Nuevamente otra iglesia en Barcelona ha sido atacada con pinturas irreverentes. Alguno pude decir que es una chiquillada, pero estos ataques ya son continuos y programados. Ya hemos contemplado cómo quemaban la puerta de la iglesia de San Vicent de Sarrià. La quiebra del consenso social se percibe en estos hechos que algunos no quieren dar importancia. Pero no hay nada peor para una sociedad que ciertas fracturas irremediables. De eso ya tuvimos suficiente hace 70 años.

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