“La República imposible” por José Alsina Calvés


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En política es fundamental la capacidad de analizar la realidad y distinguir lo que deseamos, que procede de nuestra propia opción ideológica, de la que “hay”. El propio Lenin escribió que para poder transformar la realidad es imprescindible primero conocerla.

El independentismo catalán se ha caracterizado, al menos en estos últimos años, por una peligrosa confusión entre deseo y realidad, entre lo que se sueña y la capacidad racional de analizar al mundo. Y, como todo el mundo sabe, el sueño de la razón produce monstruos. Para que un proceso independentista-rupturista tenga posibilidades de llegar a buen puerto hay tres condiciones fundamentales, de las cuales al menos deben cumplirse dos:

En primer lugar es imprescindible un consenso generalizado entre la población. Si no hay al menos un 80% de la población apoyando al independentismo hay serias posibilidades de que el proceso acabe en un enfrentamiento civil. En Cataluña el apoyo al independentismo oscila entre un 42% y un 47%. Hasta hace poco esta minoría ha estado muy activa y movilizada, dando la sensación de ser una inmensa mayoría. Pero el resto de la población catalana, hasta ahora silenciosa, está empezando a movilizarse y a mostrar que hay otra Cataluña.

En segundo lugar hace falta reconocimiento internacional. Uno puede declararse “independiente” y “soberano”, pero si el resto de estados no reconocen esta soberanía la declaración queda en un puro gesto simbólico. La neonata “Republica Catalana” no ha sido reconocida por ningún estado, al revés, los estados más poderosos e influyentes del mundo han mostrado su solidaridad con el Estado Español.

La falta de reconocimiento podría compensarse si alguna gran potencia apoyara la neonata “Republica”, aunque esto significaría que la susodicha república pasaría, en la práctica, a depender políticamente de esta potencia, con lo cual la independencia sería un fiasco. Pero tampoco se da esta condición, pues ninguna gran potencia aparece dispuesta a apoyar a los sediciosos (lo que se ha dicho sobre Rusia es rumorología falsa).

La supuesta “República Catalana” es un república imposible. Lo cual no significa que su proclamación no pueda hacer mucho daño.

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