalán, una lengua minoritaria en la propia Cataluña, para intentar asimilar a la población de origen no catalán, mayoritaria. Haciendo como si Cataluña fuera un Estado independiente, ante la pasividad de los sucesivos gobiernos de la Nación. Pero, a la vez, a esta población se la seguía considerando inmigrante, tratada con notable desprecio, como un problema. Esto no es extraño, puesto que el catalanismo político tiene una larga tradición racista y supremacista desde sus orígenes, de Pompeu Gener o el doctor Robert hasta Pujol y Barrera. De hecho, los catalanes de origen forman una oligarquía política y económica cerradísima, con unos cuantos apellidos charnegos en cargos políticos como imprescindible taparrabos. Aun así, Maragall se resistió de entrada a admitir que un charnego -incluso un individuo tan servil como Montilla- pudiera ser candidato por el PSC. Es el reflejo de casta.

El sistema de inmersión lingüística en catalán encierra una profunda hipocresía, pues sólo se aplica a los niños de lengua española cuyos padres no pueden pagar una escuela privada de élite. Los niños de lengua catalana estudian en su idioma. Y la oligarquía catalana lleva siempre a sus hijos a colegios que imparten una educación en varios idiomas, incluyendo el español, por supuesto. Y ahí se encuentran todos lo que han pasado por la presidencia de la Generalitat sin excepción, incluido Montilla.

En definitiva, se ha optado por un modelo educativo asimilacionista, segregador y profundamente antidemocrático. Y aquí hay que destacar el nefasto papel que ha tenido el PSC, principal responsable tanto de crear el sistema como de ahogar las protestas.

Esto no sucede en ningún país del mundo, que no se pueda estudiar prácticamente en el propio idioma….

Efectivamente, en ningún país del mundo se prohíbe que los niños puedan estudiar en su lengua materna cuando esta es, además, la oficial del Estado. No digamos si, encima, resulta ser una de las lenguas más importantes del mundo, como es el caso del español. Es una situación tan surrealista que a los extranjeros les resulta difícil de creer, hasta que pasan a residir en Cataluña y lo padecen personalmente.

¿Cómo podemos defender eficazmente el libre uso del español en las aulas?

Por parte de los profesores en la escuela pública, usándolo durante todo el tiempo, tanto en las actividades lectivas como no lectivas, de modo oral y escrito, sin concesiones. Por parte de los padres, solicitando a la administración educación en español para sus hijos y agrupándose con otros padres que estén en la misma situación. De lo contrario, está demostrado que la Administración Catalana, cuando se trata de peticiones individuales, les toma el pelo a los padres y promueve que elementos fanatizados les acosen, tanto a ellos como a los niños. Es importante que se creen Asociaciones de Padres que no estén copadas por elementos separatistas -cosa bastante habitual- para que puedan presionar adecuadamente a la Administración y exigir colectivamente sus derechos educativos.

¿Sería conveniente quitar al gobierno catalán la competencia de educación?

El nacionalismo ha demostrado, tal como comentábamos antes, una absoluta irresponsabilidad en la gestión de una competencia tan sensible como la educación. Han conseguido que la Generalitat sea el gobierno de los separatistas y para los separatistas, el resto de la población catalana se siente ajena totalmente, como si se tratara del gobierno de Corea del Norte. Lo mismo sucede con el tema de la educación.

En mi opinión, la mejor solución es que el Estado asuma directamente todas las competencias relacionadas con la Educación en todas las Comunidades Autónomas. Como alternativa, el programa mínimo sería establecer una red de centros estatales, dependientes exclusivamente del Ministerio de Educación, cuya lengua vehicular fuera la española, con la lengua cooficial como materia obligatoria, en nuestro caso el catalán. Habría que establecer, de entrada, un centro integrado (Primaria, Secundaria y FP) en las capitales de provincia y en cada ciudad de más de 50.000 habitantes. El número de centros de esta red estatal iría incrementándose en función de la demanda.

Además, la función inspectora de todos los centros, incluidos los de la red autonómica, debería estar exclusivamente en manos del Estado. Para ello habría que potenciar la Alta Inspección, dotándola del personal y los medios materiales necesarios. La nómina de todos los maestros y profesores tendría que ser abonada directamente por el Ministerio, pues a fin de cuentas son funcionarios del Estado, aunque cedidos a las Comunidades Autónomas. También habría que recuperar la autorización previa de los libros de texto por el Ministerio de Educación. En el caso de los manuales de Historia, la autorización debería expedirla la Real Academia de la Historia. Así se evitaría el adoctrinamiento y la deformación de la Historia en los colegios.

Por último, habría que hacer unas pruebas de evaluación de todo el sistema educativo, al final de la Primaria y de la Secundaria Obligatoria. Dichas pruebas serían las mismas para los alumnos de toda España, y su elaboración y corrección estarían a cargo del Ministerio de Educación. Ello repercutiría en una mejora de la calidad de la enseñanza y del nivel de nuestros alumnos. Se ha visto en la extraordinaria mejora que han experimentado los alumnos de Portugal en las pruebas PISA, después de introducir unas pruebas de este tipo. Si no se introducen estas correcciones mínimas, la escuela catalana seguirá siendo una máquina de producir separatistas y el triunfo de la secesión será inevitable a medio plazo. No nos queda mucho tiempo para poder enderezar la situación

¿Quiere añadir algo más sobre la actualidad catalana?

El gobierno parece haberse decidido ya a aplicar el artículo 155. Ha intentado evitarlo por todos los medios, pero la rebeldía permanente y desafiante del gobierno autonómico no le ha dejado otra salida. En el acuerdo del Consejo de Ministros del 21 de octubre, se alude al control de la policía autonómica, de los medios de comunicación públicos (tv3 y toda la CMMA), las comunicaciones electrónicas y el control financiero de la Generalitat. Sin embargo, no se dice nada acerca del control de la enseñanza pública, sus funcionarios y sus centros. Y me parece un tema capital. Como hemos visto, las escuelas han cumplido un papel fundamental como centros de adoctrinamiento para el proyecto separatista.

Un porcentaje muy amplio de profesores comparte la ideología separatista, y bastantes son activistas. Desde el 1 de octubre se ha producido agitación en los centros, con asambleas de alumnos, concentraciones y manifestaciones en la calle fomentadas por los equipos directivos y con la colaboración entusiasta de este amplio sector del profesorado. Es imprescindible que el Gobierno de la Nación controle estrechamente la enseñanza pública, y buena parte de la privada, para evitar que los colegios continúen siendo centros de agitación al servicio del proyecto de secesión.

Así mismo, es imprescindible que los principales responsables de esta situación respondan ante los tribunales. En este sentido, lo peor que podría suceder es que el gobierno hiciera caso de los cantos de sirena de la llamada Tercera Vía, consistente en proponer una salida airosa para los golpistas. Para empezar, según esta opción, nada de tribunales ni condenas. Por el contrario, elaboración de propuestas de apaciguamiento: privilegios económicos y reconocimientos simbólicos. A saber: Cataluña reconocida como nación; aval para seguir inmersionando y adoctrinando a los alumnos sin sobresaltos; reforma de la Constitución para aproximar sus contenidos a las tesis secesionistas. Sería la peor manera de cerrar esta crisis y dejaría a los golpistas en situación de intentar un nuevo asalto posterior, que podría ser el definitivo.

Javier Navascués

 

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