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En el diario francés Le Figaro, el hispanista Benoît Pellistrandi firma una dura pieza de análisis sobre los atentados de Barcelona y Cambrils y anuncia a Puigdemont que deberá optar entre la CUP y el proceso separatista o la Constitución para combatir el terrorismo.  En él recueda que “el análisis geopolítico de estos atentados no debe ignorar la muy particular coyuntura en la que ocurren” y que Nunca estuvieron tan deterioradas las relaciones entre la Generalidad y el Estado a causa del proyecto independentista”.

Pellistrandi dice lo que nadie se atreve a escribir aquí. Por ejemplo el contraste del minuto de silencio en la Plaza Cataluña y que Ada Colau no hubiera colocado la foto de Don Felipe en el salón de plenos: “Cuando se conocen las mezquindades que los separatistas son capaces de hacer, se mide mejor el poder simbólico de la imagen de 18 de agosto 2017”.

El artículo de Le Figaro, recuerda las semanas previas en Cataluña, el cese del consejero de Interior y el del jefe de los Mossos, Albert Batlle, “por anunciar su intención de respetar la Constitución”. O analiza correctamente: “También se ha derrumbado el discurso de la singularidad catalana. Barcelona y Cataluña serían la Suiza del Mediterráneo. Neutral y benevolente, estaría a salvo de las grandes crisis geopolíticas del mundo actual. El terrorismo yihadista ha acabado con ese espejismo. Cataluña, española o no, es una realidad occidental y es odiada por ello“.

El zasca sigue asegurando que Puigdemont se deberá ceñir a la legalidad. “Si la lucha contra el terrorismo se hace a través del Estado de Derecho, tendrá que respetar los derechos y obligaciones de la Constitución de 1978.”, escribe o “Más allá de la lucha global contra el terrorismo, los atentados en Barcelona y Cambrils marcarán un antes y un después en la crisis separatista. Esto es, sin duda, la consecuencia más inmediata de los ataques. De un mal puede salir un bien si las autoridades políticas recuerdan que sirven al bien común y no a los sueños nacionalistas radicales”,

Por último, denuncia el autor, pide al gobierno catalán que renuncie al apoyo de la CUP. Tras aludir a las acciones y el discurso de los radicales contra el turismo afirma: “Es urgente que Puigdemont clarifique sus alianzas. La violencia no puede ser condenada por un lado e instrumentalizada por otro”.