Entrevista a Mons. Schneider: «El libro `El Liberalismo es pecado´ es de extrema actualidad»


Del 13 al 15 de mayo, Madrid acogerá un encuentro esperado y deseado por muchos, de índole espiritual e intelectual organizado por la Asociación Jóvenes por España con el fin de fortalecer en la Fe y dar testimonio de fidelidad a la Iglesia.

El viernes 13 a las 19:00 horas, fiesta de la Virgen de Fátima, Madrid dará la bienvenida a Monseñor Schneider en el Hotel Illunion Pío XII (Avenida Pío XII, 77) para la presentación de la reedición del libro «El Liberalismo es pecado». En ella, intervendrán los reconocidos profesores Alberto Bárcena y Javier Barraycoa, junto con Monseñor Schneider, que ha escrito el prólogo de esta reedición realizada por la Asociación Luz de Trento. El encuentro será seguido de una gran cena homenaje presidida por el obispo Schneider, cena a la que hay que inscribirse para poder asistir. Todavía pueden apuntarse llamando o escribiendo a través de WhatsApp o Telegram al 669110798.

El sábado 14, después de la celebración de la Santa Misa, Monseñor Schneider compartirá desayuno y paseo en los alrededores del Cerro de los Ángeles con un nutrido grupo de jóvenes llegados de toda España. A las 11:30 horas, bendecirá el Centro Cultural Ardemans (C/ Ardemans, 66), donde también firmará ejemplares de «El Liberalismo es pecado». Por la tarde, a las 19:00 horas, presidirá el rezo del Santo Rosario frente al Congreso de los Diputados pidiendo la conversión de los políticos.

El domingo 15, Monseñor Schneider, visitará la Colegiata de San Isidro, para venerar al santo patrono de Madrid y rezar ante sus restos en el día de su fiesta, que este año coincide con el 400º aniversario de su canonización. Animamos desde aquí, a acompañar al señor Obispo en tan señalada fecha. A las 14:00 horas tendrá lugar una comida en un ambiente más familiar y, entrada ya la tarde, celebrará la Santa Misa.

Mons. Atanasio Schneider, O.R.C obispo auxiliar deAstaná (Kazajistán). Es miembro de los Canónigos Regulares de la Santa Cruz. Analiza para InfoCatólica lo que supone su visita a España a presentar el libro El Liberalismo es Pecado y a rezar ante el Congreso de los Diputados por la conversión de los políticos españoles.

¿Cómo valora la oportunidad de poder volver a España, tierra de María Santísima?

España fue elegida por la Divina Providencia para dar una contribución excepcional a la consolidación de la Fe católica y su difusión en el mundo, en particular a través de la evangelización de las Américas. Gracias al esfuerzo de los grandes santos y obispos españoles, especialmente de San Isidoro de Sevilla, considerado también el último de los Padres latinos de la Iglesia, la herejía arriana fue derrotada y España se convirtió en los siglos VI y VII en una nación verdaderamente católica. Incluso antes de las saludables normas del Concilio de Trento para la auténtica reforma de la Iglesia, ya había en España esfuerzos concretos hacia una reforma eclesiástica de la santidad del clero, de la sacralidad de la liturgia y de la promoción de la teología en el sentido de la sana Tradición. A ello contribuyeron eficazmente los Reyes Católicos de España, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, y el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros. El inicio de la Fe católica en la Península Ibérica tiene un carácter mariano. Según la antigua tradición, el apóstol Santiago el Mayor trajo la fe a España y en Zaragoza, dice la tradición, se le apareció Nuestra Señora sobre una columna y lo fortaleció en su ardua labor misionera. Por eso la devoción a la Virgen del Pilar tiene una importancia espiritual tan crucial para España, que, por su origen católico, recibe con razón el nombre de «tierra de María Santísima».

Y lo hace precisamente un 13 de mayo, fecha asociada a la aparición mariana que marcó el siglo XX y sigue de actualidad…

Las apariciones que tuvieron lugar en Fátima en 1917, pueden considerarse uno de los ejemplos más señalados de dones y carismas proféticos en la historia de la Iglesia. Dios envió a su Madre Inmaculada a Fátima en 1917, y la bienaventurada Madre de Dios proclamó sus apremiantes advertencias maternas en razón de los graves peligros espirituales que se cernían sobre toda la familia humana a comienzos del siglo XX. Estas advertencias de Nuestra Señora han resultado ser verdaderamente proféticas, en vista de la inusitada situación de incredulidad, ateísmo y rebelión descarada contra Dios y sus mandamientos en los tiempos que vivimos. Durante el siglo XX la vida privada y la pública se caracterizaban como una existencia sin Dios y contra Dios, sobre todo con las dictaduras ateas francmasónicas (por ejemplo, la dictadura masónica mexicana de los años veinte), el nacionalsocialismo hitleriano en Alemania, el comunismo soviético (en los países que conformaban la Unión Soviética) y el comunismo maoísta de China. En los albores del siglo XXI se desató la guerra contra Dios, contra Cristo y sus divinos mandamientos con unas proporciones poco menos que mundiales mediante ataques blasfemos contra la creación divina del ser humano como varón y mujer por medio de la dictadura de la ideología de género y de la legitimación pública de toda clase de depravaciones sexuales.

