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Pues nada, ya hemos oído al president en la prensa francesa: si lo inhabilitan, no piensa hacer ni caso porque a él solo puede inhabilitarle el Parlamento catalán. Nueva baladronada del jefe, nueva machada. Todo lo que sea hablar se le da de maravilla, pero en cuanto hay que firmar un papel, le pasa el bolígrafo a Junqueras, quien lo hace desaparecer como por arte de birlibirloque. Además de largar, la otra especialidad de Cocomocho es nombrar independentistas radicales para cargos de confianza: de ahí que los Mossos d’Esquadra estén ahora en manos de dos energúmenos como Joaquim Forn y Pere Soler; el primero se estrenó hace 25 años con la campaña olímpica Freedom for Catalonia, y el segundo tuiteaba mensajes ofensivos para los españoles, que le dábamos mucha pena. Se trata, supongo, de que, si pintan bastos, estos dos pretorianos se encarguen de poner a la policía autonómica a las órdenes de un presidente que se expresa como un portero de discoteca. Estoy esperando con ansia que le diga a Montoro, caso de que éste le corte el grifo del FLAque te meto con el mechero afloja la mosca, calvorota.

Para no ser nadie, Puigdemont se ha crecido muchísimo desde que Artur Masle cedió el puesto por imperativo de la CUP. Porque, vamos a ver, ¿quién es el tal Puigdemont y qué ha hecho en la vida? Pues aparte de atiborrarse de xuxos de la pastelería familiar, poca cosa. Básicamente, vivir siempre a costa del erario público: toda su carrera periodística –por llamarla de alguna manera– ha sido sufragada por la Generalitat, lo que le hace equivalente al que empieza de botones en La Caixa y, al cabo de muchos años, acaba de director de una sucursal en Girona. Da vergüenza enviarle a Madrid, y ya no hablemos de sus viajes a lo largo y ancho de este mundo, solo o en compañía de Romeva, otra lumbrera.

Para no ser nadie, Puigdemont se ha crecido muchísimo desde que Artur Mas le cedió el puesto por imperativo de la CUP

Si, como parece, está dispuesto a llegar al enfrentamiento con el Gobierno central, ¿por qué no lo hace de una vez? De momento, ni él ni sus secuaces se mueven de la postura modelo “perro ladrador, poco mordedor”. Cada día son más chulos, sí, más ofensivos y más desagradables, pero los días van pasando y el referéndum sigue siendo una promesa para cuyo cumplimiento no se hace nada de nada. ¿Les va a vender alguien las urnas de viva voz y con un apretón de manos? En eso parece confiar el Junqui, que le tiene un miedo atroz a estampar su firma en un papel. ¿Se piensan tirar dos meses gruñendo, despotricando y sin poner nada en marcha? ¿Nos convocarán a las urnas de palabra y por TV3 y Catalunya Ràdio? ¿Recuperarán la entrañable figura del pregonero en las ciudades y pueblos de Cataluña?

Por si acaso, no estaría mal ir poniendo a los mossos a las órdenes del Ministerio del Interior, ¿no crees, Mariano? No sea que luego haya muertos, como cuando lo de Companys. Y tampoco estaría mal tapiar las alcantarillas, que es por donde suelen darse el piro los sediciosos. Tengo más propuestas, pero no me caben.

Publicado en Crónicaglobal