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Durante todo el siglo XIX fue constante la guerra en el sur de Filipinas entre el ejército español y los rebeldes musulmanes de las islas de Jolo y Mindanao. Los moros atacaban las poblaciones cristianas para robar, matar y esclavizar a los indígenas obligando a nuestra Armada y a nuestras tropas a llevar a cabo frecuentes incursiones de represalia y castigo.

Uno de los oficiales españoles más eficaces en esta difícil guerra fue el gobernador de Jolo, el coronel valenciano Don Juan Arolas y Esplugues. Arolas llevó a cabo numerosas campañas. Una de sus ofensivas más importantes fue el asalto y conquista de la cotta o fortaleza de Maibung, sede del sultán de Jolo, en 1887.

1.jpgMaibung estaba en la costa sur de la isla de Jolo. Las fuerzas de Arolas se componían de 800 hombres del Regimiento de Infantería Iberia número 2. El coronel Don Ligorio Vendrell y los capitales Don José Solis y Don Ramón Surriá, acompañaban a Arolas. La columna llevaba también escalas de asalto.

El 16 de abril llegaron las tropas a Maibung. El coronel Arolas dirigió una breve arenga “Soldados: En la cotta Palacio de Maibung ondea una bandera roja y este reto lo aceptan siempre las bayonetas españolas. ¡Vamos a tomarla!, El que vuelva la cara será fusilado en el acto y si yo la vuelvo, matadme”. La cotta Maibung estaba formada por 4 grandes fuertes de piedra con grandes parapetos de troncos de árboles. Tenía 10 cañones, 1 ametralladora y casi 1200 rebeldes con fusiles.

Las tropas españolas iniciaron el avance encabezadas por el propio Arolas a caballo. Numerosos soldados empezaron a caer por el fuego de la ametralladora y los fusiles rebeldes, pero sus compañeros continuaron el ascenso enardecidos al grito de ¡Viva España! Arolas gritó ¡A escalar el muro! Y los soldados se lanzaron con ardor al asalto del fuerte principal. El cabo Villoria se apodera de la ametralladora, la sección de tiradores corona el muro y entonces llega el grueso de nuestros soldados que entablan un sangriento combate a la bayoneta contra los rebeldes.

Finalmente el enemigo huyó en masa y toda la fortaleza quedó en manos españolas. Se encontraron gran cantidad de granadas, balas explosivas y barriles de pólvora. Murieron 131 moros y 300 más quedaron prisioneros. Por parte españolas hubo 32 muertos, 59 heridos graves y 25 leves. Todos los heridos fueron condecorados con la Medalla al Mérito Militar. El coronel Arolas y sus hombres fueron aclamados a su regreso a la ciudad de Jolo por miles de españoles, indígenas y chinos. Los soldados muertos recibieron un solemne funeral.

Rafael María Molina. Historiador