Durante el siglo XX, fue la Rusia comunista el instrumento más poderoso y de mayor alcance para la difusión del ateísmo y la guerra contra Cristo y su Iglesia. Era una guerra abierta y frontal. Con la Revolución Bolchevique de 1917, Satanás comenzó a valerse del país más extenso del mundo y de la más grande nación cristiana de Oriente para combatir abiertamente a Cristo y a su Iglesia. El 13 de julio de 1917, mientras Nuestra Señora hablaba del peligro inminente de que Rusia difundiera sus errores por todo el mundo, era imposible imaginar la situación verdaderamente apocalíptica de persecución de la Iglesia y difusión del ateísmo que iniciaría Rusia escasos meses después en octubre del mismo año. Las apariciones de Fátima demostraron de esa manera su carácter innegablemente profético.

Como principal remedio para el ateísmo teórico y práctico en el que se halla inmersa la humanidad en los tiempos actuales, Nuestra Señora señaló el rezo del Santo Rosario, el culto y devoción a su Inmaculado Corazón con la práctica de los cinco primeros sábados de mes y la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón, consagración que tiene que hacer el Papa en unidad con todo el colegio episcopal.

Gracias a Dios, el Papa Francisco consagró Rusia al Inmaculado Corazón de María el pasado 25 de marzo, cumpliendo los pedidos expresados por la Virgen María a través de Sor Lucía. Pero ahora debe comenzar un proceso serio de conversión, y en primer lugar dentro de la Iglesia.

¿Qué supone poder presentar la reedición del libro El Liberalismo es pecado al lado de dos grandes intelectuales españoles como Javier Barraycoa y Alberto Bárcena?

El libro El Liberalismo es pecado es de extrema actualidad porque revela las verdaderas raíces de la degradación intelectual, política y moral de la sociedad occidental contemporánea. Es hora de abandonar la ingenuidad y la miopía con la que muchos responsables en la jerarquía de la Iglesia y gran parte de la vida católica se han relacionado con el mundo moderno durante décadas. Hay que ocuparse de las raíces, y no sólo de las hojas del árbol. España ha tenido el honor de contar con grandes intelectuales católicos incluso en la época moderna, como Jaime Balmes, al que Pío XII calificó como príncipe de la apologética moderna, Donoso Cortés y el Padre Félix Sardá y Salvany, por citar sólo algunos. Es un signo gratificante y alentador que aún hoy existan verdaderos intelectuales católicos en España que con perspicacia intentan desenmascarar los mitos de la cultura moderna, nacida del liberalismo.

Muchos católicos tienen claro que el comunismo está condenado por la Iglesia y lo malo que es por ser una ideología atea y causar millones de muertos, pero ni siquiera se plantean que el liberalismo sea pecado. ¿Por qué pasa desapercibido el liberalismo a muchos católicos sencillos?

Creo que una de las razones de esto es que, durante muchos años, hasta el comienzo del Concilio Vaticano II, altos representantes de la Iglesia se centraron casi exclusivamente en condenar el comunismo. Sin duda, esta condena fue importante y oportuna y uno sólo puede lamentar que el Vaticano II no aprovechase la oportunidad histórica única de condenar el comunismo en su cualidad de Concilio ecuménico, aunque unos 450 obispos durante el Concilio lo solicitaron. Sin embargo, en los pronunciamientos y condenas anti-comunistas muchos eclesiásticos en el siglo XX han olvidado que el comunismo es el fruto natural del liberalismo.

Tenemos algunos ejemplos brillantes de obispos sudamericanos del siglo XIX y principios del siglo XX que lucharon contra el antropocentrismo, el liberalismo y el relativismo con el uso de todas sus fuerzas y en riesgo de muerte. Sus palabras y hechos deben ser escuchados hoy e imitados teniendo en cuenta nuestras circunstancias actuales. Son, por ejemplo, el santo obispo Ezequiel Moreno y Díaz (+1909), obispo de Pasto en Colombia; el obispo Pedro Schumacher (+1902), obispo de Portoviejo en Ecuador; y el obispo Vital Gonçalves de Oliveira (+1878), obispo de Olinda en Brasil.

