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El 9-N fue muy cutre. Cutrez total, pero el separatismo le supo sacar rendimiento mediático. Ahora la cosa va a peor. Hasta los consejeros de Puigdemont  dudan de todo. Un ejemplo, el consejero Jordi Baiget, en una entrevista en El Punt-Avui, afirma que “el Estado tiene tanta fuerza que probablemente no podremos hacer el referéndum”. “Se aprobará una norma legal catalana para que se pueda hacer? Sí. Pero en el minuto uno vendrá la suspensión. Hay irán tanto en contra que quizás tendremos que hacer algo diferente, y algo diferente se puede asemejar a un 9-N”.

Por otro lado,  Junqueras, anuncia que el referéndum no requiere una participación mínima (¿?). Este hombre no tienen ni idea de lasos acuerdos universales para referéndums que obligan a establecer una participación mínima para que sea válido.

Por otro lado, las irregularidades legales que se vienen encima ya han sido avisadas por todos los letrados del Parlamento regional de Cataluña. NO hay urna, no se ha debatido una pregunta. Las CUP quieren después otro referendum para pedir la salida de Europa. Organizaciones subvencionadas como Omnium aconsejan a sus abueletes a hacer una acampada en el Parlament (esperemos no muera ningún abuelete de reuma). La CUP ha prometido incendiar Cataluña y hacer caer el gobierno de Puigmelón si se dilata un solo día el referendum. Las intrigas de palacio siguen y en el PDECAT todos desconfían de Puigmelón, porque mantiene información secreta que no comparte con ellos.

Veremos en qué estado llega el separatismo al 1 de octubre, pero todo huele a cutrez.