
Una película, que aunque es muy antigua y subtitulada, es imprescindible para conocer como funciona la masonería. por dentro.
Fuerzas ocultas (Forces occultes), subtitulo «Los misterios de la masonería (francmasonería) revelados por primera vez en la pantalla», es una película francesa anti-masónica, estrenada el 10 de marzo de 1943 en París, aunque hay autores que afirman que se estrenó el 9 de enero. Fue dirigida por el periodista y cineasta francés Jean Mamy, más conocido por el seudónimo Paul Chiche. El guionista fue el escritor Jean Marquès-Rivière.
Es la última película de este autor y, por su duración, se considera mediometraje o corto. Con una duración de unos 55-60 minutos aproximadamente, muestra el cariz anti-masónico del mismo, propio del espíritu reinante en una pequeña parte de la sociedad francesa durante el periodo conocido como Le Régime de Vichy o la Francia de Vichy.
La película contiene una denuncia contra la francmasonería, contra el parlamentarismo y contra los medios de comunicación, y llega a relacionarlos con una supuesta «conspiración para acabar con el Estado francés».
El 5 de mayo de 2012, de la mano de la Logia Mozart, se proyectó por primera vez la versión íntegra subtitulada en castellano en el Salón de Actos del Ateneo de Madrid. También existe una versión subtitulada al italiano.
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Esta película se hizo de acuerdo con las revelaciones de un masón renegado, que participó en el guión. De modo que muestra muy bien como funciona, la captación, como manejan a la gente.
Tuvo mucho éxito.
Lo que pasa es que la película representa una actividad muy pequeña del modo en que la masonería domina la sociedad francesa. En parte porque el metraje de la película no da para más; y porque este ex masón no tenía un grado alto en la organización.
Pero los mismos masones admiten que durante la III República un tercio de los diputados eran masones (creo incluso que en algún momento llegó a haber dos tercios); y de que en toda la III República no ha habido un solo gobierno que no haya tenido al menos un ministro masón, que, casualmente suele siempre tener la cartera de Educación y/o Justicia; hasta el punto de que algunos decretos y proyectos de ley han sido elaborados previamente en las logias y presentadas para aprobar sin discusión en el Consejo de Ministros.
Ni que decir tiene, que todo lo que se delibera en el Consejo de Ministros francés -y quien dice qué y por qué-, se enteran en tiempo real quien tiene que enterarse en la organización.
La edad dorada llegó no precisamente en esta etapa, aunque tenían un poder omnímodo en la política (el «asunto de las fichas» es solo un ejemplo de como controlan el Ejército censurando de una manera sistemática la promoción profesional de todos los oficiales del Ejercito que fuesen católicos- para ascender a los suyos. El mismo procedimiento lo utilizan en los demás ámbitos de la Administración, asegurándose siempre el control efectivo de los ministerios).
La edad dorada llegó con Mitterrand: la judicatura, la administración y la policía están totalmente controladas por la masonería, haciendo que la República no tenga nada de democrática, sino de una monarquía absoluta manejada por el jefe supremo secreto.
La novedad es que, por influencia directa de Mitterrand, los Jefes de Estado del África francesa son masones,añadiendo más retraso y corrupción al desarrollo y a la democracia e impidiéndoles salir del tercer mundo.
¿Cómo nos enteramos de la influencia ilícita de esta asociación?
Por ejemplo con la persecución sistemática de la Iglesia Católica
(prohibiéndoles la educación, expulsando a los jesuitas, expulsando a los religiosos de Francia, incautándoles todos sus edificios de culto, apoyando la expulsión de los palestinos de sus tierras ancestrales, imponiendo las leyes del aborto, importando colonos musulmanes, aprobando ayudas millonarias secretas para el Estado de Israel…)
Nótese que en las campañas electorales no dicen nada de eso: hablan más bien del «progreso», «educación»…compran el voto del obrero con «gastos sociales» pagados por los trabajadores -más o menos lo que estamos acostumbrados aquí con los progresistas zapateros. Eso no es democrático.
Y luego todo lo «justifican» no diciendo que cumplen órdenes «de arriba», sino apelando a la «República» o al «laicismo» contra el catolicismo; que sigue siendo la religión mayoritaria de los franceses.
Nunca puede haber democracia cuando una muy pequeña minoría secreta maneja el país.
En una democracia, el que quiera gobernar el país, tiene que presentarse a las elecciones; y si la ciudadanía le vota su programa, podrá gobernar con ese programa y cumplirlo; y si no, no.
Y mal que les pese, Israel no es Francia; sino un país extranjero.
Ahora entenderán ustedes el por qué la masonería quiere imponer la república (puede manejar los gobiernos mucho mejor controlando a los políticos de cada partido y a los funcionarios a través de los políticos y funcionarios masones); y por qué quiere imponer el laicismo (quiere dominar mejor a la ciudadanía, sin que haya instituciones intermedias, especialmente las que favorecen el que la gente tenga conciencia -como la Iglesia Católica-; esto es, que el individuo piense en sus actos y en sus consecuencias -el individuo tiene que hacer lo que el jefe supremo secreto le ordene; y sin rechistar-)
Estas políticas no votadas por la ciudadanía, ¿favorecen a los franceses o les perjudican?
Les perjudican porque atacan la misma esencia del pueblo francés; y porque favorece una institución que permite enriquecerse ilícitamente a
costa del Estado a aquellos que estén lo suficientemente arriba en la institución como para poder hacerlo (que tu no sabes quienes son, porque es secreto)
Pero ese no es el punto: simplemente no es democrático.
De ahí que tantos franceses, desde el siglo XIX, hablen de la masonería como un cáncer que está destruyendo el país y el ideal republicano.
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