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En la Cataluña profunda se encuentran localidades que viven en su mundo paralelo, como si no tuviesen nada que ver con España. Encerrados en un sentimiento étnico viven su cotidianidad sin tener la sensación de estar en España. No son solo los partidarios de la independencia: pocas cosas en su día a día les recuerdan que comparten un marco social y administrativo con el resto de españoles. Adolf Tobeña, catedrático de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Barcelona, apuntaba en una entrevista reciente al hecho de que el Estado parece no tener presencia en Cataluña: “La población catalana tiene la sensación desde hace 40 años de que todo lo soluciona la Generalitat: las cosas de la escuela y la sanidad, la transmisión de patrimonio, la relación con la justicia, las notarías, los permisos para montar empresas… Puedes acabar concluyendo: ¿para qué necesito un Estado adicional, lejano y antipático?”

Berga, de 16000 habitantes, gobernada por la CUP, en las últimas elecciones un 75% de vecinos votó a partidos independentistas. Abel y Eudald Artigas son padre e hijo. Oriundos de la comarca, trabajan como albañiles y admiten que no son representativos de la situación política en Berga: no son independentistas porque, apunta Abel, desconfían del idealismo que venden los partidos secesionistas. Pese a ello, su hijo Eudald describe así cómo viven: “Como si estuviéramos aislados, al margen de España” lo único que les “une” a ella son la declaración de la renta y la información de deportes de Antena 3.

La librería Mafalda de Berga solo vende libros en catalán; los pocos que tratan acerca de España son ensayos sobre la Guerra Civil desde la óptica republicana. Regió 7, el diario comarcal de referencia, totalmente separatista. En la sede del Ayuntamiento de Berga ondean dos esteladas (enseñas independentistas). Banderas españolas solo se pueden encontrar fuera del centro: en el edificio de los juzgados, en la comisaría de los Mossos d’Esquadra y en el cuartel de la Guardia Civil.

Vicens, un transportista jubilado, ha almorzado con un grupo de amigos en un salón del Hotel Berga Park. Afirma: “¡Pero cómo no va a haber sensación de no estar en España si los que tienen raíces fuera de Cataluña en esta zona, las familias mineras, son los más independentistas!”.

En la Oficina de Turismo, de unos 30 folletos informativos, solo hay uno en castellano. Jordi, encargado de las instalaciones, se apresura a mostrar otra información del Ayuntamiento que está en varios idiomas. Jordi es independentista pero asegura que aún no ha desconectado mentalmente de España, y da ejemplos: ve series de La 2 o la actuación del representante español en Eurovisión; el museo está preparando una reedición de vídeos del No-Do dedicados a la fiesta por excelencia de Berga, la Patum, y en 2016 la comarca albergó unas pruebas del campeonato de España de bicicleta de montaña. “Lo que sí hemos hecho es desconectar políticamente”, concede Jordi.

Fuente: ElPais.es