A principios de siglo, cuando las calles recibieron sus nombres, la clase política de Barcelona estaba muy influenciada por la masonería, a la que muchos de ellos pertenecían. Libertad, igualdad y fraternidad es el lema de la Gran Logia de Francia, lo que sin duda ayudó a la hora de bautizar las calles.
En 1909, el callejero de la ciudad decidió homenajear a la Revolución Francesa y sus tres principios básicos: “Libertad, Fraternidad e Igualdad”, bautizando tres vías con sus nombres. Estos se mantuvieron incluso durante el franquismo.

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