El Principito


José Vicente Pascual

Dicen los adustos que el asunto Errejón se ha orquestado para tapar mediáticamente la hediondez del pantano Ábalos-Begoña. No estoy de acuerdo. Maniobras políticas aparte, que las hay, el escándalo del Principito es un ladrillo más, espectacular, rotundo y demoledor en la carreta de indecencias que arrastra con más pena que vergüenza el gobierno llamado progresista. Lo sabían todas y todos callaron. Lo sabían todos y todas, pero todos y todas miraron hacia otro lado, enviaron a la siniestra Loreto Arenillas para que aplacase a las víctimas y echara tierra sobre los lamparones que iba dejando aquí y allá el Principito; lo sabían todos y todas y los mismos todos y todas —las mismas todas— se ponían en cabeza de las manifestaciones feministas y clamaban contra la derecha patriarcal y machirula. Mayor indignidad no cabe, ni mayor cinismo ni mayor desfachatez. No es cortina de humo, es la lógica consecuencia de un gobierno y su alianza entre bandidos dispuestos a arrasar con todo: con la nación, las arcas públicas, la razón democrática, la ley y la Constitución, las instituciones del Estado. Nada les impide, ya puestos a hacer de su capa un sayo, irrumpir en la vida de los demás como amos del cortijo, echar a la policía contra quienes les molesten —véase el caso de Nacho Cano— o abordar a las mujeres como les dé la gana, en plan derecho de pernada. Se saben inmunes y dueños de la ley y de la fuerza.

Me comparan algunos al Principito con Ábalos: cierto. La corrupción es corrupción, valerse del poder político y el estatus desde las pocilgas del poder para vivir al “estilo neoliberal”; o sea: ser unos golfos. Dice Ábalos que por 70.000 € no se corrompe quien no sea un tío cutre, ahí lo deja. Hay quien mata por treinta pavos, pero bueno, esos mundos en lo sórdido de cuatro cuartos no son territorio de los grandes cazadores como Ábalos, ni el espacio mugriento del abuso sexual en descampados y polígonos industriales son ámbito para el gusto del Principito; él, de actriz para arriba… Ya llegará la diputada por Más Madrid, la famosa Arenilla, para solucionar sus entuertos. Ábalos y Errejón son la cara y la cruz de la misma moneda: la codicia y el sexo pagando —con el dinero de la magia tributaria— o sin pagar, por la cara linda del depredador. Son lo que son y son como son: una manga de rufianes, la peor clase política que ha padecido España desde tiempos de la cheka de Alcalá de Henares. Al final no caerán por Ábalos ni por Begoña, por el hermano extremeño/portugués del presidente o por el tito Berni, ni por Globalia ni por Delcy; van a caer por acumulación de inmundicia. Por su propio peso muerto.

PS./ Antonio Maestre, ve calentando que sales.



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1 respuesta

  1. Errejón: «La violencia machista es una lacra. ¡Hay que luchar contra ella!»

    Dimite Errejón, tras ser denunciado por violencia machista.

    Menudo chiste. Ja, ja, ja.

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