1655, asalto de veinte mil moros a Ceuta. Mueren dos mil de ellos


Rafael María Molina 

El 10 de junio de 1655 la ciudad española de Ceuta se vio asaltada por 20.000 soldados moros, al mando de Muley Ben Bucar, uno de los pretendientes al trono de Marruecos, que en aquella época estaba bajo el reinado de la dinastía Saadi. En aquel momento el sultanato de Marruecos no tenía control sobre gran parte del territorio marroquí y algunas zonas, como la ciudad de Tetuán, funcionaban en la práctica como ciudades estado independientes, aliadas con diferentes pretendientes al trono.

Ceuta fue la única plaza de origen portugués que voluntariamente decidió permanecer bajo la corona de Castilla cuando Portugal se independiza de España en 1640.

Ceuta, que anteriormente perteneció a Portugal, se había mantenido fiel a la Corona española en 1640 y en el momento del ataque moro su gobernador era un noble y militar portugués prohispánico, el Marqués de Tenorio y de los Arcos, vizconde de Villanueva de la Serena, quien ya había servido años antes como oficial de caballería en Flandes y en Cataluña, donde se había distinguido en los combates en torno a Lérida, contra los franceses y los catalanes separatistas profranceses partidarios de Claris.

Advertido de la inminencia del ataque, el marqués no quiso encerrarse tras los muros de Ceuta sino que salió a hacer frente a los moros a campo abierto a la zona del actual Castillejos o Fnideq, donde estableció trincheras y posiciones que los moros intentaron asaltar sin éxito. Los ataques marroquíes se estrellaron contra los arcabuces, mosquetes y los cañones españoles, sufriendo fuertes pérdidas los atacantes. Según las fuentes españolas, dos mil cadáveres moros quedaron sobre el terreno, teniendo Ben Bucar que pedir permiso después a los españoles para poder enterrarlos.

Ese primer asalto – nunca mejor dicho- había fracasado, pero quedaron claras las intenciones de los magrebíes. En 1658 se reconstruyeron las murallas de Ceuta en previsión de nuevos ataques…lo cual iba a ser muy útil a partir de 1694, cuando daría comienzo el gran asedio del sultán de Marruecos, que iba a durar nada menos que 33 años, hasta 1727. Fue una defensa épica que terminó por obligar a retirarse a los moros, quienes lo volverían a intentar, fracasando igualmente, en 1732 y 1757.

En cuanto al ataque de 1655, algunas fuentes rebajan los atacantes moros a alrededor de 10.000 pero de lo que no cabe duda es que fue una gran derrota para los magrebíes.

El ataque y la batalla se describen con detalle en una de las «Relaciones» de aquel tiempo, (las Relaciones eran como los periódicos de la época, que informaban al público que sabía leer de las noticias más importantes) que recoge el historiador Antonio Gómez en el volumen V de su meritoria serie de libros: «Con Balas de Plata», que reúne las Relaciones de las batallas de las tropas hispánicas durante la Guerra de los Treinta Años, en el siglo XVII.

Queda claro que los ceutíes y melillenses llevan siglos defendiendo su españolidad y que en otra épocas la Corona española era mucho más contundente en la defensa de sus derechos y los de sus súbditos en el norte de África.



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