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Un antiguo monaguillo devoto decidió convertirse en palmero del separatismo catalán y de la izquierda radical. Germinans Germinabit narra magistralmente estos hechos de amargo sabor. Les ofrecemos un resumen de la historia de una traición.

El Ayuntamiento de L’Hospitalet de Llobregat en el pleno del pasado 22 de noviembre se aprobó una moción, en el que se instaba al arzobispo de Barcelona a que trasladase al párroco de la parroquia de la Inmaculada, P. Custodio Ballester a otra localidad.

Cuando se aprobó la anterior fatwa, en abril de 2015, Ciudadanos no tenía representación en el consistorio. A partir de las elecciones de mayo de 2015, el partido naranja incorporó cuatro concejales al ayuntamiento entre ellos Jesús , que posee la particularidad de haber sido monaguillo de Mn. Custodio en su parroquia de Sanfeliu.

Este joven concejal, de sólo con 24 años, frecuentó hace unos años con su madre la parroquia de la Inmaculada. Mn. Custodio veía tanto fervor religioso en aquel joven que le propuso su ingreso como monaguillo. Tan agradecidos estaban que no se perdían una misa. La madre lo acompañaba a todos los cultos e incluso, para que luciera adecuadamente, le pasaba el peine en la sacristía. ¡Qué el Kesu debía salir bien guapo!

Kesu fue un monaguillo tan aplicado y celoso en su menester que, pasados dos años, el párroco Ballester se planteó inscribirlo en el Seminario menor. Sin embargo, el sacerdote debió ver algo que no le acababa de convencer y fue demorando el ingreso, con la decepción del chico y la madre. A partir de aquel momento, las relaciones se enfriaron y aquel monaguillo piadoso y su mamá incondicional se fueron alejando de la parroquia de la Inmaculada.

Con el paso de los años, Kesu se convirtió en Jesús Amadeo y se afilió a Ciudadanos, presentándose como número 4 en la lista electoral de L’Hospitalet en las elecciones municipales de mayo de 2015. El partido naranja obtuvo unos excelentes resultados y Jesús Amadeo logró una inesperada plaza de concejal. Un joven estudiante de ciencias políticas, sin más experiencia laboral que unos contratos temporales en Telepizza, Copisa y Casa Ametller.

Pero cuando llegó la hora de verdad, aquel monaguillo repeinado hizo tabla rasa de su pasado, con evidente menoscabo de cuanto bien aprendió gracias a Mn. Custodio Ballester y se atrevió a votar a favor de una moción que pide la expulsión del sacerdote de la parroquia que tiene encomendada, contribuyendo no sólo a la escandalosa intromisión del poder político en el ámbito religioso, sino al linchamiento moral de aquel que había sido su preceptor espiritual.