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Sólo uno de cada tres catalanes cree que como posibilidad pueda darse la independencia a corto plazo. Lejos de caer en la euforia, el proceso soberanista catalán pierde fuelle a medida que se acerca su momento más decisivo, el de la teórica convocatoria de un referéndum de independencia para finales de septiembre. Las disputas internas de los partidos que impulsan la secesión, junto a los procesos judiciales abiertos contra varios de sus dirigentes, están minando la moral de amplios sectores. Dos de cada tres catalanes (66%) consideran que este proceso político no va bien y solo uno de cada tres (34%) cree posible la independencia en un momento cercano. Este último porcentaje llegó a ser del 43% en 2014.

Los cinco años que han pasado desde que el nacionalismo moderado abrazara abiertamente la causa independentista y fijase el rumbo hacia un referéndum, e incluso se abriera a considerar la secesión unilateral, están provocando fatiga de materiales en amplios sectores del soberanismo. Se ha visto en la calle, con un progresivo descenso del número de manifestantes contra las causas judiciales que pesan sobre dirigentes independentistas y ahora también comienza a apreciarse demoscópicamente.