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Una de las acciones más espectaculares y sangrientas de la guerrilla española durante la guerra de la Independencia fue la voladura por sorpresa del castillo de Lérida en la noche del 15 al 16 de julio de 1812.

Después de 2 años de ocupación militar  francesa  de Lérida, caracterizada por la dura represión de los generales Bertoletti y Henriot, con numerosos fusilamientos y detenciones la resistencia patriótica respondió con una acción espectacular …y polémica.

El hijo del guarda almacén del castillo, un joven apellidado Rabassa a quien los franceses conocían y en quien confiaban se puso en contacto con el general Lacy que mandaba al ejército español en Cataluña en aquel momento y se ofreció a volar los 1500 quintales de pólvora almacenados, sepultando el castillo y a cientos de soldados franceses.

Lacy aceptó y se puso en marcha la operación. La noche del 15 de Julio el joven Rabasa penetró en el almacén de la pólvora y la encendió hábilmente con un sistema de mechas muy lentas. La explosión debía tardar 3 horas, aunque a la hora de la verdad tuvo lugar 1 hora antes de lo previsto a la 1 de la madrugada. Rabasa pudo escapar perfectamente pues los franceses le conocían y confiaban en él.

La deflagración fue colosal. Se vino abajo la mayor parte del castillo pero también numerosas casas de la ciudad se vinieron abajo. Los daños fueron enormes. El número de víctimas no se sabe con seguridad pero se cree que los muertos pasaron como mínimo de 250. La mayoría fueron soldados franceses pero cerca de un centenar de leridanos también murieron.

Los medios franceses no sólo de Cataluña sino de la misma Francia se escandalizaron hablaron de barbarie y llamaron “terroristas”, “anarquistas” y criminales a los guerrilleros  españoles y sobretodo a los generales españoles Lacy y Sarsfield ( españoles de origen familiar irlandés) que se suponía estaban tras la acción. Lo llamaron “el horrible atentado de Lérida”. Arreciaron los ataques propagandísticos franceses contra la guerrillas  españolas, calificándolas  de bandas criminales y grupos de bandoleros.

En Cataluña la acción  también fue polémica por el alto número de víctimas civiles. Debido a las quejas por ello de las autoridades  de la Junta catalana, el Gobierno de Regencia (sucesor de la Junta Central y establecido en Cadiz) destituyó al general Lacy aunque agradeciéndole sus servicios en Cataluña, donde había dirigido numerosos combates.

Rabasa consiguió escapar a Mallorca donde vivió a partir de entonces gracias a un sueldo que le pasaba el Gobierno de la Regencia.

Independientemente de lo que se piense sobre esta voladura, evidenció que los catalanes no estaban dispuestos a aceptar la anexión de Cataluña a Francia decretada por Napoleón y sus ganas de luchar con dureza contra la ocupación seguían intactas.
Rafael Maria Molina. Historiador