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Cobarde gallina, capitán de las sardinas. La mejor arma contra el separatismo es tocarles el bolsillo y reculan como toros manos. El sainete separatista tiene un nuevo acto: el referéndum tan cacareado será un simulacro.

El gobierno catalán, que preside Carles Puigdemont, ha cambiado su estrategia, y tras una depuración interna, afronta el referéndum del 1 de octubre con la máxima cautela. Puigdemont ha aplazado, de nuevo, la compra de las urnas, aunque tenía previsto iniciar el proceso este martes con una resolución del Consell Executiu. Se trata de un paso atrás, después de demasiados “pasos al lado”, que han dejado en la estacada a los consejeros del Pdecat que ven un error buscar un enfrentamiento directo con el Gobierno español, como Jordi Jané o Neus Munté.

Con todos los consejeros ‘duros’ en el Ejecutivo, con la retirada de los ‘tibios’ al frente de los Mossos d’Esquadra, Puigdemont ha pedido que se busquen todas las posibilidades para realizar el referéndum sin necesidad de proclamar todas las medidas. Una, en todo caso, sí se adoptó este martes: la reestructuración del departamento de la vicepresidencia, para que Oriol Junqueras asuma todas las competencias de procesos electorales.

La apuesta es complicada. Se trata de que Junqueras actúe de motor, pero para que luego todas las decisiones se tomen con carácter colegiado. Es decir, el problema era que nadie tiraba del carro, y eso provocó el enojo de Junqueras, que ha tomado el mando, de la mano de Puigdemont, para ir, ahora sí, hacia la confrontación con el Gobierno central, sin tener en cuenta las consecuencias, o sin pensarlas por ahora.