camapa2

En una entrevista para el digital Adelante la fe, Guillermo Rocafort responde a las preguntas de Javier Navascues. Extractamos por su interés algunos puntos de la entrevista:

rocafortplazamayorradio

¿Los males de España que padecemos se deben a un adoctrinamiento anticatólico que sufre una parte sustancial de la sociedad?

Así es. Vivimos en España en un clima de violencia política selectiva donde los católicos somos acosados y desprestigiados de forma sistemática, tal y como ha probado científicamente el escritor Don Víctor Pérez Velasco en su magnífica obra “Prendiendo la mecha” de Editorial Sepha.

Esta presión, que contiene elementos segregacionistas, propios de un “Apartheid” social, debe cesar lo antes posible y para ello es exigible al Estado y al resto de Administraciones Públicas una voluntad política y judicial que garantice que el ejercicio de la Fe Católica por los fieles debe ser protegido como un pilar fundamental de nuestra sociedad.

Los católicos debemos ser capaces de superar este acoso y de exigir a nuestras autoridades una posición clara en este sentido, pues de lo contrario el cerco que padecemos se estrechará y nos acabará estrangulando. También debemos hacer autocrítica sobre el daño que la politización nos ha causado, y para muestra dos botones; la situación del clero vasco y catalán.

La descristianización de estos territorios españoles, en el pasado los más cristianos, ha ido aparejada con el escoramiento de la parte más visible de ese clero hacia posiciones nacionalistas, lo que ha provocado que pusieran su vocación pastoral en un plano secundario e incluso irrelevante.

¿Cuál sería pues la consecuencia de esta deriva secesionista?

Es que los seminarios de estas regiones españolas, otrora repletos, hoy están absolutamente vacíos y sin vocaciones y sus Iglesias, sin fieles.

¿Cómo podemos ser eficaces en la respuesta a la violencia explícita e implícita que padecemos?

Sólo lo conseguiremos si somos capaces de superar nuestro cainismo ibérico, y acompañar esta legítima defensa con un esfuerzo en adaptarnos a los nuevos tiempos. Estas medidas, respetando la Tradición, deben permitir que el pueblo español vuelva a ver a la Iglesia Católica como un lugar de descanso, defensa y de acogida. Esta ayuda debe centrarse en especial con los más necesitados, víctimas de los males generados por la sociedad postmodernista que sufrimos.