Acusan a mossos separatistas de pasar información a los CDR


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Desde hace más de un año, los mossos vigilan a los mossos. Sobre todo cuando se acercan jornadas como la del viernes pasado, en las que muchos dudan de que la Policía a las órdenes de la Generalitat actúe al servicio de la Constitución, y en las que los mossos independentistas más radicalizados solicitan la baja ante la posibilidad de verse forzados a contener a los Comités de Defensa de la República (CDR), de los que algunos forman parte.

En el cuerpo, formado por algo menos de 17.000 efectivos en toda Cataluña, las fuerzas de seguridad dependientes del Gobierno central tienen identificados a dos grupos de agentes secesionistas movilizados que, por otra parte, no se esconden. El más veterano se llama Mossos per la Repùblica Catalana y depende orgánicamente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). El otro, fundado hace un año, es el que citó el policía de Esplugues, Mossos per la Democràcia, más cercano a Òmnium Cultural. Ambos, junto a un tercero supuestamente clandestino que se esconde tras el nombre de Guilleries, convocaron a los policías a manifestarse frente al presidente Pedro Sánchez y sus ministros mientras sus propios compañeros coordinaban la seguridad de la cita.

Su objetivo, en palabras de Mossos per la Democràcia: «Hacer ver a toda la chulería nacionalista española que pese a sus prácticas estamos aquí, a disposición de nuestro pueblo, para defender que se cumpla su voluntad». Y allí estuvieron, tras sus pancartas, entre gritos contra España y la Constitución.

En el cuerpo, al que critican cuando carga contra los CDR, no están bien vistos. «La sospecha es que son ellos los que pasan información sobre nuestros movimientos a los CDR», afirma un representante sindical. Aunque todas las fuentes consultadas subrayan que sus promotores son una minoría, su proselitismo en redes sociales a favor de la desobediencia del ordenamiento constitucional es incansable. Dentro de los Mossos, sin embargo, actúan con aparente impunidad y no son sancionados.

Se mueven mediante el boca a boca y a través de comunicaciones cada vez más difíciles de rastrear, según explican fuentes de la Guardia Civil en Cataluña. En sus chats abiertos en Telegram (similar a WhatsApp pero más seguro) cuentan con algo más de 1.800 seguidores, aunque no todos son necesariamente policías.

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