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Ayer, y el relato fue pormenorizado por parte de los medios de comunicación, se produjo en el Parlamento catalán lo que por otra parte venía anunciándose. Y difícil es que pudiera sorprender a nadie eso que algunos llaman golpe de Estado. No sé es un golpe de Estado, sí es un golpe al Estado. Un golpe de Estado es un intento sedicioso de tomar el poder vulnerando cualquier tipo de legalidad. Pues la verdad es que cuadra, porque lo de ayer fue una sesión llena de fechorías, porque aprobaron leyes de manera torticera, saltándose el reglamento, que vulneran el Estado de derecho. ¿Por qué? Porque ayer, con la aprobación del referéndum y esta mañana con la previsible aprobación de la Ley de Transitoriedad, van a arrogarse algunos ciudadanos catalanes la soberanía que corresponde a todos los españoles.

Aprobaron leyes con el voto de Juntos por el Sí, la CUP y esa sensación de mediopensionistas que tienen los diputados de Podemos, que desde luego cada día insisten en hundir más su pobre imagen, porque se identifican con proyectos dictatoriales, cosa que por otra parte, tampoco debería sorprender a muchos. Podemos se situó ayer al lado del golpismo, renunciando a la legalidad, despreciando la democracia.

Ayer se aprobaron leyes que se han realizado en secreto, sin debate, sin enmiendas, sin control constitucional, saltándose los principios democráticos y sin tener la mayoría de escaño.

La oposición hizo un trabajo técnico no malo, pusieron a Carmen Forcadell fuera de sí. Hicieron que pervirtieran todas las normas democráticas del Parlamento de Cataluña.

Aprobaron la Ley y Carlos Puigdemont firmó el decreto que lo aprobaba. El letrado de la Cámara se negó a firmarlo y se lo hizo ver a Carmen Forcadell.

Ahora el Gobierno deberá estar apoyado por todas las fuerzas políticas decentes. Por otra parte, la Fiscalía tiene que comenzar a azuzar las querellas que merecen los que han permitido sacar adelante este absoluto desafuero, porque ayer el Parlamento catalán parecía un circo. Carmen Forcadell parecía Diosdado Cabello.

El caos, la charanga, la tensión, la radicalidad, el fanatismo, contra la propia Cataluña y contra cuatro décadas de democracia. Pobre Cataluña, víctima de ese juego sucio que consiste en secuestrar un Parlamento.

El numerito de ayer lleno de trampas tabernarias ha conseguido partir a Cataluña en dos. Veamos ahora cómo se canaliza en la calle y cómo la frustración que va a crear una actuación tabernaria que va a ser desmontada por el Constitucional, en determinadas bolsas sociales en Cataluña.

Vamos a estar pendientes cómo se gestiona la calle, cómo se gestiona la vergüenza”.