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Desde su fundación Unió Democràtica de Catalunya ha sido un partido contradictorio que nunca ha sabido encontrar su espacio político. Quiso ser más “progre” que la Lliga, pero demócrata-cristiano; sus miembros fueron perseguidos por el Franco y por los anarquistas. Carrasco Formiguera fue detenido por las fuerzas nacionales y fusilado, mientras huía de los anarquistas de Barcelona que también querían fusilarlo.

Tener un “mártir” les dio rédito político. En la transición vivieron a la sombra de Convergencia, hasta que aprendieron a corromperse solitos. Luego llegó el momento de ser moderados y cristianos, mientras sus juventudes eran en su mayoría agnósticas e independentistas.

Hoy por fin desaparece. Y no es que en Cataluña haya desaparecido el “necesario” catalanismo moderado; simplemente es que no tiene su espacio ni lo ha tenido nunca. El catalanismo siempre se ha deslizado en cuesta abajo hacia el radicalismo.

Bye, bye UDC. NO os echaremos de menos.