La frase: “Los más burros de mi familia son nacionalistas” (Albert Boadella)


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El Confidencial entrevista a Alber Boadella. Entresacamos las ideas mas sustanciosas.

PREGUNTA. En 2007, pronuncia su adiós a Cataluña. ¿Por qué entonces?

RESPUESTA. Yo me marcho en el momento en el que desaparece en Cataluña la relación política, la comunidad, y entra la secta. Es decir, en el momento en que aquello se convierte directamente en régimen.

P. ¿Cuándo ocurre eso?

R. Eso sucede cuando el PSC deja de ser la oposición al nacionalismo y, con su postura ambigua -y a veces no tan ambigua-, se pasa a sus filas. De una forma supuestamente más moderada y equidistante, pero a sus filas. A partir de entonces todo es régimen en Cataluña, no hay ya oposición. Cuando en los ochenta vi los primeros pasos de Pujol me imaginé cómo acabaríamos. Fíjese que mi ‘Ubú’ se estrena en 1981, a los seis meses de la llegada de Pujol. La historia empezaba, una vez más, a repetirse.

P. Recuerda que la lengua catalana tampoco era especialmente atacada por la dictadura.

R. No, pero sí que había una especie de imposición oficial en relación al castellano. Aunque es verdad que el catalán ni fue atacado ni fue jamás prohibido. En fin, aquella reivindicación nuestra de la cultura catalana pudo ser excusable en aquel momento.

P. Asegura, de hecho, que nunca ha sido de izquierdas, que, en realidad, de joven era tan conservador como ahora sólo que algo más tímido…

R. Muy conservador, siempre lo he sido, y muy desconfiado ante cualquier invento. Pero eso no significa que sea de derechas que es una cosa muy distinta. Mi conservadurismo lo he aplicado sobre todo a mi vida personal. Fíjese que he conservado una mujer durante 45 años. Vivo en una casa del siglo XVII. He plantado muchos árboles. Tengo hijos educados en cierto conservadurismo… Y practico un oficio que tiene una tradición de 2.400 años conocidos, desde Aristófanes, Esquilo y Sófocles. Para mí la tradición es esencial, es mi actitud vital. Luego yo he hecho cosas que no quedaban dentro del convencionalismo existente en ese momento, aunque sí en la tradición.

P. Esa desprogramación no tiene pinta de ser fácil.

R. No tiene pinta. Pero lo que no podemos hacer es seguir alimentado el caldo de cultivo presente en la escuela o en los medios de comunicación abrumadoramente nacionalistas.

P. El 155 no tocó TV3.

R. Es que aquello fue el 155 de “la puntita nada más”. Un error inmenso sin ningún sentido que sólo sirvió para excitarlos. El 155 debió haber estado como mínimo dos años en funcionamiento. Dos años bien aplicado y el ciudadano catalán se habría dado cuenta de que los comercios seguían abriendo, de que los trenes seguían saliendo a su hora, de que el catalán seguía impartiéndose en las escuelas y hubieran visto que la intervención del maligno estado facha no era tan terrible.

P. ¿Por qué se desbocó el ‘procés’ en octubre del año pasado? ¿Fue una huida hacia adelante o la conclusión lógica de un proyecto político premeditado?

R. El desencadenante esencial fue un hombre con mucha prisa que se llamaba Artur Mas y buscaba significarse. Mas es un gran mediocre que tenía necesidad de ganar relieve a la sombra de Pujol. Es verdad que en los planes de Pujol sí que estaba lo que acabó pasando, pero no en octubre de 2017 sino más a largo plazo, no tan pronto. Mas, un hombre de pocas luces políticas, rompió la baraja. Y, cuando fue desplazado, el siguiente ya no podía hacer menos.

P. De Pujol a Torra, pasando por Junqueras, Puigdemont y Rufian, ¿qué ha pasado con la clase política nacionalista catalana?

R. Es que una idea como el nacionalismo no puede producir grandes mentes. Es decir, la precariedad ideológica y de contenido del nacionalismo es tan enormemente simplista que no permite unos políticos de cierta sustancia. Sólo auténticos arribistas.

P. Uno de los dramas más citados de lo ocurrido en Cataluña en los últimos años ha sido la quiebra de amistades y relaciones. ¿Usted tenía, o tiene, algún cuñado ‘indepe’ con quién discutir en los almuerzos dominicales?

R. Mire, a mí la única cosa que me da hoy cierta esperanza es que los más burros de mi familia son nacionalistas. Si fueran los más inteligentes andaría muy procupado.

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