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Este primero de mayo, y como manda la tradición, hemos visto a los llamados sindicatos de “clase” salir a la calle, y hemos podido apreciar también que su capacidad de convocatoria merma día a día. En Cataluña estrenan lideres nuevecitos (al menos hemos perdido de vista al sectario y cínico Juan Carles Gallego) que amenazan a la patronal con terribles actos “revolucionarios” si no se atienden sus reivindicaciones. Teniendo en cuenta que estos mismos sindicatos apoyan el “referéndum” y el “derecho a decidir”, es decir, comen de la mano de la burguesía separatista, sus amenazas no asustan a nadie.

Dejando aparte la situación concreta de Cataluña hemos podido apreciar que en esta jornada las organizaciones sindicales han centrado sus críticas en la precariedad laboral, el paro y los bajos salarios. Su diagnóstico es correcto, pero incompleto. Se han quedado en los síntomas, pero no saben, no pueden o no quieren diagnosticar la enfermedad, y esta tiene un nombre: GLOBALIZACION. Y la Globalización tiene tres patas: la libre circulación de capitales, la libre circulación de mercancías y la libre circulación de personas.

La libre circulación de capitales significa que las grandes empresas invierten donde les da la gana, con lo cual chantajean a los gobiernos para aprobar leyes que les benefician en detrimento de los intereses de los trabajadores. Además tributan donde quieren, lo que hace disminuir los ingresos del Estado.

La libre circulación de mercancías, a través de los tratados de libre comercio, significa que nos invaden productos fabricados en países de coste laboral cero, lo cual hunde nuestra industria y comercio local, a la vez que presiona a favor de unas condiciones laborales “más competitivas” (o sea, peores para los trabajadores).

La “libre” circulación de personas significa la invasión de mano de obra barata, no cualificada y dócil que revienta las condiciones de trabajo de los obreros locales. Los inmigrantes son la nueva reserva de mano de obra barata, y para más INRI con el aplauso de la izquierda y de los propios sindicatos (“Refugiados Wellcome”).

No hemos oído nada de todo esto en las manifestaciones del primero de mayo. Los sindicatos “de clase” me recuerdan a aquel señor que quería visitarse gratis con un médico conocido:

-Doctor, me encuentro mal: tengo tos, estornudos, fiebre y dolor de cabeza.

-Amigo, usted tiene la gripe- contesto el médico

-¿Y usted que hace cuando tiene la gripe?- replico nuestro amigo

– Pues tengo tos, estornudos, fiebre y dolor de cabeza.

Amigos, que los graves problemas que nos afectan son el paro, la precariedad laboral y los bajos salarios ya lo sabemos. Pero hay que ir al fondo de la cuestión y señalar la causa.

Al llegar aquí los sindicatos “de clase” se detiene. No sea que si señalan a la Globalización como culpable les digan que su discurso se aproxima a Marine Le Pen, y les quiten las subvenciones de las que viven.

Pues eso.

Josep Alsina Calvés