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ARRAN, las juventudes con piercing y rasta cuyos padres tienen pasta.

 

La cosa pinta bastos, si de la Revolución de las sonrisas en primavera hemos pasado a las navajas a principios de agosto. Copiando la estrategia de los psicópatas de ETA, la cantera de jóvenes y jóvenas de la TRIBU-CUP, han iniciado una campaña de acoso contra el turismo en Barcelona, agrediendo a turistas y pinchando los neumáticos de las bicicletas de alquiler propiedad de la alcaldesa Ada Colau y su marido, conocido en el consistorio por el “Clavijas” o el “Reco”, abreviatura de recolocado.

El Politburó de la formación cromañón ante el descalabro electoral que vaticinan todas las encuestas, ha querido aprovechar el verano para hacer marketing de guerrilla con cuatro duros a golpe de postureo subversivo-subvencionado. Algo así como Cañamero, alias el “Desert”Desertor del arado-, que con seis ocupaciones televisadas, logró finalmente su “paguita” de señorito en la capital. Ahora se pasea por el Congreso con camisetas-eslogan, pero sin abrir la boca, porque los que manejan el cotarro lo tienen de atrezo rústico-campesino por aquello de la transversalidad político-social.

La próxima acción “revolucionaria” de los navajeros marxistas-pujolistas será presentarse en pelota picada frente a hoteles  y pensiones, y embadurnarse con pintura roja simulando ser focas o koalas en peligro de extinción. También tienen previsto miccionar en el “Calimotxo Solidari” de las Festes de Gràcia.

Esperemos que cuando se inaugure el mega proyecto turístico de BCN World, aprobado por el gobierno comisionista de Purgamont, se inmolen un buen puñado de ellos con cinturones explosivos contra los cimientos de casinos y  hoteles.

Esto último no creo que llegue a suceder, porque al final acabarán enchufados en algún organismo público por los servicios prestados a Catadisney, como el “Clavijas” a la señora alcaldesa.

 

Sandra Ventura

 

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