Aparece un cómic sobre el Milagro de Empel


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El 7 de diciembre de 1585, más de cuatro mil soldados de los tercios de Mondragón, Íñiguez y Bobadilla se enfrentaban a la aniquilación ante una flota de más de cien barcos de los rebeldes de los Países Bajos. Pero ese día “se les apareció la Inmaculada” y al día siguiente “se obró un milagro” que acabó con la victoria española. Un apasionante episodio histórico que Javier Marquina, Jaime Infante y Guillermo Pereira recrean en 1585: Empel, de la colección histórica de Cascaborra Ediciones.

El guionista Javier Marquina confiesa que: “Es casi imposible no sentir curiosidad cuando te encuentras con un hecho histórico como este. Tiene épica, tiene drama, tiene tensión y un elemento casi fantástico que, aunque parece totalmente increíble, está reflejado como históricamente correcto por los cronistas de la época. Milagroso, nunca mejor dicho. Uno que, además, fue determinante en la historia y el devenir del imperio español en los Paises Bajos”.

Este milagroso episodio sucedió durante la “Guerra de los 80 años” que enfrentó a las Diecisiete Provincias de los Países Bajos contra su soberano (Felipe II), quien era también rey de España.

Página de ‘1585: Empel’

Un imperio donde nunca se ponía el sol

El dibujante, Jaime Infante, confiesa que le fascina esta época: “El periodo que va desde el renacimiento hasta el Barroco en España siempre me ha interesado. Me parece una época llena de posibilidades que, creo, no ha sido demasiado explorada al nivel de la cultura popular. Sobre el acontecimiento concreto, me llamaba mucho la atención (y es algo que he hablado mucho con Javier Marquina) la construcción del mito. Hay que tener en cuenta que en 1585 aún queda cerca de medio siglo para la Guerra de los 30 años y para la que es considerada la tumba de los Tercios, la batalla de Rocroi. Si el ejército español hubiese caído en Empel, ese hubiese sido, posiblemente, el final de su hegemonía en Europa“.

“Si nos fijamos en los Países Bajos y en Holanda, vemos que se trata de un continuo tira y afloja -añade Javier-. Conquistas, pérdidas, reconquistas, asedios, saqueos y batallas trascendentales. Es una guerra de desgaste que al final se mostró como económicamente insostenible. Tengo que destacar, sobre todo, el cambio en el modelo de ejército y en el concepto de batalla y de guerra que se inaugura con la irrupción de los tercios en el panorama militar tras la batalla de Pavía con la derrota aplastante de la caballería pesada francesa por parte de las tropas españolas”.

“Creo que no somos conscientes del poder que ejerció España durante más de un siglo y de los trascendentales logros logísticos que se llevaron a cabo para mantener cohesionado un inmenso territorio en el que, ciertamente, nunca se ponía el Sol” –concluye Javier-.

Página de ‘1585: Empel’

Francisco Arias de Bobadilla

No os vamos a desvelar más sobre el argumento porque está lleno de sorpresas y es uno de los grandes alicientes del cómic, pero si vamos a conocer cómo era el líder de los tercios españoles, Francisco Arias de Bobadilla.

Bobadilla, en el cómic, no deja de ser un arquetipo -confiesa Javier-. Una idea modélica de lo que debía ser un maestre de campo (el general de un tercio, por decirlo de una manera “moderna”). Aunque la mayoría de estos maestres eran de ascendencia noble, también era gente que se ganaba el puesto a sangre y fuego, muchas veces empezando desde abajo y luchando en primera línea como un soldado más. Recibían disparo, tajos y perdían la vida, y llegar a maestre de campo era un privilegio pero también una enorme responsabilidad. En general, había un concepto de honor muy consolidado, y la mayoría de los soldados que se alistaban lo hacían buscando un reconocimiento social que les garantizara una buena paga tras la jubilación”.

“Eran personas -continúa el guionista- que no solo no rehuían la batalla, sino que peleaban por estar en primera línea, jugándose la vida, ya que sabían que eso les permitía ascender en el escalafón. También eran mezquinos, jugadores y aficionados a las mujeres y a las peleas, pero pese a todo, había un sentimiento de camaradería real casi imposible que subyacía bajo todo aquello. El Bobadilla de Empel es un poco la representación ideal de estos líderes: Valientes, decididos, sobrios, despiadados y honorables, y también obligados a bregar con una tropa tan eficaz en la batalla como aparentemente ingobernable en el descanso entre combate y combate”.

En cuanto a su aspecto físico, Jaime Infante nos comenta que: “De Bobadilla encontramos un grabado de la época, pero hay que tener en cuenta que había sido hecho, creo recordar, estando ya de vuelta en Madrid. Sin embargo ahí se le veía afeitado, con el bigote y la perilla bien arreglados, el pelo peinado y negro. Yo tiré del hilo de un cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau sobre el descubrimiento de la tabla de la Inmaculada, en el que el pintor había retratado, junto a los soldados que desenterraban la pintura, a un noble. Hablando con Javier, decidimos que en aquel hombre algo canoso, enjuto, con barba, digno del Greco, habíamos encontrado a nuestro Bobadilla”.

“Hay que tener en cuenta que, dada la situación en la que se encontraban -continúa el dibujante-, difícilmente podrían tener, ni él, ni casi ninguno de sus mandos, unas condiciones de cuidado e higiene demasiado buenas. Además, leyendo el guion de Javi, me daba constantemente la impresión de que había retratado a Bobadilla como a un buen hombre, como esa rara clase de superiores que de verdad se preocupan por las personas a su mando. En ese sentido, quise tomar prestados algunos rasgos y gestos de mi propio padre“.

