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Cuando apareció “El bucle melancólico” de Jon Juaristi, se abrió una primera brecha en la psique profunda de todo nacionalismo y no sólo en el vasco. Salvando las diferencias entre el nacionalismo vasco y el catalán, ciertas claves de esta obra nos sirven para entender hacia dónde vamos. El nacionalismo catalán -siempre he defendido- está enfermo de melancolía. La melancolía es fruto de un deseo que se percibe como alcanzable, pero que se deshace cuando los dedos ya rozan el objeto deseado. Lo peor es que nadie se engaña y todos saben que esa hipotética realidad nunca se concretará tal y como se anhela. La melancolía, por ello, genera bucles ciclotímicos de euforia y depresión. Euforia ante el ensueño y la frustración ante la realidad.

Cuando en 2012 se inició el último bucle del separatismo, Diada tras Diada, la espiral ascendente parecía imparable seguir leyendo …