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No era mi intención levantar la pluma (metafóricamente hablando), pero me toca abajar las manos al teclado (literalmente hablando). Desde este blog personal, me había propuesto sólo tocar temas de reflexión sobre cuestiones de fondo, pausadas y sin dejarme arremolinar por los acontecimientos. Pero la historia muchas veces te sobrepasa con una avalancha de acaecimientos; y si no quieres verte superado debes plantarte como una estaca, mejor dicho como un roble, y reflexionar sobre lo que hace temblar un suelo que muchos creían firme y fácil de domeñar.

En muchos foros, conferencias y escritos, he reflexionado sobre el independentismo y la necesidad de comprenderlo y no precisamente para derrotarlo sino para “desencantarlo”. Creer que el independentismo es un enemigo externo y objetivable, es caer ya en la trampa que nos ha tendido. El independentismo no es –si es que alguna vez lo fue- un tema político, aunque formalmente se disfrace de tal. El independentismo es una de las múltiples manifestaciones de una enfermedad espiritual que se llama nihilismo y que se ha extendido por todo Occidente. Pensar que el combate contra el independentismo es político, es caer en el mayor de los errores estratégicos. Pues cada derrota de ese aparente enemigo, él sabrá transformarlo en victoria … seguir leyendo.