Página de ‘1585: Empel’

Una exhaustiva documentación

Como en todos los cómics de la colección histólrica de Cascaborra destaca la excelente documentación que manejan guionista y dibujante. “La verdad es que hay mucha y muy variada documentación al respecto -asegura Marquina-. ¡Casi demasiada! El problema de la ingente cantidad de información que tienes a tu disposición en libros y páginas web es que te obliga a cribar, a cotejar versiones y a quedarte con la que parece más creíble o fiel a los hechos. Hay que olvidarse de la épica y de la nostalgia y tratar de ser objetivos. Una vez has logrado eso, puedes construir el guion y adornarlo para que sea más interesante. He usado un poco de todo. Desde las revistas históricas de Despertaferro al libro De Pavía a Rocroi de Julio Albi, que ha sido como una biblia para mí. También ha resultado clave para el desarrollo de la historia el programa Histocast, un excelente podcast dedicado a termas históricos que tiene todo un programa dedicado al Milagro de Empel. La verdad es que me han salvado la vida. No he tenido contacto directo con ningún historiador (una temeridad por mi parte, lo reconozco), así que todos lo errores históricos cometidos son culpa mía y solo mía”.

“Para la documentación -añade el dibujante- hemos usado mucho el libro De Pavía a Rocroi. Los Tercios españoles, de Julio Albi de la Cuesta, publicado por Desperta Ferro; y algunos podcast, como el episodio del programa “Histocast” dedicado a este acontecimiento histórico. A nivel visual, me fueron de mucha utilidad los grupos de recreación histórica. Al verles, aprendí cosas que nunca me había planteado, como por ejemplo: “¿dónde se apoya un arcabuz?”. También consulté mucha pintura de la época, y sucedió algo curioso: en torno a esas décadas, la pintura de la corte española estaba dedicada a la exaltación del dominio español y a la mística, y había poco espacio para el reflejo real de las batallas. Hay que tener en cuenta que nos situamos unas décadas antes de que Velázquez fuera el gran pintor de la Corte. Hablé con alguna amiga historiadora, y vimos que debíamos ir más hacia los pintores holandeses de la época. De hecho, para componer la imagen de la tabla de la Inmaculada hice un collage con varias obras de pintores flamencos de la época, como Van der Weyden“.

Dentro de esa documentación, destaca el castellano antiguo de los protagonistas, que nos retrotrae a la época. “Creo que el lenguaje en los cómics históricos es un elemento fundamental de ambientación -confiesa Javier-. Es una parte más del escenario y hay que ser respetuoso con ella. A título personal, me descolocan un poco las obras en las que personajes que vivieron hace más de 400 años hablan como lo hacemos hoy en día. Es cierto que eso supone un extra de trabajo y que hay que ser especialmente cuidadoso, pero también creo que merece la pena. De hecho, muchos los lectores me han comentado que les ha gustado mucho el tono y el lenguaje de los protagonistas. He usado muchas expresiones que aparecen en las crónicas de la época y confieso que también me fije en los libros del Capitán Alatriste de Arturo Pérez Reverte para lograr diálogos que parezcan fieles a su siglo, pero que la gente de hoy en día pueda entender sin problemas”.

Página de ‘1585: Empel’

“Lo más complicado de dibujar han sido los barcos”

Preguntamos a Jaime Intante qué ha sido lo más difícil de dibujar: “Lo más complicado, desde luego, han sido los barcos. Javier ha hecho una gran labor como investigador, pero eso había que llevarlo, finalmente, al papel. Curiosamente, me he sentido más cómodo en las situaciones en las que la batalla se desata, que en los momentos “de despacho”, como los llamábamos. Eso es algo que he ido aprendiendo a lo largo de la creación de este cómic: cómo intentar hacer que una conversación resulte tan tensa como una batalla, y cómo hacer que una batalla fluya tan ligeramente como una conversación”.

Jaime destaca el paepl fundamental del colorista, Guillermo Pereira, en el acabado del cómic: “Guillermo, además de colorista, es uno de mis mejores amigos. Al tener una relación personal tan estrecha hemos podido colaborar con mayor facilidad. Además de aportar el ambiente, Guille ha sido mi mano derecha. Sucede una cosa al enfrentarte a un cómic más o menos largo (este no es muy extenso, pero sí que ha llevado un trabajo de varios meses): en ocasiones aparecen fallos de raccord y despistes por parte del dibujante, y Guille siempre estaba atento a estos errores. Sin él, a más de un noble le hubieran aparecido y desaparecido las puñetas del uniforme. Además, estoy muy contento con el trabajo de Guille, porque este cómic necesitaba color, sobre todo, para transmitir la sensación de suciedad y frío que queríamos lograr“.

“Supongo que los colores los escogí pensando en que en esa época las ropas serian mas sobrias siempre rondando los negros, marones y ocres -asegura pereira-. En cuanto a la atmósfera del cómic, lo principal es que fuera oscura y sombria. En ese momento histórico donde el frío y el agotamiento hacer que se notara con respecto a los nobles, ya que ellos tiene una atmósfera más cálida y de confort”.

Página de ‘1585: Empel’

Portada de ‘1585: Empel’



Categorías:ACTIVITATS / ACTIVIDADES, BIBLIOTECA Y CITAS

1 respuesta

  1. ¿Es de extrañar que nos odie la masonería internacional?

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