Un gran y clarividente luchador contra el liberalismo fue el Papa Pío X, especialmente en su encíclica Notre Charge Apostolique, de 15 de agosto de 1910, donde leemos las siguientes palabras orientadoras: «La civilización no está por inventar ni la ciudad nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad». Con las siguientes palabras, San Pío X ya advertía contra la idea de la fraternidad puramente naturalista como base de la convivencia social, que también lamentablemente se propaga hoy en el seno de la Iglesia: «No hay verdadera fraternidad fuera de la caridad cristiana, que por amor a Dios y a su Hijo Jesucristo, nuestro Salvador, abraza a todos los hombres, para ayudarlos a todos y para llevarlos a todos a la misma fe ya la misma felicidad del cielo. Al separar la fraternidad de la caridad cristiana así entendida, la democracia, lejos de ser un progreso, constituiría un retroceso desastroso para la civilización. Porque, si se quiere llegar, y Nos lo deseamos con toda nuestra alma, a la mayor suma de bienestar posible para la sociedad y para cada uno de sus miembros por medio de la fraternidad, o, como también se dice, por medio de la solidaridad universal, es necesaria la unión de los espíritus en la verdad, la unión de las voluntades en la moral, la unión de los corazones en el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo. Esta unión no es realizable más que por medio de la caridad católica, la cual es, por consiguiente, la única que puede conducir a los pueblos en la marcha del progreso hacia el ideal de la civilización».

En el fin del siglo XX, el arzobispo Marcel Lefebvre (+1991), con su libro Le destronaron, fue una voz poderosa, aunque solitaria, en el episcopado de nuestro tiempo, que condenó contundentemente el liberalismo. Las siguientes declaraciones importantes se citan de este libro: «El liberalismo lleva, por su inclinación natural, al totalitarismo y a la revolución comunista. Se puede decir que es el alma de todas las revoluciones modernas y simplemente, de la Revolución».

El teólogo belga recientemente fallecido, monseñor Michel Schooyans, muy estimado por el Papa Benedicto XVI, hizo la siguiente declaración profética sobre el liberalismo en nuestros días: «Este liberalismo incluye varios factores: poderío militar, favorecido por armamentos avanzados, crecimiento económico a cualquier precio en el mercado global, control de opiniones y conocimientos, globalización de la vida política, dominio de los países económicamente más fuertes y, como puede verse, una reinterpretación del antagonismo entre Oriente y Occidente a partir del antagonismo entre Norte y Sur».

Hoy en día el liberalismo se reviste de muchas formas, ¿Por qué es especialmente peligrosa la del llamado liberalismo católico, que ya fue condenada por León XIII?

En el libro citado del arzobispo Marcel Lefebvre Le destronaron se puede entender por qué el liberalismo católico es tan peligroso para la vida de la Iglesia: «Con el liberalismo religioso, no hay más mártires ni misioneros, sino liquidadores de la religión, reunidos alrededor de la pipa de una paz puramente verbal» y «¿cómo conciliar a Nuestro Señor Jesucristo con un enjambre de errores que se oponen tan diametralmente a su gracia, a su verdad, a su divinidad y a su realeza universal?»

¿Qué supone para usted poder rezar ante el Congreso por la conversión de los políticos en estos tiempos que están aprobando leyes tan inicuas en España como que sea delito rescatar a bebés de ser abortados?

Cuando los políticos y los legisladores aprueban el horrible asesinato en masa de niños no nacidos, es una expresión de una degradación moral colosal de una sociedad. Es la expresión del dominio del fuerte sobre el débil, es una expresión aterradora del poder del mal detrás del cual finalmente se encuentra Satanás. El arma más grande contra el poder del mal es la plegaria, el ayuno y la penitencia, como dijo Nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio. Hay que compadecerse profundamente de tales políticos y preocuparse por la salvación eterna de sus almas. Por lo tanto, la oración por tales políticos es una expresión de caridad hacia el prójimo.

Cristo es el vencedor de todo pecado, de todo mal y de Satanás. Esto siempre debe llenarnos de gran certeza y esperanza.

