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El equipo formado por Ramallets, Basora, Kubala, César, Moreno, Manchón y otros necesitaba un recinto capaz de acoger toda la expectación que levantaba uno de los mejores conjuntos de Europa del momento. Poseedor de unos terrenos entre la Riera Blanca y la calle de la Maternidad, contemplados en las ordenanzas como zona urbanizable, el Barcelona planteó la necesidad de permutarlos por otros situados en la zona terminal de la Diagonal, reservados en los planes municipales para parques, jardines y zona deportiva. Antonio María Simarro, alcalde de la ciudad en 1951, y el presidente del Barça, Francisco Miró-Sans, acordaron la primera recalificación favorable al club.

Habría una segunda, que contó con la simpatía del gobernador civil Felipe Acedo Colunga, a quien Miró-Sans expresó públicamente su “más profundo agradecimiento” en una asamblea de socios, en 1955. Endeudado en más de 230 millones de pesetas, el club no tenía otra salida que vender Les Corts, considerado zona verde privada. Enrique Llaudet se entrevistó con el alcalde José María de Porcioles, solicitando recalificar esos terrenos. Se aprobó en el pleno municipal, y Porcioles fue nombrado soci d’honor por salvar la economía del Barça.

Habría una tercera recalificación, activada por el directivo Juan Gich ante Torcuato Fernández Miranda, aprobada por el Consejo de Ministros en 1965 y firmada, entre otros, por Francisco Franco, quien contribuyó así a evitar la quiebra azulgrana.