ENTREVISTA Teresa Palomar, una joven católica que irrumpe como un vendaval en La Voz


Teresa Palomar de Tena ha irrumpido con fuerza en el programa-concurso La Voz, de Antena 3. La cadena de TV la presentaba como “joven madrileña, de 19 años, estudiante de magisterio, amante de su familia y muy católica”. Se han hecho eco algunos medios, como Los 40 principales, donde refiere que “Querría”, tema de El Kanka, se ha vuelto viral. 850.000 visualizaciones en YouTube en 10 días lo atestiguan.

Una joven que ha puesto todo en manos de Dios y llegará donde Él quiera. No descarta nada y va a darlo todo en el mundo de la música, aunque de momento está centrada en acabar sus estudios. Un testimonio muy edificante que puede a ayudar a otros jóvenes a vivir su fe con alegría y convencimiento y a no avergonzarse de ser católicos.

¿Por qué te gusta cantar?

Llevo cantando desde que era pequeña. Con siete u ocho años, comencé a ir a coro con dos de mis hermanas cada semana, cantábamos en misas y en diferentes eventos. Siempre me gustó, me despejaba y me hacía romper con la rutina. Cuando se disolvió, me apunté al coro de mi colegio; y fue ahí, con 11 años, cuando me di cuenta de que realmente podía cantar, que no se me daba mal. En ese momento descubrí también lo mucho que me gustaba. Hacía cualquier cosa por no faltar a mi hora y media de coro semanal, lo disfrutaba muchísimo. También es verdad que cuando empiezas a ver que algo se te da bien y observas las caras de las personas cuando te están viendo, a ti también te empieza a gustar más al caer en la cuenta de ello. En el coro del cole estuve 6 años; hasta que entré en bachillerato. Creo que me gusta tanto porque en el momento que cojo la guitarra y me pongo a cantar, probar acordes, descubrir sonidos nuevos, se me abre un mundo; como si no necesitara nada más en ese momento y de alguna manera me pongo más contenta.

¿Cuáles han sido tus referencias y fuentes de inspiración?

En mi casa siempre ha habido música: mi madre estudió la carrera de guitarra en el conservatorio de Sevilla y también canta, aunque no se dedique a ello. Bueno, no solo; baila fenomenal… Además, mi hermano José María toca la guitarra y el ukelele, al igual que yo. Eso, sin que yo me haya dado realmente cuenta, creo que hizo que naciera en mi ese gusto por el arte y por la música, sobre todo por el flamenco: rumbitas, sevillanas, etc.

Otra gran influencia para mí con la que empecé a cantar fue Marisol: podía estar horas sentada ante la televisión o el ordenador viendo sus películas, sus actuaciones y sus entrevistas; me lo sabía todo de memoria, y mi padre me descargaba sus canciones en CD’s para que las aprendiera y cantara. Luego, cuando fui creciendo, descubrí otros géneros y estilos de música diferente: cantaba cosas de Adele, de Alicia Keys o de otros artistas completamente ajenos al estilo anterior.

Desde esas primeras etapas hasta ahora, quienes más me han ido influenciando y de los que he cogido pinceladas para crear mi propia forma de cantar han sido Siempre AsíKeira KnightleyJosé Manuel SotoMi hermano y YoEl KankaBirdy o El niño de la hipoteca. En general, mucha mezcla.

¿Por qué decidiste emprender la aventura televisiva?

Cuando me apunté al casting, en junio de 2019, estaba con una de mis mejores amigas. Siempre me ha animado a hacer cosas nuevas y a perder el miedo, porque soy muy “echada para atrás” y suelo ir con prejuicios antes de haber probado la experiencia. Esa noche estábamos hablando de empezar a tomarme un poco más en serio esto de la música, ir un poco más allá: abrirme una cuenta de artista en Spotify con mi música o subir covers de otras canciones, subir vídeos a YouTube, etc. Y de repente le vino a ella la idea de apuntarme a La Voz. Nos asomamos para ver si estaba el casting abierto (la verdad es que ninguna de las dos esperábamos que lo estuviera), lo vimos y me dijo: tienes que inscribirte, casi obligándome. En el momento le dije que no, que ni loca…, y que además era obvio que no me iban a coger. Como siempre termina haciendo, me convenció; di mis datos, los envié y empezamos a saltar las dos de la emoción. Fueron pasando los días y me iban llegando e-mails del grupo del programa diciendo que había pasado a la siguiente fase y así hasta que llegué a las audiciones a ciegas. No me lo podía creer. Y todavía sigo sin hacerlo…

¿Esperabas la excelente aceptación que has tenido?

¡Para nada! Llevaba desde hace ya casi un año que realicé la actuación pensando en lo nerviosa que había estado (tanto que ni me acordaba de lo que me habían dicho los coaches nada más salir del escenario), que no había cantado como suelo hacerlo. Pensaba que la acogida iba a ser muchísimo menor a la que he tenido. La verdad es que aún no lo he asimilado…

Hiciste una interpretación excelente, ¿pero te planteas componer tus propias canciones?

¡Gracias! Sí claro, ya lo hago. Siempre me ha gustado escribir y comencé a componer cuando tenía 13 años, aunque en ese momento no fueran buenas canciones. Este año he tenido la suerte de hacer un curso de composición musical durante cuatro meses y he aprendido muchísimo, a la vez que he escrito bastante más música, ¡esta vez más buena! Al menos en mi opinión, jajaja

¿Cuáles son tus expectativas de cara al futuro?

