People hold placards and flag as they take part in a march of unity after last week attacks, in Barcelona

La manifestación de Barcelona ha sido, a mi entender, un momento triste de la historia de la democracia española. Nunca antes hubo una manifestación después de un atentado terrorista en la que no se denunciara a los asesinos. Esta vez no solo no había ni un cartel contra el Daesh, que da la casualidad de que ha reivindicado el atentado, sino que había multitud de carteles contra el Rey de España y contra el Gobierno de la Nación. Que, además, no tiene las competencias de seguridad contra el terrorismo. El colmo.

Hace falta ser verdaderamente idiota para llenar las calles con carteles contra las armas cuando los muertos de Barcelona fueron causados por un vehículo. Y por un arma blanca, pero supongo que los carteles no pretendían denunciar el supuesto tráfico de navajas de Albacete o de cuchillos jamoneros de Toledo.

La imagen del Rey y el Gobierno de la Nación marchando rodeados de «esteladas» ha resultado especialmente penosa. Reconozco su buena voluntad al no querer dejar el espacio en manos de los independentistas e ir a Barcelona sabiendo que corrían este riesgo. Pero, lamentablemente, la manifestación de Barcelona sólo ha sido un éxito para los que llevan nueve días intentando capitalizar el atentado para sus intereses bastardos.

Publicado en Abc,

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¿Quién ha financiado los carteles que se repartieron a los manifestantes?