Juan Manuel de Prada es un magnífico escritor y articulista. Nacido en Barakaldo y ganador del Premio Planeta en 1997 por su obra La tempestad, destaca en sus artículos por sus certeras críticas y reflexiones sobre el tiempo que nos ha tocado vivir. En un artículo publicado en ABC en 2010 en defensa del obispo Munilla, rechazado desde su nombramiento por una parte del clero donostiarra, lanzó este dardo contra el nacionalismo vasco, aunque en realidad se puede extrapolar a cualquier nacionalismo:
El combustible adulterado que ha infartado los corazones de la Iglesia vasca es la ideología nacionalista; y, como ocurre siempre con todas las ideologías, acaba degenerando en idolatría, esto es, en sucedáneo o falsificación de la religión, pese a rodearse de una farisaica parafernalia religiosa. El nacionalismo vasco creó un sucedáneo de Dios al que sus adeptos debían adoración, que era Euskalherría; y sustituyó la promesa del Paraíso de la religión por la promesa de un paraíso terrenal que era la independencia. Así, la idolatría nacionalista fue, poco a poco, usurpando el lugar que la fe ocupaba en el pueblo vasco, que durante siglos fue el pueblo más católico del mundo. Y, a medida que los vascos fueron más nacionalistas, fueron menos católicos, según el principio biológico infalible que reza: «A medida que disminuye lo vivo, aumenta lo automático»; pues lo artificioso siempre agosta lo que en el hombre hay de vocación natural, colonizando con su gangrena todos los ámbitos de la vida, aun aquellos que son patrimonio del alma.
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