De momento terminar la carrera de Educación Infantil, que acabo este año, y Dios dirá. Con los años he aprendido a dejarlo todo en sus manos y no me preocupa para nada no tener un plan establecido. Él me va guiando y disponiendo las cosas en el camino: lo que tenga que ser, será. Además de la educación, he pensado muchas veces en dedicarme a la música profesionalmente o a la cocina, que es una de mis pasiones también. Por ahora me dedico a las tres al mismo tiempo, ya veremos en lo que deriva todo, pero sin preocupación alguna.

¿Cómo valoras los principios católicos que recibiste en tu familia y hasta qué punto es importante ser fiel a ellos?

Son un regalo enorme. Mis padres nos han sabido inculcar a mis hermanos y a mi desde niños ese amor a Dios y a la fe católica. Es una suerte muy grande el hecho de haber aprendido a llevar el día a día ofreciendo cada cosa que haces, tanto lo bueno como lo malo, aunque muchas veces cueste, estés de mal humor y los problemas se te vengan encima todos de golpe y al mismo tiempo. A mí me han enseñado a intentar darle las gracias a Dios por todo lo que me pasa y lo que tengo, tanto lo bueno como lo no tan bueno; es la manera que tengo de serle fiel: Él me lo ha dado todo, hasta su vida, qué menos que darle las gracias, ¿no? Pero esos valores no se reducen simplemente a agradecer: es la capacidad de perdonar y de pedir perdón, de no tener miedo, de ser valiente, de seguir a Cristo, de hablar de Él a los demás, de no juzgar, etc: son los valores con los que a mí me han educado, entre otras muchos, y que intento mejorar cada día, equivocándome y cayendo, como todos, porque aquí nadie es perfecto, pero ahí está Él para perdonártelo todo, dándote la esperanza de creer que puedes ser un poquito mejor. Aprovecho, si me lo permitís, para dar las gracias al equipazo que hay detrás de La Voz: los que nunca salen y sin los que no habría concursantes, ni presentadores, ni coaches. Menuda calidad humana y técnica: ¡un 10 de 10! Dirección, técnicos, …, para todos, mil gracias.

¿Por qué es tan necesario que haya buenos ejemplos de católicos coherentes en el mundo del arte y en la vida pública?

Hoy en día parece que creer en Dios es de “raros” y decir que crees en Dios y hablar de Él a los demás aún más. Sorprende, porque no es lo común que venga una chica de veinte años y te diga que sí, que es católica y que va a misa. Me he encontrado con más de uno que me ha puesto alguna cara rara o que se han reído de mí. ¿Y qué? ¿A caso no se rieron de Jesús cuando predicaba o cuando decía que Él era el Hijo de Dios? ¿Vamos a ser los católicos unos cobardes por miedo a que simplemente se rían o hablen mal de nosotros? Aquí lo que importa es cómo seas ante los ojos de Dios, no de los demás.

Yo subí al escenario de La Voz muy consciente de que llevaba colgada al cuello una cruz (la que siempre llevo), en la muñeca una pulsera rosario y una bandera de España y que me iban a ver muchísimos españoles y gente de otros países, conociendo la situación en la que desgraciadamente nos vemos inmersos. Subí por las escaleras orgullosa porque no tengo miedo y creo que hoy en día es esencial que un católico y más aún joven, como yo, sea coherente con la educación y los valores que ha recibido, que lo muestre y que no tenga ningún tipo de reparo en hacerlo. Siempre va a haber gente que te mire mal, por una cosa o por otra, y eso no se puede remediar; aunque también vas a encontrarte con aquellos que piensen bien de ti y que digan qué valiente, y eso, afortunadamente, también me ha pasado.

Háblenos de la importancia de la gratitud y de ver todo como don de Dios.

El otro día me mandó un mensaje por Instagram una chica que no conozco, este decía:

“gracias por compartir ese don” (refiriéndose al vídeo de la canción que canté en el programa, “Querría” de El Kanka). Me encantó. Pero al mismo tiempo pensé (es algo que siempre se me viene a la cabeza cuando me dicen lo bien que hago algo porque mi madre nos lo dice cada vez que le agradecemos cualquier cosa) que a mí no me tienen que dar las gracias, si hay que agradecer el que yo ponga en juego ese don, en este caso el de la voz, es a Dios, que es quien me lo ha entregado y quien lo ha puesto en mí para que yo lo comparta con los demás. Esto no lo suelo decir mucho a quien me lo dice porque parece falsa modestia y en verdad muy poca gente me entendería (o eso es lo que creo yo). Como he explicado antes, a mí lo que me han enseñado es a agradecer por todo lo que tengo y por lo que soy, y se me hace muy raro cuando me dan las gracias a mí, porque pienso que yo no tengo el mérito de eso. Hay una canción muy bonita que me recuerda mucho a esto y dice así: “¿Qué puedo hacer por Ti, si yo no puedo hacer nada, si yo no puedo hacer nada, si no es por Ti, Señor? Todo lo que se, todo lo que soy, todo lo que tengo es tuyo”.

¿Alguna cosa más…?

Sí, ¡gracias a vosotros por la entrevista!

Javier Navascués



Categorías:Entrevistas

1 respuesta

  1. Una muchacha maravillosa, todo hay que decirlo. Una efigie perfecta para no perder el ánimo, porque con una juventud como esta es evidente que la esencia de nuestra querida España sigue estando viva.

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