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En diciembre de 1761 el Gobernador español de Nuevo México, Manuel Del Portillo Urrusolo planeó y ejecutó una contundente represalia contra los agresores comanches.  Todo empezó en agosto de 1760 cuando un ejército de 3000 comanches arrasó la ciudad de Taos en Nuevo México, quemando 15 grandes ranchos y matando y secuestrando a casi 100 colonos hispanos.

Un año más tarde Del Portillo fingió querer negociar el rescate de los cautivos españoles y atrajo hasta las proximidades de Taos guerreros indios. Los jefes comanches fueron recibidos con solemnidad, pero de pronto fueron capturados por los soldados.

A continuación “tras encomendarse a Santiago y a la Reina de los Ángeles” un ejército español de milicianos y soldados de Cuera se abalanzó sobre los 60 grandes “tipis” donde estaban los guerreros indios. 300 de ellos consiguieron escapar, pero el resto de los comanches se vieron cercados. Los indios fueron diezmados por el fuego de cañón y de los mosquetes españoles. Intentaron resistir al arma blanca, pero los españoles eran muy superiores en el combate cuerpo a cuerpo. A pesar de ello los guerreros comanches lucharon hasta el final sin rendirse. Murieron 400 comanches, incluyendo mujeres y niños. Fue el mayor desastre militar de la historia de la nación comanche hasta aquel momento.

Los comanches pagaron aquel día los muchos años de asaltos y ataques contra los ranchos y pueblos hispanos. Escarmentados en 1762 los comanches firmaron la paz, que duró unos años, pero en 1768 reemprendieron sus ataques. En los siguientes años el Gobernador Juan Bautista de Anza se encargaría de someterlos con duras campañas periódicas.

 Fuente: El Imperio Comanche. Pekka Hamalainen.( 2011.)

Rafael María Molina Sánchez. Historiador

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