Pelomocho lo volvió a hacer: consiguió enviar al traste trillones votos independentistas, en uno de los discursos más disparatados de la historia política del mundo entero: proclamar la independencia y suprimirla en tres nano segundos.

Para la historia queda la transmutación de los caretos de los partidarios de la revolución de las sonrisas.

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Comparen con la alegría de los jóvenes concentrados ante la Delegación de Gobierno, convocados por Somatemps.