Cuando los republicanos Negrín y Azaña querían fulminar a Companys


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En su conocido libro ‘Guerra y vicisitudes de los españoles’, el socialista vasco Julián Zugazagoitia, ministro de la República durante la Guerra Civil, hizo una crónica “por si tiene alguna utilidad para quienes deseen conocer, serena y fríamente, la historia de la guerra”. Aparte de describir con detalle la traición a la República del PNV, lo que permitiría a Franco tomar Bilbao y luego Santander con muy escaso esfuerzo, recoge la opinión de Juan Negrín, presidente del Gobierno de mayo del 37 a marzo del 39, maestro de Severo Ochoa y el hombre más inteligente y honesto de la República, sobre los separatistas catalanes; algo que el guerracivilista, anticristiano y antisemita de Iglesias ignora como ignora casi todo, o igual que Sánchez, otro iletrado para quien España, la unidad nacional mas antigua de Europa, resulta que es una nación de naciones.

Negrín y Azaña, contra el separatismo

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Negrín y Companys como si fueran amiguetes

“A la victoria del primer día [en el cruce del Ebro por el ejército republicano] se mezcla la traición de los separatistas de la Generalitat”, clama un Negrín decidido a aniquilarlos, “no estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan gravemente los que otra cosa supongan. No hay más que una nación: ¡España! No se puede consentir esta sorda y persistente campaña separatista, y tiene que ser cortada de raíz. Nadie se interesa tanto como yo por las peculiaridades de su tierra; amo entrañablemente todas las que se refieren a Canarias y no desprecio sino que exalto las que poseen otras regiones, pero por encima de todas esas peculiaridades, España”.

La declaración de guerra al separatismo catalán por parte de Negrín terminaría con estas frases más contundentes aún si cabe: “El que se oponga a la política de unidad nacional debe ser cesado de su puesto fulminantemente. Antes de consentir campañas nacionalistas que nos lleven a desmembraciones, que de ningún modo admito, cedería el paso a Franco sin otra condición de la que se desprendiese de alemanes e italianos. En punto a la integridad de España soy irreductible y la defenderé de los de afuera y de los de adentro. Mi posición es absoluta y no consiente disminución”.

Si el Frente Popular hubiera ganado la guerra, a los separatistas vascos y catalanes a quienes consideraban una banda de traidores y cobardes, después de lo ocurrido en Bilbao, Santoña y Laredo en 1937 y durante la batalla del Ebro en 1938, les habrían pasado a cuchillo.

Zugazagoitia subraya a continuación, “el propio Azaña no se hubiera expresado con más vehemencia”. Azaña, que no tenía ni de lejos la categoría humana e intelectual de Negrín —“No cree en nada, carece de fe, todo lo ve perdido. Se interesa, en cambio, en las cosas más mezquinas y menudas. Está en los menores detalles de su comodidad o de su pasión, lo demás no cuenta para él”, decía Zugazagoitia de su jefe y correligionario en 1937—. En este tema, los dos presidentes eran irreductibles y así lo expresaba Azaña: “Yo nunca he sido patriotero. Pero ante estas cosas me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos entenderíamos nosotros, o nuestros hijos o quien fuere. Pero esos hombres son inaguantables. Acabarían por dar la razón a Franco. Y mientras, venga poderes, dinero y más dinero”.

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Azaña y Companys, el plan amiguetes

El responsable de Orden Público, Paulino Gómez, quería encarcelar a la Generalitat al completo. Si el Frente Popular hubiera ganado la guerra, a los separatistas vascos y catalanes a quienes consideraban una banda de traidores y cobardes, después de lo ocurrido en Bilbao, Santoña y Laredo en 1937 y durante la batalla del Ebro en 1938, les habrían pasado a cuchillo. Todo lo contrario que los izquierdistas actuales, solo preocupados en resucitar rencores y resentimientos, unos enanos al lado de aquellos gigantes. Franco, por su parte y presionado por la Santa Sede, amnistió a la mayoría; una presión tanto más inaudita de la jerarquía católica cuanto que el propio Zugazagoitia relata también una conversación con el presidente de la Generalitat Companys, en la que este genocida se jactó de haber “exterminado a todos los curas, frailes y monjas de Cataluña”, y ahora resulta que la mitad de la jerarquía catalana está con sus asesinos .

 

Un comentario

  1. Companys, gran traidor, inmoral y asesino.
    Venerado por los paletos ignorantes y semianalfabetos que no han leído un libro en su vida.
    Así les va.
    Dentro de poco, Cataluña será una de las regiones más deprimidas de Europa.
    Mola molt
    Que os den, macos.
    Y macas.

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