Los males de Cataluña y sus remedios (1): El mal del liberalismo, por Javier Barraycoa


Publicado en Revista Verbo, nº 561-562, enero-febrero 2018

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El nacionalismo catalán no deja de ser más que el fruto –podrido- de una reacción mediada por el resentimiento. El catalanismo es una reacción al Estado liberal desde el propio liberalismo camuflado originalmente de pseudotradicionalismo que prontamente derivó en conservadurismo y, a la postre, se manifestó con su crudeza revolucionaria. Ello no nos debe extrañar ya que ya avisaba León XIII que el nacionalismo es fruto del liberalismo y su consecuencia lógica. Pues si la libertad individual no queda limitada por nada superior, lo mismo ha de ocurrir con la “voluntad general”. O con otras palabras si la libertad es absoluta, queda legitimado el derecho de autodeterminación. Por tanto si alguien se empeña que un pueblo es una nación dominada por un Estado liberal, encontrará en la fundamentación filosófica del Estado “opresor” los argumentos para justificar su escisión.

El mal del liberalismo

El tan proclamado derecho de autodeterminación, sin ser citado expresamente, ya queda reprobado por Pío IX en la Quanta Cura, cuando afirma que: “algunos despreciando y dejando totalmente a un lado los certísimos principios de la sana razón, se atreven a proclamar `que la voluntad del pueblo manifestada por la opinión pública, que dicen, o por de otro modo, constituye la suprema ley independiente de todo derecho divino y humano; y que en el orden público los hechos consumados, por la sola consideración de haber sido consumados, tienen fuerza de derecho´”. El principio de autodeterminación nunca será utilizado por el liberalismo -bajo sus múltiples formas- para proclamar unserviam, sino que evidentemente se convierte en un sinónimo del tristemente famoso non serviam.

El catalanismo es una reacción al Estado liberal desde el liberalismo camuflado originalmente de pseudotradicionalismo que prontamente derivó en conservadurismo y, a la postre, se manifestó con su crudeza revolucionaria.

Igualmente, el principio de autodeterminación, en cuanto forma de autodivinización colectiva, permite hilarse con el relato romántico que el catalanismo fue creando de sí mismo. El Ave Fénix se convirtió en el icono de la “Renaixença” o renacimiento del “espíritu nacional catalán”. Si seguimos los relatos de Prat de la Riba, y otros tantos teóricos originarios del catalanismo, en ellos se describen la muerte de la Cataluña al quedar “desnacionalizada” por la acción de los borbones centralizadores. Ello llevaría a la muerte de la lengua catalana (el Verbo) y por tanto a la de la conciencia colectiva. Pero en el siglo XIX se produciría la milagrosa resurrección de la lengua (Verbo) y con ella la del espíritu nacional catalán. Así en el siglo XIX el renacimiento literario precedería al renacimiento político de principios del siglo XX (lógicamente coincidiendo con la etapa de esplendor de la Lliga Regionalista). Muerto y resucitado, el cuerpo místico catalán tiene evidentemente todo el derecho a autodeterminarse[1].

Esta afirmación no es una mera extrapolación de las actitudes nacionalistas, sino que se expresa literalmente infinidad de veces en las plumas catalanistas. Por ejemplo, en La nacionalitat catalana, Prat de la Riba cita un texto de una conferencia de Puig y Cadafalch[2] en el Centro Escolar Catalanista. La cita es suficientemente reveladora:“Somos [en referencia a los catalanes] una voz en el concierto de los pueblos que resucitan como si hubieran sentido el mandamiento divino que señala la hora de volver a vivir sobre la tierra de las antiguas nacionalidades naturales[3].

la “Renaixença” simplemente no existió. Ha sido un constructo, un relato, desarrollado con carácter retroactivo para justificar las tesis políticas que habían surgido a finales del XIX.

RENAIX~1Desde hace tiempo ha sido suficientemente estudiada la influencia romántica en los orígenes del catalanismo y otros movimientos nacionales. Pero sólo muy recientemente han empezado a aparecer estudios que sostienen tesis más atrevidas, sugerentes y, a nuestro entender, verdaderas. Estas propuestas se concretarían en que la “Renaixença” simplemente no existió. Ha sido unconstructo, un relato, desarrollado con carácter retroactivo para justificar las tesis políticas que habían surgido a finales del XIX. Al respecto es fundamental la voluminosa obra aparecida recientemente de Joan-Lluís Marfany en la el autor se plantea: “En eso que suele llamarse `Renaixença´ no hubo nunca ningún propósito de hacer renacer nada … La `Renaixença´, entonces, no fue ningún renacimiento, pero entonces ¿qué fue? Esta es la pregunta a la cual mi trabajo querría dar respuesta”[4].

