EXPOSICIÓN: “¿Dónde estabas cuando ETA mataba?”


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“¿Dónde estabas tú cuando todo esto pasaba?“. Esta es la incómoda pregunta final que plantea una exposición impulsada por la Fundación Fernando Buesa y la Fundación Sancho el Sabio en la sala Araba de Vitoria. En ella se analiza el papel de la sociedad vasca ante la violencia terrorista.

Hubo un tiempo en que ETA gozó de una aceptación mayoritaria, tanto en Euskalerría como en el resto de España. Pero el asesinato de Miguel Ángel Blanco fue un punto de inflexión, aunque no el único. Hubo muchos otros asesinatos olvidados, que ahora se recuperan en esta iniciativa para situar a la sociedad vasca ante el espejo.

Cartel de la exposición

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Cartel de la exposición

Uno de los comisarios de la muestra, Antonio Rivera recuerda que el Euskobarómetro recoge que actualmente un 81 por ciento de los vascos opina que fue la movilización social contra ETA lo que acabó con los atentados. Sin embargo, de ellos, hasta un 59 por ciento admite no haber acudido nunca a una convocatoria de plataformas pacifistas. Sólo un 7 por ciento asegura haber ido habitualmente. De nuevo la pregunta incómoda.

En la exposición se señalan no tanto puntos de inflexión, sino varios hechos. Hay algunos referenciales, como el Espíritu de Ermua tras “la barbaridad retransmitida en directo”, pero también hay otros momentos anteriores y posteriores, como el intento de una treintena de intelectuales como Chillida, Ibarrola, Mitxelena, Monreal, Barandiarán, Recalde, Lete… que ya en 1980 denunciaron la deriva de la violencia y el terrorismo. Otros, desconocidos, lo intentaron en 1975, pero sin suerte. “Hubo quienes advirtieron de lo que estaba pasando, pero no se les tomó en consideración”, dice el catedrático.

Aquellos 33 intelectuales pioneros titularon su manifiesto con una frase que a día de hoy resulta desgarradora si se tienen en cuenta los centenares de muertos que llegaron después: “Aún estamos a tiempo”. “La violencia que ante todo nos preocupa es la que nace y anida entre nosotros porque es la única que puede convertirnos de verdad en verdugos desalmados, en cómplices cobardes”, decían hace casi 40 años.

El manifiesto publicado en 1980

El manifiesto publicado en 1980 Fundación Sancho el Sabio

“Al principio era nosotros contra los otros. Nosotros era la comunidad vasca y los otros algo ajeno, pero con la socialización del sufrimiento (cuando ETA pasó de matar militares y policías a atentar contra políticos, jueces, periodistas…) cualquiera podía verse perjudicado y convirtió a toda la sociedad en potencial víctima. Gente que conocías, profesiones comunes”, rememora Rivera. Recuerda que tras la muerte del empresario José María Korta, el mundo del PNV consideró que habían matado a “uno de los suyos”. “¿De quién eran los otros, entonces?”. Otra pregunta incómoda.

Se analiza el nacimiento de movimientos como Gesto por la Paz, pero también la aportación de movimientos más desapercibidos, como Ítaca, la Asociación Pro Derechos Humanos o Deba. Por supuesto, las asociaciones de víctimas del terrorismo y campañas como el “Ya no me callo” a finales de los años noventa, el lazo azul, las manos blancas… Hay mención para los movimientos pacifistas más próximos a la izquierda abertzale, como Elkarri, el auge de la kale borroka, el asesinato de Gregorio Ordóñez, el pacto de Ajuria Enea…

El fondo documental de la Fundación Sancho el Sabio ha hecho posible esta exposición, que cuenta con una puesta en escena provocadora. El salón está presidido por una esvástica. Es una de las joyas del archivo, la idea original de un cartel diseñado por el escultor Jorge Oteiza hace más de 30 años, concretamente cuando ETA mató a su exmilitante Dolores González Catarain ‘Yoyes’ por salirse de la organización.

Pegada de carteles que simbolizan la similitud entre ETA y el nazismo.

Pegada de carteles que simbolizan la similitud entre ETA y el nazismo. Fundación Sancho el Sabio

La idea del artista entonces era colgar el cartel de tal manera que generase un inequívoco efecto óptico y mostrar el carácter totalitario de los terroristas: por un lado, se apreciaría la insignia nazi y, por el otro, la imagen de una pistola asesinando a una madre junto a su hijo. Finalmente, nunca se atrevieron a ello y el cartel se colocó sólo mostrando una de las dos caras. Un par de décadas antes de aquello, Oteiza había trabajado mano a mano en un manifiesto con el primer asesino de ETA, Txabi Etxebarrieta.

Otro ejemplo es Eduardo Chillida, quien pasó de diseñar el logo de Gestoras Pro Amnistía a crear el cartel de la primera manifestación unitaria contra el terrorismo de ETA. Rivera explica que había “víctimas invisibles” y muchos “espectadores, gente que convivía con la violencia, que le implicaba, pero ante la que no se implicaban”. “Pero se produjo una inversión en términos de víctimas y victimarios, y de mayorías y minorías”, añade para explicar por qué la banda pasó de gozar de aquel respaldo inicial a acabar arrinconada por la sociedad, exceptuando una minoría. La exposición se podrá visitar desde esta semana hasta el 11 de enero.

Fuente: Vozpopuli

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