Opinión de Jaume Reixach: o cómo financiar el independentismo ahora que no hay un euro.


«Las urgencias del pesebre»

 

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En nombre del catalán y de la identidad catalana, la Generalitat se ha convertido, desde hace 35 años, en un gran pesebre del que viven, a base de subvenciones, todos aquellos que se encargan de promover y de calentar el llamado «proceso», ahora en el inicio de la fase de desconexión. Este es uno de los principales legados del largo mandato de Jordi Pujol, continuado después por Esquerra en tiempo del Tripartito y, más adelante, durante la presidencia de Artur Mas (aunque en esta época las finanzas de la Generalitat están arruinadas e intervenidas).

El sistema de pesebre es estructural y consustancial al fenómeno del nacionalismo catalán y de aquí maman las entidades soberanistas, los medios de comunicación, las empresas amigas… Por eso, y ante la gravísima crisis de la Generalitat, se han activado, con este fin, todas las otras instituciones al alcance de CDC: desde el Ayuntamiento de Barcelona durante el mandato de Xavier Trias hasta las cuatro diputaciones -dominadas por los partidos de la coalición Junts pel Sí-, pasando por TV3 y el gran aparato de empresas parapúblicas.

El nuevo presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, conoce muy bien la importancia del pesebre para mantener la llama nacionalista/independentista. No en balde, el diario en el cual ha trabajado durante años (El Punt Avui), su proyecto de la Agencia Catalana de Noticias (ACN) e, incluso, la revista que creó y que ahora dirige su mujer, Marcela Topor (Catalonia Today), han vivido y prosperado gracias a las abundantes subvenciones públicas que han recibido.

Por eso, el primer y gran reto con que se encontrará el Muy Honorable Carles Puigdemont será el de conseguir los ingentes recursos necesarios para poder mantener esta enorme legión de estómagos agradecidos que constituye la base fundamental de la conciencia independentista. El tiempo pasa rápido y el futuro nuevo gobierno de la Generalitat, sometido a una profunda reorganización interna que necesitará meses para consolidarse, topará, además, con la carencia de interlocutores en Madrid para poder reclamar el FLA, bien sea porque nadie se le pondrá al teléfono o porque, sencillamente, no se le querrán poner si antes no baja del burro.

El nuevo vicepresidente económico, Oriol Junqueras, tendrá, desde ahora, el dolor de cabeza de pagar cada mes las nóminas de los funcionarios, las farmacias, los conciertos, las residencias de la tercera edad, las facturas de TV3, los peajes a la sombra, los proveedores, los intereses de la deuda… En espera de los anunciados fondos de inversión judíos y los hedge funds que, supuestamente, nos tienen que financiar el periodo de transición hasta lograr la independencia de la República Catalana, el pesebre, mientras tanto, no puede parar. Va en ello la manutención y el estatus de la crême de la crême del proceso y de sus familias.

Con el pesebre no se juega. Carles Puigdemont lo sabe muy bien por experiencia propia y, seguramente, tendrá que convertir las piedras en panes para poder alimentar la larguísima fila que, desde este día 11 de enero, ya hace cola a las puertas del Palau de la Generalitat. Además, el Ayuntamiento de Barcelona ha cambiado de manos y, en este sentido, Ada Colau y su equipo no están por la labor de derrochar alegremente el dinero público por la «causa». Los presupuestos de las diputaciones están muy vigilados y, encima, aquí la CUP tiene las manos libres para fiscalizar.

Diré una obviedad: no es lo mismo Girona que Barcelona, no es lo mismo el Ayuntamiento de la plaza del Vi que el Palacio de la plaza de Sant Jaume. El aterrizaje será rápido, el aprendizaje será crudo y la tenebrosa realidad del día a día apagará las bienintencionadas ilusiones del Muy Honorable de piel muy fina. Cuidado con los clientes del pesebre. Si no hay parné enseguida, se zamparán, en un santiamén, el responsable de repartirlo, aunque él piense que «son de los nuestros» y «tú, ya me entiendes». Tampoco es que Oriol Junqueras sea Andreu Mas-Colell.

Para hacer el viaje a Itaca, Carles Puigdemont tiene que pasar primero por Barcelona y lanzar «caramelos» a los ávidos cazasubvenciones que pululan por la capital. ¿Y de dónde los sacará si el saco que le ha dejado Artur Mas está roto y vacío?



Categorías:MITES NACIONALISTES / MITOLÓGICAS

1 respuesta

  1. Es lo que tiene la política, que cuesta mucho dinero, y los órdagos son un carísimo lujo que muy pocos se pueden permitir. Si hasta los EUA tienen una deuda de más del 100% del PIB y ya no se pueden permitir tantas alegrías como en el pasado, aunque aún se permitan muchas, ¿qué puede hacer un gobierno regional ultraendeudado, con su deuda en bono basura, sin reconocimiento de nadie para su Prucés y sin ningún instrumento legal ni dinero para pagarlo y hacerlo efectivo?

    Hemos asistido a un circo barato donde se nos ha cegado con colorines, petardos, folletos y banderines, para ocultar que en la hora de la verdad no hay nada de nada, la despensa y el saco están vacíos, y nadie va a mover un dedo por esta caterva de ladrones endiosados que intentan huir una vez más.

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