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La cuestión es más sencilla de lo que parece. Ayer se anunció que se anunciaría cuando se firmaría el decreto. Pero no hay forma. Nadie quiere coger el cuerno de la fiscalía por los cuernos. Por ello, Puigdemont, el tonto-listo, está urdiendo un plan de emergencia: que sean los ayuntamientos los que se mojen y que sobre ellos caigan las más que probables inhabilitaciones.

Con otras palabras, todos están que no saben por donde salirse. incluso hace varios días que no se oye no a la Anna Gabriel. De momento Puigdemont está recorriendo pueblos (ya se acabó recorrer continentes) e intenta animar a los responsables municipales a que “apoyen con todo su entusiasmo”. Estos es, que se pringuen ellos.

Nos quedan muchos días de gloria a los analistas políticos.