El Karma, Piolín, la gasolinera y Puigdemont


Esta es la gasolinera donde fue detenido Puigdemont. El Icono de un Piolín ocupa el lugar principal de la Estación de servicio. El Karma ha cumplido con su papel. Puigdemont se echó unas buenas risas del crucero que acogió a los policías en Barcelona. Caer ahora bajo la atenta mirada del patito, como mínimo es una ironía del destino.

piolin

One comment

  1. Karma; le dicen “ley de retribución”, “ley de causa y efecto”. Es evidente que Hume no estaría de acuerdo con este asunto concreto tan propio del hinduismo.

    Por contrapartida hay un concepto griego, a mi modo de ver más interesante para esta cuestión: “heimarmene” (del griego Ἑιμαρμενη). Sin embargo el término hinduista “karma” se puso de moda en occidente a finales del S.XX debido a la penetración de las exposiciones de los cultos orientales por parte de los contextos de NA (Nueva Era).

    Nada de esto es decisivo en esta cuestión que tratamos, el secesionismo. La traición funcionarial de alto rango, la rebelión contra el Estado y sus colectividades. Lo destacado, lo asombroso, es que algunos (medios) secesionistas resalta y denotan el desequilibrio que subyace en el hecho de que el traidor secesionista pudiera ser sentenciado a 30 años de prisión mientras que (paradójicamente, según los secesionistas) un asesino u homicida sería condenado a menos tiempo. Y eso les resulta extraño y nos lo señalan así, como algo paradójico.

    ¿Pero, verdaderamente, esa diferencia de culpa y sentencias entre un asesino y un secesionista entraña una contradicción? ¿Expresa esa diferencia de causa-efecto (karma) un verdadero desequilibrio o exceso jurídico?

    Es evidente que el delito de los traidores secesionistas no estriba en los actos o gestos directamente ejercidos por ellos sino en las consecuencas (heimarmene, karma) que abren para muchos otros ciudadanos inocentes, que nada habían hecho ni siquiera pretendido contra aquellos otros, los traidores y secesionistas.

    Con todo, esa superficialidad secesionista no nos debe extrañar. El secesionismo resulta de suyo, simplemente, algo inauditamente infantil, tan banal como ante todo “malcriado”, no obstante radicalmente y extremadamente amenazador y lesivo, penetradamente corrosivo. Ahora bien, al estar tan reiteradamente alertado y avisado y advertido, tal infantilismo suyo jamás debiera ser confundido con “inocencia”.

    En otras palabras: si bien es cierto que un homicida o asesino incluso en serie, pudiera ejecutar a otro ser humano hasta la tortura y la muerte, o a dos o a diez o incluso cien seres humanos (como por ejemplo en los ya típicos tiroteos de USA), por el contrario el dirigente institucional de alto nivel que sea pertinazmente traidor (a su juramento y ámbito legítimo de atribuciones) y secesionista, expone a todo un pais (en este caso España) a una guerra civil, es decir, a una auténtica explosión de asesinatos y matanzas, cuyo rastro e hilaturas de destinos (heimarmene) resultarán tan desmesuradas y atroces y de tal calidad y magnitudes de dolor y consecuencas, que los jueces, quienes fueran, se verán incapaces de ponderar por ningún tipo de código jurídico penal concebible.

    El mal intrínsecamente rebelde y secesionista trasciende la compensación justa del ámbito jurídico. Pero no por incapacidad comprensiva sino por desbordamiento, por desfase.

    Ese mal trasciende incluso a la judicatura. ¿Qué retribución puede compensarse mediante la sanción contra un criminal de guerra? Ningún resarcimiento penalista podría jamás llegar a compensar la inducción secesionista a un acto generalizado de guerra civil entre compatriotas, entre conciudadanos, entre padres, madres, hijos, hermanos. No hay cerebro ni calibre material ni racional ni emotivo ni existencial para mesurar esto. No hay cárcel ni evos de épocas ni tiempos habilitados para contener entre rejas las ignominia consecuente de tal cantidad de dolor y espanto contra las poblaciones. Contra el mismo ser de una patria.

    Si ahora, si mañana o si pasado, si el año que viene, todos estos precedentes secesionistas derivaran en un enfrentamiento entre conciudadanos, lo cual es algo posible, que quizá suceda o quizá no, quizá a gran escala o quizá en una reducida extensión, en cualquier caso la calidad del actos que habría prendido esa mecha, sería la misma en cualquiera de sus posibles derivaciones. Con guerra civil o sin ella la calidad y malignidad del acto secesionista y de su inducción a la confrontación o al odio, es de una misma punibilidad.

    http://derecho.isipedia.com/segundo/derecho-penal-i/parte-2-teoria-juridica-del-delito/25-la-punibilidad-como-elemento-del-delito

    Si hablamos de karma y reencarnación, un traidor secesionista no hallaría vidas para pagar un crimen tal, un delito como el de la traición y el secesionismo. Por muchas reencarnaciones que le otorgara el divino Samsara del hinduismo y su karma. Porque la hilatura de los destinos de tantos millones de seres humanos afectados entre los cuales el traidor se inmiscuye (esa Heimarmene griega) excede con mucho, con muchísimo, la retribución posible de una compensación o castigo de rango personal, aplicado contra el instigador secesionista. En treinta años, en una vida, en diez, en diez mil; algo así es impagable.

    ¿Se imaginan Vds. cuántas madres, hijos, hijas, abuelos y abuelas, hermanos, padres, amigos, camaradas, compañeros, mujeres y hombres forzados a combatir, podrían hallarse implicados? Frente a un hecho fraticida tal, cualquier crimen homicida o asesinato, aún siendo algo terrible, resulta insignificante.

    ¡Visca la Tabarnia que me acoge porque a ella la acojo yo mismo! ¡Viva mi Galicia natal! ¡Arriba Europa y España! Pero ante todo despierte y resurja y hagamos vívida y eficiente en toda su potencia espiritual, cultural e histórica, la misteriosa hispanidad sublime, tan nuestra. La hermanadadora de pueblos.

    ¡Oh hispanidad! Velo de un torso y espada de un fuego revocador. Españas conocidas a la vez que prometidas y aún por colonizar y descubrir, por y para la mejor de las humanidades posibles. Bastaría, créeme, óyeme bien, bastaría con que tú misma creyeras en tí al menos la mitad de lo que yo percibo y creo.

    Compañeros, conciudadanos de España: yo, Xiao Manel, irrelevante y ante todo y por forturna efímero, modesto amanuense de lo esencial, os abro mi mano y os la expongo abierta para nuestro común regocijo, mostrando algún destello de las muchas joyas y collares y coronas próvidas y amantes de tal hispanidad. Acercad el oído, venid con sigilo, escuchad el mejor sonido todavía entre su silencio.

    Recibid vosotros todos, con agrado, mi más cordial abrazo y salutación.

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