“Ada Colau. El abuso de la mentira”, por Pere d’Oristà


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Hay pocas cosas más miserables y de tanta bajeza moral como abusar sexualmente de una mujer, y qué no decir cuando este abuso es a un niño o a un bebé. El abuso, por definición, es la antítesis de la caridad, de los valores que debe tener un hombre bueno, un hombre recto, sea cristiano o no lo sea; es una mera cuestión de orden natural de las cosas. Por el contrario, es un deber que el fuerte defienda al débil, es de justicia que quien más tiene, sin más mérito que el haber nacido con más, caiga en la cuenta, que lo que tiene no es mérito suyo. Y que podría simplemente no haberlo sido, no haber tenido tales potencias naturales, y por tanto, debe ponerlas al servicio de lo común, al servicio de la sociedad. Por eso, es miserable que quien tenga poder use de él cometiendo abuso, como lo es que en el patio de un colegio el niño fuerte abuse del niño más débil y vulnerable.

Muchos hemos conocido directa o indirectamente algún caso de abusos, y sabemos, que los relatos de estas intrahistorias son duros y crueles. Las mujeres maltratadas, amén de pasar el mal trago de la vejación, tienen después que sufrir en muchos casos el escalofrío que supone la intimidad de la soledad y el silencio, estar presas del miedo y de la mortificación personal que les supone confesar tal cosa, sentirse como si fueran culpables y no víctimas.

Es por eso que las declaraciones de la alcaldesa Ada Colau, en la que se refiere a algunos episodios del 1-O como agresiones sexuales, haciendo mención en particular a la reina de bulo, Marta Torrecillas, quien afirmó que le habían “levantado la ropa y tocado los pechos” nos parece una frivolidad y una falta de respeto para con aquellas mujeres que verdaderamente han sufrido acosos y abusos sexuales. Nos parece deleznable aprovechar el contexto emocional de las actuaciones del 1-O para denunciar acosos, que, en el caso de Marta Torrecillas, es evidente que se trató de los lances propios del forcejeo de la actuación policial. Recordamos a nuestros lectores que Marta Torrecillas fue la misma que afirmó que le rompieron todos los dedos de la mano, lo que finalmente se demostró que fue uno más de los muchos embustes derivados de la macro performance del 1-O.

Creemos que no todo vale, que el rédito político no está por encima de la dignidad de las personas, que abusar de determinadas cosas, malbarata y se convierte en una ignominia para las mujeres que verdaderamente han sufrido abusos sexuales.

Nos parece lamentable, que a fecha de hoy, y sin haber ninguna prueba que confirme tal cosa, Ada Colau no se haya disculpado por las calumnias derivadas de los sucesos de 1-O. Estamos cansados de que la extrema izquierda, intoxique a golpe twits, y argumente con eslóganes vacios. Estamos hartos de que se manipule al pueblo con el abuso de lo sensible, con la demagogia de lo indemostrable y con el pretexto de la justicia, cuando lo que verdaderamente subyace es el odio y la revancha.

Por la justicia, por el honor, por la defensa siempre de la verdad, contra el prejuicio de la ideología, nuestros valores deberán ser siempre los de un caballero cristiano y no los del hombre narcisista preocupado por su número de likes o de lo políticamente correcto. La verdad no la hallaremos nunca en parámetros cuantitativos, la verdad es la que es, y ella, y sólo ella, nos hará libres.

Pere d’Oristà

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