Si bien esta nación resucitada tendría el derecho a la autodeterminación sobre cualquier otro principio político o histórico, este derecho no podría ser tampoco negado a los individuos que la componen. Cada uno de ellos, podría autodeterminarse en sus ideales y principios sin tener que someterse a referentes y principios más elevados. Por eso, y así lo intuye Prat de la Riba, la Cataluña catalanista, no podría ser nunca aquella de la queTorras i Bages había afirmado “Cataluña será cristiana o no será”. Y en respuesta al Obispo de Vich, Prat de la Riba pronuncia su famosa definición de Cataluña: “Una Cataluña libre podría ser uniformista, centralizadora, democrática, absolutista, católica, librepensadora, unitaria, federal, indiviualista, estatista, autonomista, imperialista, sin dejar de ser catalana”[5]. No obstante, y en un acto de hipocresía, en la misma obra se atreve a citar como uno de sus referentes indispensables La Tradició Catalana de Torras i Bages[6].

uno de los males que derivan del liberalismo y de los tiempos modernos es precisamente la libertad de conciencia. Este mal es precisamente lo que expresa el texto de Prat de la Riba al imponer como valor absoluto la nacionalidad catalana por encima de los contenidos de las creencias

Se cumple así lo que denunciaba Gregorio XVI: uno de los males que derivan del liberalismo y de los tiempos modernos es precisamente la libertad de conciencia. Este mal es precisamente lo que expresa el texto de Prat de la Riba al imponer como valor absoluto la nacionalidad catalana por encima de los contenidos de las creencias y principios. El texto del Papa se antecede en casi 80 años al escrito de Prat de la Riba. Así se lee en su encíclica Mirari Vos: “10. De esa cenagosa fuente del indiferentismo mana aquella absurda y errónea sentencia o, mejor dicho, locura, que afirma y defiende a toda costa y para todos, la libertad de conciencia. Este pestilente error se abre paso, escudado en la inmoderada libertad de opiniones que, para ruina de la sociedad religiosa y de la civil, se extiende cada día más por todas partes, llegando la impudencia de algunos a asegurar que de ella se sigue gran provecho para la causa de la religión”.

Al convertirse la “nación” en una realidad divina absolutizada, el nacionalismo no puede menos que acabar siendo una forma pseudoreligiosa inmanentista. El inmanentismo permite aceptar la accidentalidad el contenido de una realidad siempre y cuando su forma sea absoluta. Esta es ni más ni menos que la famosa definición de democracia que nos propone Espinoza. Y ello nos hace comprender mejor la tesis de Prat de la Riba y el peligroso alcance de sus pensamientos.

Javier Barraycoa

NOTAS

[1] Bajo una forma secularizada, el principio de autodeterminación queda recogido en el proyecto de una Constitución Catalana, en su artículo 1, elaborado por Macià desde su exilio en La Habana: “El pueblo de Cataluña, en ejercicio del derecho inmanente que le corresponde de darse por voluntad propia y sin injerencias extrañas a su organización política, se constituye en Estado independiente y soberano y adopta como forma de Gobierno la República técnico-democrática-representativa”.

[2] Puig i Cadafalch fue uno de los dirigentes de la Lliga. Famoso arquitecto modernista llegó a presidir la Mancomunitat catalana.

[3] Cit. En Enrich Prat de la Riba, La nacionalitat catalana, Barcelona, La Cataluña, 1910, p. 57. (Original en catalán, traducido por el autor como todos los textos que en este artículo provengan de dicha lengua).

[4] Joan Lluís Marfany, Nacionalisme español i catalanitat. Cap a una revisió de la Renaixença, Edicions 62, Barcelona, 2017, p. 8.

[5] Enrich Prat de la Riba, Op. cit., p. 46.

[6] Ibid, p. 10, nota 1.

2 comments

  1. NO HA ESCRITO NADA SOBRE EL NACIONALISMO ESPAÑOL QUE CREO QUE ES MUCHO MAS PODRIDO CORRUPTO INCAPAZ DE CUMPLIR SUS PROPIAS LEYES AUTORITARIO Y DESPRECIA TODO LO QUE NO ES ESPAÑOL

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