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Alguien dejó una cabeza de cerdo en una ventana de la nave que los musulmanes de Alhama quieren convertir en mezquita. Es una manifestación más de una crispación que flota en el ambiente en uno de los pueblos con más inmigración marroquí del campo murciano. El alcalde llama al diálogo, pero la mayoría de vecinos no quieren que se instale en el barrio de Las Filipinas de la población. La cabeza está despellejada y partida por la mitad, fijada a la reja de la ventana de la nave de 400 metros cuadrados del almacén adquirido por la comunidad islámica.