Por Javier Navascués



Categorías:ACTIVITATS / ACTIVIDADES, Entrevistas, Religión

5 respuestas

  1. «… Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal…etc

    Y Dios dijo:

    …»De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás»

    Es decir, que en toda sociedad hay normas que protegen al grupo (en este caso la sociedad de los católicos, pero pasa en todas; y no solo en las religiosas)

    Por tanto, el incumplir una de esas normas grupales es un atentado al grupo, a la solidaridad y estructura de ese grupo y a cada miembro del grupo (porque si están en el grupo es para cumplir unos fines muy precisos que buscan formando parte de ese grupo en concreto)

    Es decir, incumplir una norma es una «falta» o «pecado» («pecado» significa «falta»)

    La diferencia entre el catolicismo con otra religión es que el que peca (y todos vamos a incumplir la norma en algún momento, del mismo modo que por mucho cuidado que tengamos todos vamos a incumplir el Código de la Circulación), la Iglesia prever un mecanismo para que, de un modo objetivo, el causante reconozca la falta, se arrepienta y haga cuenta nueva).

    De todas formas hay que comparar sociedades y sociedades con sus medios de defensa y control:

    Por ejemplo la comunidad de católicos con un equipo de fútbol, un Colegio profesional de Médicos…un barco pirata, la masonería o un Estado Comunista.

    Todos son sociedades, todos tienen unos fines que alcanzar y proteger; y todos tienen unas prohibiciones y sanciones.

    Los piratas y bucaneros, los masones y los comunistas son realmente expeditivos y sanguinarios.

    Por tanto, sí:

    El liberalismo es pecado Y debe ser pecado. Y si no fuera pecado, habría que inventarlo.

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    • Mucho daño debe hacerle mi comentario, pues me contesta a él dos veces.

      Solo quiero resaltarle que no solo se falta al Segundo Mandamiento blasfemando, etc., sino también tomando la palabra del Señor en sentido torticero y contrario a sus enseñanzas.

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  2. Monseñor Scheneider debería conocer y difundir, como nacido y criado bajo el comunismo que es, que el principal enemigo ideológico del marxismo es precisamente el liberalismo tomado seriamente.

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    • El liberalismo no es otra cosa que quitar todas las defensas que tiene una sociedad para que los ricos puedan ganar todavía más dinero no importa cómo y conservarlo.

      (no es de extrañar que sean precisamente los «liberales» los que hacen guerras coloniales, pagadas con el Estado, que ahora controlan, y luchadas con la sangre de los soldados del servicio militar obligatorio, de los jóvenes cuya familia no ha tenido el dinero para librarse. Porque la libertad, la igualdad y la fraternidad no existen para los nativos, especialmente cuando tienen riquezas naturales que robar en nombre del Progreso, el Librepensamiento y la Desamortización )

      Así, si la religión protege a los pobres y obliga públicamente a todos (sacerdotes, políticos y millonarios), la religión debe desaparecer (porque «enseña a no pensar», favorece el «no trabajar» y es «intolerante»)

      Sin embargo los liberales serán muy intolerantes con todos aquellos que no respeten sus propiedades, su dinero o el control secreto que tienen del Estado.

      Inglaterra, el paraíso del liberalismo, es realmente cruel con los pobres que roban un trozo de pan para comer; y podían ser ahorcados o enviados a Australia para hacer trabajos forzados.

      De hecho el comunismo es una reacción a las consecuencias sociales del liberalismo (porque ya no existen las instituciones religiosas que alivian la pobreza y defienden al necesitado como a un «otro Cristo») Y además utilizando sus mismas armas:

      Una filosofía cortada a medida que justifique el fin querido (robar) y un órgano de acción disciplinado (la masonería en un caso y el Partido Comunista en el otro)

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      • Siempre me desagrada contestar a aquel que expone sus opiniones bajo un seudónimo o solamente con su nombre de pila, pues creo que hemos nacido en el seno de una familia, por lo que nos identificamos con unos apellidos, y que Dios nos ha creado libres para gritar nuestra verdad, pero voy a hacerlo.

        Creo que, antes de hacer afirmaciones que, personalmente, considero bastante peregrinas, debería usted leer despacio sobre los siguientes autores: Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Luis de Alcalá, Martín de Azpilcueta, Tomás de Mercado, Francisco Suárez, Luis de Molina, Prudencio de Montemayor, Luis de León, etc. Todos ellos sacerdotes y, alguno de ellos, grande de nuestras letras.

        A ellos se debe la fundación de la llamada Escuela de Salamanca, también la de Coímbra, que fue cuna del liberalismo moderno, que, entre otras cosas, fue la primera en hablar de los Derechos Humanos.

        No confunda los hechos realizados por un colectivo, con las enseñanzas de otro colectivo contrarias a determinados usos, y que, aunque puedan llamarse seguidores de una doctrina, no son más de hijos desnaturalizados de la misma.

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